
Ya lo dijo el biólogo italiano, Valter Longo, conocido como el “gurú de la longevidad”: “Para vivir 100 años hay que adoptar una dieta basada en plantas y pescado”. Se sabe: la buena alimetación favorece a la salud y es un pilar junto al ejercicio físico y el buen descanso. En este universo, la dieta mediterránea, gana cada vez más adeptos.
Un estudio reciente de más de 5.700 adultos en Estados Unidos halló que la adherencia a la dieta mediterránea se asoció con menor riesgo de demencia.
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Ahora se conoció que una dieta mediterránea durante el embarazo y la lactancia no solo favorece la salud materna, sino que también reduce la incidencia y gravedad de infecciones en los bebés, según dos estudios recientes publicados en la revista eBioMedicine. Estas investigaciones, desarrolladas por equipos de la Universidad de Barcelona (UB) y el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), aportan evidencia sobre cómo los hábitos alimenticios maternos influyen en la microbiota y la inmunidad, con efectos positivos tanto para la madre como para el recién nacido.
Los trabajos, coordinados por Francisco José Pérez-Cano, catedrático de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la UB y director del Instituto de Investigación en Nutrición y Seguridad Alimentaria (INSA-UB), junto a la experta M. Carmen Collado del IATA-CSIC, se centraron en analizar los beneficios de una dieta mediterránea enriquecida con fibra, proteínas vegetales y grasas saludables.
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Los resultados, publicados en eBioMedicine, muestran que este patrón alimentario mejora la función intestinal, fortalece la inmunidad de las mucosas, previene la acumulación de grasa y optimiza la composición de la microbiota digestiva en las madres. En los bebés, la dieta materna se asocia con una menor frecuencia y gravedad de infecciones, lo que subraya la importancia de la nutrición durante el embarazo y la lactancia.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores emplearon datos de la cohorte MAMI (Microbioma Materno) y desarrollaron modelos animales que replicaron las dietas observadas en la población estudiada.
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Bajo la dirección de Karla Rio Aige (INSA-UB) como primera autora, los estudios analizaron muestras biológicas para comparar los efectos de una dieta mediterránea (D1), rica en fibra y proteínas vegetales, frente a una dieta occidental (D2), caracterizada por un mayor contenido de proteínas animales y grasas. El objetivo fue identificar los mecanismos de acción que vinculan la alimentación materna con la salud maternoinfantil.

En el ámbito de la salud materna, los resultados revelan que la dieta mediterránea, complementada con aceite de pescado, proteína de soja e inulina, tiene efectos positivos sobre el metabolismo lipídico, la composición de la microbiota y la respuesta inmune durante el embarazo y la lactancia.
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Pérez-Cano destacó que este patrón alimentario contribuye a mejorar la salud de la madre, mientras que Collado añadió que mantener esta dieta durante la lactancia favorece la recuperación fisiológica tras el parto, potencia la función inmunitaria y limita la acumulación de grasa.
En cuanto a la salud infantil, el segundo estudio demostró que una dieta materna rica en proteínas vegetales, fibra y ácidos grasos poliinsaturados reduce la gravedad y frecuencia de las infecciones en los bebés.
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Este efecto se atribuye a la capacidad de la dieta para modular la microbiota intestinal y, en consecuencia, fortalecer el sistema inmunológico de la descendencia. La investigación, que incluyó tanto lactantes como modelos animales, subraya el papel de la inmunoglobulina A (IgA) presente en la leche materna y la diversidad de la microbiota como elementos protectores frente a infecciones en los primeros meses de vida.

Las declaraciones de los investigadores refuerzan la relevancia de estos hallazgos. Pérez-Cano afirmó que “los resultados revelan que una dieta similar a la mediterránea y enriquecida con aceite de pescado, proteína de soja e inulina tiene efectos beneficiosos sobre el metabolismo lipídico, la composición de la microbiota y la respuesta inmune durante el embarazo y la lactancia, y mejora la salud materna”.
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Por su parte, María José Rodríguez Lagunas, integrante del equipo de investigación y del Departamento de Bioquímica y Fisiología de la UB, señaló que “comprender cómo la dieta materna influye en la fisiología de la madre y el bebé es crucial, ya que sus efectos se extienden a resultados a corto y largo plazo tanto para la madre como para el niño”. Collado y Pérez-Cano añadieron que el estudio “también puede ayudar a comprender mejor la relación entre la dieta materna, los componentes bioactivos de la leche materna, la microbiota infantil y la inmunidad infantil”, según recogió la revista eBioMedicine.
El contexto de la investigación pone de relieve la importancia de mantener una dieta equilibrada y hábitos saludables durante el embarazo y la lactancia.
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Aunque se reconoce la necesidad de establecer pautas nutricionales óptimas en estas etapas, los mecanismos que conectan la dieta materna con la salud maternoinfantil aún no se comprenden completamente. Rodríguez Lagunas advirtió sobre la falta de estudios que expliquen cómo la alimentación puede mejorar la recuperación fisiológica de la madre tras el parto, lo que evidencia la existencia de numerosas preguntas abiertas en este campo.
Los resultados de estos estudios sugieren que una dieta mediterránea podría servir de base para futuras recomendaciones dietéticas dirigidas a mujeres embarazadas y lactantes. De confirmarse en investigaciones posteriores, estas pautas contribuirían tanto a fortalecer la salud materna y su recuperación tras el parto como a proteger el desarrollo infantil en las primeras etapas de la vida, al reducir el riesgo de infecciones y favorecer el bienestar general.
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