
La relación entre la dieta keto y la salud cerebral generó interés creciente en los últimos años, frente al aumento de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.
En una entrevista con Steven Bartlett en The Diary Of A CEO, la Dra. Annette Bosworth, médica internista y especialista en resistencia a la insulina, planteó cómo la alimentación puede influir en la prevención y mejora del deterioro cerebral, amparada en más de 20 años de experiencia clínica.
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Resistencia a la insulina y acumulación de “basura” en el cerebro
Bosworth sostiene que la resistencia a la insulina representa un problema crónico y silencioso, muchas veces no diagnosticado, que afecta tanto a personas con sobrepeso como a quienes presentan síntomas menos evidentes, como fatiga o dificultad para concentrarse.
Según su experiencia, el exceso de insulina, causado por los hábitos alimentarios actuales y el consumo de azúcares simples, genera una acumulación de “basura” en el cerebro. Este fenómeno se asocia directamente a depresión, niebla mental y al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
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“La primera señal es la grasa abdominal. También se observan alteraciones en la piel, como zonas más oscuras y gruesas en el cuello o axilas, y pérdida de vello en pies y piernas”, explicó la doctora. En su consulta, la mayoría de pacientes muestran signos de resistencia a la insulina, como aumento del perímetro abdominal, acrocordones y cambios en la textura cutánea.

Efectos de la dieta cetogénica en pacientes con Alzheimer y cáncer
La especialista relató varios casos clínicos en los que la aplicación de la dieta keto generó mejoras cognitivas notables, incluso en pacientes con Alzheimer y síndrome de Down.
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Destacó el avance de una paciente con ambos diagnósticos, que tras la implementación estricta de la dieta logró progresos en autonomía y comunicación que no había experimentado antes.
Además, compartió su experiencia personal con su madre, quien padecía un cáncer resistente a tratamientos convencionales. “Después de seis semanas en dieta cetogénica, los marcadores de cáncer de mi madre bajaron un 70%. No hay ningún fármaco en el mercado que logre eso”, recordó Bosworth. Resaltó que la intervención no solo ayudó a controlar la enfermedad, sino que mejoró la calidad de vida y la función cognitiva de su madre.
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Adaptación, retos y recomendaciones en la dieta keto
La dieta cetogénica implica una reducción drástica de carbohidratos, junto a un aumento de grasas saludables, lo que induce la producción de cetonas, un combustible alternativo y más limpio para el cerebro. Bosworth explicó que estas moléculas pueden atravesar la barrera hematoencefálica y nutrir las neuronas, incluso cuando existe resistencia a la insulina.
El proceso de adaptación a la cetosis varía según cada persona. “He tenido pacientes con sobrepeso que, tras reducir los carbohidratos a 20 gramos diarios, tardaron hasta 15 días en empezar a producir cetonas”, señaló. Para facilitar el proceso, recomienda estrategias como el “reto de las sardinas”, que consiste en consumir exclusivamente sardinas durante varios días.
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La especialista enfatizó que este enfoque no es universal y requiere supervisión médica, adaptando la ingesta de grasas y proteínas según la medición de cetonas en sangre.

Claves para la sostenibilidad y la motivación
Bosworth subrayó la importancia de la motivación personal para sostener el cambio de hábitos. “La mayoría de las personas llegan a la consulta tras una crisis. Pero para mantenerse en el camino, hay que encontrar una motivación profunda, ese ‘por qué’ que te impulsa incluso cuando todo lo demás falla”, afirmó. Indicó que la dieta keto puede fracasar ante heridas emocionales, estrés o problemas de sueño no resueltos.
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La doctora advirtió diferencias de género en la respuesta metabólica: las mujeres tienden a retener más grasa y pueden requerir más tiempo para entrar en cetosis. “Si quieres tener un bebé, llevar un embarazo o evitar el aumento de peso en la menopausia, debes producir cetonas de forma regular”, indicó.
Desde la visión de Bosworth, alcanzar y mantener el estado cetogénico permite un cerebro más claro y una mayor energía, mientras que regresar a una dieta rica en carbohidratos reactiva la inflamación y el deterioro cognitivo. La constancia y la redefinición de hábitos personales resultan esenciales para lograr una mejor salud cerebral.
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