
A medida que la exploración espacial y lunar avanza, surgen nuevas preocupaciones sobre los riesgos que se pueden encontrar los astronautas y su impacto en la salud. En ese sentido, el polvo lunar, aunque abrasivo e irritante, representa un riesgo menor para los pulmones humanos que la contaminación urbana terrestre, según un estudio liderado por la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS).
Publicada en la revista Life Sciences in Space Research, la investigación ofrece datos alentadores para las futuras misiones Artemis de la NASA, que planean establecer una presencia humana prolongada en la superficie lunar.
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Estudio pionero sobre la toxicidad del polvo lunar
La investigación fue encabezada por Michaela B. Smith, candidata a doctorado en la UTS, quien comparó los efectos del polvo lunar —utilizando “simulantes” de última generación que replican fielmente la composición y morfología del regolito lunar— con los del polvo urbano recolectado en una transitada calle de Sídney, Australia.
Para el análisis, se expusieron células pulmonares humanas BEAS-2B (bronquiales) y A549 (alveolares) a partículas finas de hasta 2,5 micrómetros de diámetro. De acuerdo con el estudio, estas partículas son lo suficientemente pequeñas como para eludir las defensas naturales del cuerpo y alcanzar las zonas más profundas de los pulmones, lo que permite simular un escenario de exposición crítica.
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Irritación física, pero menor toxicidad
Los resultados mostraron que el polvo lunar actúa como un irritante físico, sin desencadenar los mecanismos de daño químico típicos de la contaminación terrestre.
“Es importante distinguir entre un irritante físico y una sustancia altamente tóxica”, explicó Smith en el comunicado de prensa difundido por la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS). Aunque puede causar molestias inmediatas como estornudos o irritación respiratoria, el polvo lunar no provoca la inflamación crónica ni el daño celular asociado con enfermedades como la silicosis.
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Las pruebas de laboratorio revelaron que el polvo urbano generó una respuesta inflamatoria mucho más intensa y redujo de forma significativa la viabilidad celular. En contraste, los simulantes de polvo lunar solo provocaron efectos leves y dosis-dependientes, principalmente en células bronquiales y a concentraciones elevadas. Otro hallazgo relevante fue la ausencia de estrés oxidativo relevante en las células expuestas al polvo lunar, un proceso comúnmente vinculado a la toxicidad de partículas finas.

Lecciones de las misiones Apolo
El interés por los efectos del polvo lunar no es nuevo. Durante las misiones Apolo, los astronautas experimentaron síntomas respiratorios y oculares tras la exposición al polvo que se adhería a sus trajes, que se volvía convertir en aerosol dentro de los módulos lunares. Harrison Schmitt, astronauta del Apolo 17, describió haber sufrido una especie de “fiebre del heno lunar”, con ojos llorosos, estornudos y dolor de garganta.
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Según el estudio, incluso en la Tierra, miembros del personal médico presentaron síntomas similares al manipular trajes contaminados. Esta evidencia histórica motivó la realización del estudio actual, en el marco de las misiones Artemis, que contemplan estancias prolongadas en la Luna.
Pese a los resultados tranquilizadores, la NASA continúa tratando la exposición al polvo lunar como un riesgo relevante. Smith visitó el Centro Espacial Johnson, en Houston, y observó avances en el diseño de trajes y vehículos lunares. “Ahora los trajes están diseñados para permanecer fuera del rover, evitando que el polvo contamine el interior”, explicó en el informe.
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Este nuevo sistema impide que las partículas adheridas entren en contacto con el aire de la cabina, lo que reduce el riesgo de inhalación en espacios confinados. Según Smith, la NASA desarrolla “estrategias de mitigación robustas” para abordar este desafío.

Implicancias y desafíos en la exploración espacial
La investigación de la UTS no solo tranquiliza respecto a uno de los principales peligros de la exploración lunar, sino que también abre nuevas líneas de estudio. Smith centró su tesis doctoral en los efectos de la microgravedad sobre la función pulmonar, empleando dispositivos que simulan las condiciones de la Estación Espacial Internacional.
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El profesor Brian Oliver, coautor del estudio y supervisor de Smith en la UTS y en el Woolcock Institute of Medical Research, destacó: “Los resultados contribuyen a la seguridad del regreso humano a la Luna y posicionan a nuestro grupo de investigación en la vanguardia de las ciencias de la vida en el espacio”.
Los especialistas señalan que, aunque los simulantes utilizados reproducen fielmente el regolito lunar, podrían existir diferencias con el polvo real de otras regiones. Por ello, los autores recomiendan ampliar las investigaciones a distintos tipos de regolito y evaluar efectos de exposiciones prolongadas o repetidas.
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A pesar de que el riesgo del polvo lunar es menor de lo que se temía, la NASA mantiene una política preventiva estricta. El estudio representa un avance clave en la comprensión del entorno lunar, pero los expertos subrayan la importancia de considerar otros factores, como la microgravedad y la variabilidad del polvo lunar.
De acuerdo con los especialistas, el éxito de las próximas misiones depende tanto de la investigación científica como del desarrollo tecnológico. El retorno del ser humano a la Luna se basará en estos avances para proteger la salud de los astronautas y garantizar la viabilidad de la exploración espacial sostenida.
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