
Muchas personas encuentran difícil incorporar el ejercicio físico a primera hora del día: los músculos parecen más pesados, el rendimiento físico disminuye y la motivación escasea. Esta experiencia, frecuente para quienes buscan incorporar el ejercicio matutino a su rutina, tiene una explicación científica.
Según un análisis publicado por Hunter Bennett, Lecturer in Exercise Science en la University of South Australia, en The Conversation, existen razones fisiológicas y de ritmo circadiano que explican por qué el entrenamiento temprano resulta más exigente. No obstante, la adaptación es posible y los beneficios del ejercicio permanecen, sin importar la hora seleccionada.
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El impacto del ritmo circadiano y la fisiología corporal
La percepción de mayor dificultad al ejercitarse en la mañana va más allá de una simple impresión: múltiples estudios citados por The Conversation demuestran que la mayoría de las personas alcanza su mejor rendimiento físico entre las 16:00 y las 19:00. En ese intervalo, la fuerza, la potencia y la resistencia se ubican en sus niveles más altos, lo que justifica que realizar la misma rutina sea claramente más arduo en las primeras horas del día.

El ritmo circadiano, ese reloj biológico interno que regula funciones fundamentales como la temperatura corporal, la secreción hormonal y los ciclos de sueño y vigilia, cumple un rol decisivo en este proceso. Este sistema, controlado por el cerebro pero sensible a estímulos externos como la luz solar, determina cuándo el cuerpo se siente más alerta o preparado para el descanso.
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The Conversation subraya que el rendimiento físico responde a un patrón diario vinculado estrechamente al ritmo circadiano. Esto puede llevar a que el ejercicio matutino, especialmente en invierno, resulte aún más desafiante para algunas personas.
Entre los factores fisiológicos implicados, la temperatura corporal se destaca. Aproximadamente a las 5:00, la temperatura del cuerpo alcanza su mínimo y luego asciende a lo largo del día. Este aumento favorece la eficiencia de la contracción muscular, lo que contribuye a mayores niveles de fuerza y potencia en la tarde.
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Las fluctuaciones hormonales, por su parte, también influyen: la insulina, responsable de regular la glucosa en sangre, suele ubicarse en su punto más alto durante la mañana. Esto limita la glucosa disponible como fuente de energía, condicionando la capacidad de esfuerzo en las primeras horas del día.
Cronotipo y variaciones en el rendimiento
El comportamiento del sistema nervioso a lo largo de la jornada es otra pieza decisiva. Aunque los mecanismos no se comprenden completamente, existen indicios de que la capacidad para transmitir señales a los músculos mejora durante el día, lo que permite activar más fibras musculares y aumentar la fuerza en la tarde.
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El cronotipo personal —la predisposición a estar más activo en la mañana o la noche— también influye en el desempeño físico. Las personas con cronotipo nocturno, conocidas como “búhos”, experimentan un rendimiento notablemente inferior al ejercitarse temprano, en comparación con quienes presentan un cronotipo matutino o “alondras”. Si bien las causas de esta diferencia no son del todo claras, The Conversation sugiere que se relacionan con menores fluctuaciones hormonales y de temperatura en los noctámbulos.

La falta de sueño añade una variable adicional: paradójicamente, la privación de sueño parece afectar más el rendimiento vespertino que el matutino. Por lo tanto, quienes duermen poco suelen hallar menos inconvenientes al entrenar temprano, comparado con intentarlo en las horas de la tarde.
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Cómo adaptarse al entrenamiento matutino
A pesar de las diferencias descritas, el horario del ejercicio no condiciona los beneficios obtenidos. El aumento de la fuerza, la mejora de la capacidad aeróbica y la buena salud cardiovascular se logran en cualquier franja horaria, siempre que el esfuerzo sea adecuado. Factores como la motivación y la conveniencia suelen definir la elección del horario. Como afirmaron especialistas citados por The Conversation: “Si prefieres ejercitarte temprano y eso se adapta a tu vida, no hay motivo para cambiar”.

Para quienes necesitan aclimatarse al entrenamiento matutino —por ejemplo, por competencias programadas en las primeras horas—, se recomienda incorporar gradualmente sesiones tempranas en la rutina previa. Las pruebas reunidas por The Conversation demuestran que la constancia ayuda a que el cuerpo se adapte, proceso que puede requerir varias semanas. Además, si el ejercicio nocturno afecta el descanso, elegir actividades suaves o adelantar el horario representa una alternativa eficaz.
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La ciencia respalda la práctica regular del ejercicio matutino para reducir la diferencia inicial de rendimiento respecto a la tarde. La adaptación es tangible y la constancia constituye la herramienta principal para superar la resistencia que surge durante los primeros días.
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