
Las primeras señales de alerta de la esclerosis múltiple pueden aparecer hasta 15 años antes de que los síntomas neurológicos clásicos permitan un diagnóstico, según un estudio de la Universidad de Columbia Británica, Canadá, publicado en JAMA Network Open.
Este hallazgo redefine la comprensión sobre el inicio de la enfermedad y plantea nuevas oportunidades para la detección precoz y la intervención temprana, aspectos considerados clave para mejorar la calidad de vida de quienes padecen esta patología autoinmune.
El trabajo, liderado por la doctora Helen Tremlett y la doctora Marta Ruiz-Algueró, analizó los historiales médicos de más de 12.000 personas en Canadá, entre 1991 y 2018.
Los investigadores identificaron que los pacientes que posteriormente recibieron un diagnóstico de esclerosis múltiple (EM) presentaron un aumento sostenido en las consultas médicas hasta 15 años antes de la aparición de los indicios neurológicos típicos. Este incremento se observó tanto en visitas a médicos de cabecera como en consultas por síntomas generales, como fatiga, dolor, mareos y trastornos de salud mental, incluyendo ansiedad y depresión.

El estudio constituye la investigación más exhaustiva hasta la fecha sobre el uso de la atención médica en el periodo previo al diagnóstico de EM.
A diferencia de trabajos anteriores, que solo habían examinado los cinco a diez años previos a la aparición de los síntomas, este análisis abarcó un periodo de hasta 25 años, lo que permitió identificar patrones mucho más tempranos.
El análisis evaluó datos de 2.038 pacientes con esclerosis múltiple (con una edad media de inicio de síntomas de 37,9 años y un 74% de mujeres) y 10.182 individuos sin la enfermedad.
La doctora Tremlett, autora principal del estudio, subrayó la trascendencia de estos hallazgos: “Al identificar estas señales de alerta tempranas, podríamos intervenir con mayor rapidez, ya sea mediante monitoreo, apoyo o estrategias preventivas”. Además, la investigadora destacó la necesidad de profundizar en la búsqueda de biomarcadores y factores de estilo de vida que puedan estar implicados en esta fase inicial de la enfermedad, hasta ahora poco reconocida.

Los hallazgos revelaron que, en comparación con la población general, las personas con EM mostraron:
• 15 años antes de la aparición de los síntomas: incrementaron las visitas a médicos de cabecera y las consultas motivadas por fatiga, dolor, mareos y trastornos mentales, como ansiedad y depresión.
• 12 años antes: las visitas a psiquiatras mostraron un aumento.
• 8 o 9 años antes: creció la frecuencia de consultas con neurólogos y oftalmólogos, en posible relación con molestias visuales como visión borrosa o dolor ocular.
• Entre 3 y 5 años antes: se elevó el número de consultas en servicios de urgencias y radiología.
• Un año antes: las consultas en neurología, urgencias y radiología alcanzaron su punto más alto.
Los síntomas sutiles en la etapa inicial de la enfermedad

Por su parte, la doctora Marta Ruiz-Algueró, primera autora del trabajo, explicó que “estos patrones sugieren que la esclerosis múltiple tiene una primera etapa (fase prodrómica) larga y compleja, en la que algo ocurre bajo la superficie, pero aún no se ha declarado como EM”.
Ruiz-Algueró añadió que los problemas de salud mental parecen figurar entre los primeros indicadores de este periodo, lo que podría facilitar la identificación de personas en riesgo, pero advirtió que aún se necesita más investigación.
El concepto de fase prodrómica, bien establecido en otras enfermedades neurológicas como el Parkinson, implica la existencia de síntomas sutiles y poco específicos que preceden a los signos clínicos más evidentes.
En el caso de la EM, el estudio publicado en JAMA Network Open demuestra que el uso de la atención médica aumenta de forma sostenida mucho antes de lo que se reconocía, lo que sugiere que la enfermedad podría comenzar años antes de su diagnóstico habitual. Este enfoque contrasta con investigaciones previas, que solo habían detectado incrementos en las consultas médicas en los cinco a diez años previos al diagnóstico.
Las cifras de la esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune que afecta al sistema nervioso central. Daña la vaina de mielina que protege las neuronas y dificulta la transmisión de los impulsos nerviosos. Se estima que afecta a 2,9 millones de personas en todo el mundo y, en Argentina, la prevalencia alcanza los 38 casos por cada 100.000 habitantes, lo que equivale a entre 17.000 y 18.000 personas.
La enfermedad suele diagnosticarse entre los 20 y 40 años y es la principal causa de discapacidad física no traumática en adultos jóvenes, con una incidencia tres veces mayor en mujeres que en varones.
Durante años, obtener un diagnóstico de esclerosis múltiple estuvo asociado a una gran incertidumbre sobre la evolución de la enfermedad. Actualmente, gracias a los progresos en neurociencias y a terapias innovadoras, es posible iniciar el tratamiento en etapas tempranas, retrasar el avance del cuadro y mantener la funcionalidad de las personas afectadas.
“El diagnóstico precoz y el inicio oportuno del tratamiento modificador de la enfermedad son fundamentales para cambiar su evolución. De hecho, están a punto de ser publicados los nuevos criterios que permitirán arribar a un diagnóstico de la esclerosis múltiple de forma más precoz todavía. Agregando en paralelo técnicas por resonancia que nos permitirán realizarlo de forma mucho más certera y disminuyendo el riesgo de error”, afirmó en Infobae el doctor Vladimiro Sinay, jefe del área de Enfermedades Desmielinizantes de INECO y jefe de servicio de Neurología del Instituto de Neurociencias de Fundación Favaloro.
En el marco del Día Mundial de la Esclerosis Múltiple (EM) que se conmemoró el 30 de mayo, el especialista indicó que “gracias a los avances de las neurociencias, hoy es posible abordar la enfermedad de manera más temprana y efectiva, mejorando significativamente la calidad de vida de los pacientes“.
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