
Los trastornos del estado de ánimo que aparecen por primera vez en la adultez tardía, como la depresión o el trastorno bipolar, despertaron creciente interés en la comunidad científica. Estos cuadros, que históricamente se consideraban meramente psiquiátricos, comienzan a vincularse con procesos neurodegenerativos, al plantearse la posibilidad de que representen fases iniciales de enfermedades como el Alzheimer o distintos tipos de tauopatías, es decir, afecciones neurodegenerativas caracterizadas por la acumulación anormal de la proteína tau en el cerebro.
Este posible vínculo fue explorado en profundidad en una investigación publicada en Alzheimer’s & Dementia, desarrollada por un equipo del National Institutes for Quantum Science and Technology (QST) en Japón, junto a expertos del National Center of Neurology and Psychiatry. El estudio aporta evidencia de que algunas formas de trastornos del estado de ánimo en la vejez podrían ser manifestaciones clínicas tempranas de enfermedades neurodegenerativas, incluso cuando no hay síntomas cognitivos evidentes.
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Qué revelan los hallazgos
Los investigadores utilizaron tecnología avanzada de imagen cerebral para estudiar a 52 personas con trastornos del estado de ánimo de inicio tardío (LLMD, por sus siglas en inglés), como la depresión o el trastorno bipolar, y los compararon con 47 controles sanos de la misma edad y género. Mediante tomografías por emisión de positrones (PET), se detectaron depósitos de proteína tau en el 50% de los pacientes con LLMD, en comparación con solo el 14,8% de los controles sanos. Además, el 28,8% de los pacientes con LLMD también presentaban depósitos de amiloide, otra proteína asociada con el Alzheimer, frente al 2,1% de los controles.

Uno de los hallazgos más importantes fue la presencia de proteína tau en la parte frontal del cerebro, un área clave para manejar las emociones y tomar decisiones. Fue más prevalente entre quienes presentaban síntomas psicóticos.
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Estos resultados se reforzaron mediante un análisis post mortem de 208 cerebros, de los cuales 21 correspondían a personas que habían presentado síntomas de depresión o manía después de los 40 años. Entre estos, el 57,1% presentaba tauopatías, frente al 28,2% de quienes no habían tenido trastornos del estado de ánimo. Según los datos clínicos, los síntomas afectivos precedieron en promedio por 7,3 años a los primeros signos cognitivos o motores.
“Dado que la mayoría de los participantes con LLMD en nuestro estudio no presentaron deterioro cognitivo o presentaron un deterioro cognitivo leve, estos resultados respaldan la evidencia de que las enfermedades neurodegenerativas, incluyendo el Alzheimer y las patologías relacionadas con tau no relacionadas con el Alzheimer, pueden manifestarse inicialmente como síntomas psiquiátricos”, afirmó el Dr. Kurose.
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Cómo se realizó el estudio

Para observar lo que ocurre en el cerebro de personas con trastornos del estado de ánimo de aparición tardía, el equipo de investigación utilizó dos sustancias marcadoras especiales, conocidas como trazadores. Uno de ellos, llamado 18F-florzolotau, permite detectar la acumulación de proteína tau, y el otro, 11C-Pittsburgh compound B, se usa para identificar depósitos de amiloide beta. Ambas proteínas están implicadas en enfermedades neurodegenerativas.
A diferencia de herramientas más antiguas, florzolotau tiene la capacidad de revelar diferentes tipos de tau anómala, no solo la relacionada con el Alzheimer. Gracias a este avance, fue posible observar signos característicos de otras enfermedades que afectan el sistema nervioso, como la parálisis supranuclear progresiva (PSP), que daña zonas del cerebro encargadas del movimiento y la coordinación ocular; la degeneración corticobasal (CBD), que afecta el control motor y la planificación de acciones; y la enfermedad de Pick, una forma de demencia que altera la conducta y el lenguaje.
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Además de los estudios con imágenes cerebrales en pacientes vivos, el equipo analizó tejido cerebral de 208 personas fallecidas, mediante un procedimiento llamado tinción doble, que combina colorantes específicos para detectar con precisión la proteína tau en distintas estructuras del cerebro. Esto permitió confirmar lo que se vio en las imágenes: la presencia de depósitos anómalos de estas proteínas en áreas clave.

El marcador florzolotau se unió de forma eficaz, lo que refuerza su utilidad como herramienta para identificar enfermedades neurodegenerativas desde sus primeras fases, incluso cuando aún no hay síntomas de pérdida de memoria o deterioro cognitivo.
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Implicancias clínicas y futuras aplicaciones
Los hallazgos abren la posibilidad de utilizar estudios PET con florzolotau como biomarcadores diagnósticos en personas mayores que desarrollan trastornos afectivos sin causas claras. Tal como concluye el Dr. Takahata: “En general, nuestros hallazgos sugieren firmemente que las exploraciones PET-tau pueden detectar diversas patologías tau subyacentes a la demencia en pacientes con LLMD”.
Detectar estas alteraciones años antes de que se presenten los primeros síntomas de deterioro cognitivo permitiría intervenir de manera más temprana con tratamientos potencialmente modificadores de enfermedad, especialmente en pacientes que aún no desarrollaron demencia. Además, el estudio plantea la necesidad de reevaluar el enfoque clínico frente a trastornos del estado de ánimo en personas mayores, considerando la posibilidad de un origen neurodegenerativo en algunos casos.
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La investigación no está exenta de limitaciones. Los autores aclaran que la metodología para determinar la positividad en PET podría tanto sobreestimar como subestimar diferencias entre pacientes y controles, y que se necesitan estudios longitudinales más amplios para confirmar estos resultados. Aun así, este trabajo representa la evaluación más completa hasta la fecha sobre la relación entre trastornos afectivos tardíos y tauopatías, y marca un punto de partida clave para futuras investigaciones clínicas y terapéuticas.
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