Cómo los recuerdos negativos fragmentan el sueño y los positivos lo estabilizan, según un nuevo estudio

Investigadores de China y Estados Unidos trabajaron con ratones y publicaron sus resultados en la revista Science. Por qué sus hallazgos podrían impulsar tratamientos más precisos para los trastornos del sueño y la depresión

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Un estudio publicado en Science mostró que los recuerdos emocionales negativos fragmentan el sueño y que los positivos estabilizan el descanso (Freepik)
Un estudio publicado en Science mostró que los recuerdos emocionales negativos fragmentan el sueño y que los positivos estabilizan el descanso (Freepik)

¿Lo que se vive durante el día afecta cómo se duerme durante la noche? Esa idea acaba de recibir una base científica sólida. Los recuerdos con carga emocional negativa fragmentan el sueño, mientras que los positivos lo estabilizan.

Así lo sugiere un estudio realizado por un grupo de investigadores de China y Estados Unidos en la revista Science, editada por la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.

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La investigación va más allá de confirmar que el estrés arruina el descanso. Demuestra, por primera vez con precisión celular, que son los propios engramas de memoria —los grupos de neuronas que guardan un recuerdo específico— los que, al reactivarse durante el sueño, actúan como reguladores internos de su arquitectura.

Grupo de científicos en batas de laboratorio y gafas de seguridad observa a un colega con guantes azules inyectando una sustancia a un ratón en una jaula de cristal.
La investigación de China y Estados Unidos identificó con precisión celular que los engramas de memoria regulan la arquitectura del sueño al reactivarse durante la noche. (Archivo Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo fue liderado por Menghan Yu, Yi Zhong y Bo Lei, junto a un equipo de la Universidad de Tsinghua y el Instituto Nacional de Ciencias Biológicas de Pekín en China, con la participación de la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos.

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Sugirieron que el mecanismo que describieron podría ser la clave para tratar trastornos del sueño asociados al estrés y la depresión.

Cuando el cerebro dormido no puede soltar el miedo

Durante décadas, los científicos se concentraron en una sola dirección de la relación entre memoria y sueño: cómo el descanso consolida lo que se aprende. Pero la pregunta inversa, es decir, si los recuerdos pueden, a su vez, alterar el sueño, quedó sin respuesta.

Un hombre caucásico de mediana edad yace en la cama por la noche, mirando hacia arriba con el ceño fruncido. Un reloj digital en la mesita de noche marca las 2:37 AM.
El trabajo liderado por equipos de la Universidad de Tsinghua, el Instituto Nacional de Ciencias Biológicas de Pekín y la UCLA planteó una vía para tratar trastornos del sueño asociados al estrés y la depresión (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estudios clínicos previos en humanos con lesiones en el hipocampo, que es la región del cerebro central involucrada en la formación de recuerdos, mostraron que esos pacientes presentaban alteraciones en el sueño No REM (sueño sin movimientos oculares rápidos, la fase más profunda y reparadora). Eso insinuaba que el sistema de memoria podía influir sobre el descanso, pero el mecanismo permanecía sin identificar.

Investigaciones anteriores también revelaron que los engramas no solo almacenan información: regulan funciones corporales tan diversas como la temperatura o la respuesta inmune.

Eso llevó a que el equipo de China y Estados Unidos se planteara esta hipótesis: si los engramas gobiernan tantos procesos fisiológicos, ¿por qué no también el sueño?

Miedos y el secreto de cada despertar

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores probaron en ratones que el condicionamiento de miedo acortó los episodios de sueño NREM y aumentó los despertares medidos con EEG y EMG (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores expusieron ratones a dos experiencias opuestas: condicionamiento de miedo —asociar un sonido a un choque eléctrico— e interacción social positiva con otros ratones.

Registraron su actividad cerebral durante el sueño mediante electroencefalograma (EEG) y electromiograma (EMG), técnicas que miden, respectivamente, la actividad eléctrica del cerebro y la actividad muscular.

Tras las experiencias negativas, el sueño se fragmentó: los episodios de sueño NREM se acortaron y los despertares aumentaron. Al bloquear los engramas del hipocampo, esa fragmentación desapareció por completo, lo que confirmó que el responsable era la memoria.

Con microscopía de dos fotones —técnica que permite ver neuronas individuales en un cerebro vivo— detectaron que las neuronas asociadas al miedo se activaban justo antes de cada despertar. Una alarma interna que el cerebro repetía sola, noche tras noche.

Al silenciar esas neuronas con quimiogenética —un método que usa moléculas para apagar células específicas— los despertares se redujeron. Al encenderlas con optogenética —luz dirigida que activa neuronas— los animales se despertaban más. La relación era directa y causal.

Dos científicos con batas blancas, gafas y guantes azules, uno con tableta y el otro escribiendo, en un laboratorio moderno. Una colega trabaja al fondo.
La microscopía de dos fotones, la quimiogenética y la optogenética revelaron que las neuronas del miedo se activan antes de cada despertar y pueden alterar el sueño de forma causal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con los recuerdos positivos ocurrió lo contrario. Sus neuronas se conectan con zonas que promueven el sueño profundo, como el núcleo preóptico ventrolateral. Las de miedo se conectan con regiones de alerta, como el locus coeruleus. Dos redes distintas explican por qué un buen recuerdo arrulla y uno malo desvela.

En ratones con estrés crónico, la fragmentación del sueño se vinculó directamente a la reactivación de engramas estresantes. Al inhibir esas neuronas durante el sueño, el descanso volvió a la normalidad.

El estudio tiene una limitación central: todos los experimentos se realizaron en ratones, por lo que se requiere investigación adicional antes de trasladar estos resultados a las personas.

Los investigadores señalaron que sus hallazgos identificaron una interacción entre la memoria y el sueño con potencial terapéutico para tratar perturbaciones del descanso, el estrés crónico y la depresión.

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