
El intestino y el cerebro están unidos por un eje de comunicación que va más allá de la digestión. Así lo probaron ya numerosos estudios que han llevado a acuñar la ya famosa frase: “el intestino es el segundo cerebro”. Un intrincado sistema de señales conecta y modula ambos órganos condicionando aspectos tan variados como el estado de ánimo, el dolor y la respuesta al estrés.
Así, el eje intestino-cerebro es objeto de interés en la comunidad científica, al menos, desde el siglo pasado y su estudio abarca innumerables aristas. El síndrome del intestino irritable (SII), un trastorno funcional digestivo que afecta a millones de personas en todo el mundo, presenta una variabilidad que va más allá de los síntomas intestinales, ya que involucra también manifestaciones extraintestinales como fatiga, cefalea y dolores articulares.
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Un estudio publicado este mes en Gastroenterology and Hepatology, realizado en Argentina, explora esta relación y analiza el impacto de la depresión en la severidad de sus síntomas en una extensa cohorte de pacientes. El estudio fue llevado a cabo por un equipo liderado por el Dr. Facundo Pereyra, médico clínico especialista en Medicina Interna y Gastroenterología (MN 94517), junto a Francisco Schlottmann y María Casas, del Departamento de Cirugía del Hospital Alemán de Buenos Aires; Leandro Steinberg, del Servicio de Gastroenterología del Hospital Carlos Durand de la ciuidad de Buenos Aires y Lisandro Pereyra, del Departamento de Gastroenterología del Hospital Alemán.
Facundo Pereyra explicó a Infobae que el objetivo de la investigación fue evaluar la prevalencia y la gravedad de los síntomas intestinales y extraintestinales en pacientes con SII según su nivel de depresión. Para ello, se realizó un análisis en 15.675 pacientes diagnosticados con SII bajo los criterios de Roma IV, que permite caracterizar, clasificar y categorizar los trastornos funcionales gastrointestinales, utilizando un sistema de jerarquización basado en síntomas. Los participantes forman parte del programa B15, una plataforma basada en redes sociales diseñada por el propio gastroenterólogo para ofrecer recomendaciones dietéticas y no farmacológicas.
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Ese programa “nos permite acceder a miles de personas que completan cuestionarios validados. Esto nos da una ventaja porque podemos medir la evolución de los síntomas en un gran número de pacientes de manera automatizada”, explicó el Dr. Pereyra, al referirse a la metodología utilizada para la investigación.
Como parte del estudio, se utilizó el cuestionario IBS-SSS para medir la gravedad de los síntomas digestivos y el cuestionario de 9 preguntas PHQ9 para evaluar la presencia de síntomas depresivos. Los pacientes fueron estratificados en cinco grupos según la severidad de su depresión:
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- Sin síntomas depresivos (0-4 puntos en PHQ9)
- Depresión leve (5-9 puntos)
- Depresión moderada (10-14 puntos)
- Depresión moderadamente severa (15-19 puntos)
- Depresión grave (20-27 puntos)

Depresión y síntomas digestivos: una correlación sorprendente
El análisis de los datos reveló que la severidad de la depresión estaba directamente asociada con la intensidad de los síntomas del SII. En particular, los pacientes con puntuaciones más altas en la escala PHQ9 mostraron una mayor gravedad de los síntomas digestivos en la escala IBS-SSS. “Hallamos que a mayor nivel de depresión, más graves son los síntomas intestinales. Por eso, el tratamiento debe abordar tanto la parte digestiva como la salud mental del paciente, ya sea con métodos naturales o medicación”, detalló Pereyra.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la prevalencia del fenotipo mixto del SII (SII-M), caracterizado por episodios alternantes de diarrea y estreñimiento, en pacientes con mayores niveles de depresión. Esto sugiere que la inestabilidad en los hábitos intestinales podría estar vinculada a factores psicológicos subyacentes, según el equipo médico.
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Además, los expertos encontraron una correlación significativa entre la depresión y la presencia de síntomas intestinales como distensión abdominal, pirosis (acidez estomacal), dispepsia y eructos. “Existen hasta 90 síntomas y enfermedades que pueden estar relacionados con un mal funcionamiento intestinal, entre ellas migraña, fatiga crónica, síndrome de piernas inquietas, fibromialgia, cistitis intersticial, dermatitis atópica y enfermedad cervical crónica”, agregó el especialista.

Los síntomas extraintestinales y su relación con la depresión
Más allá de los síntomas digestivos, en la investigación también se analizó la prevalencia de manifestaciones extraintestinales en función de la severidad de la depresión. Los datos mostraron que los pacientes con mayores niveles de depresión tenían una mayor frecuencia de síntomas como cefalea, fatiga crónica, dolores articulares y alergias.
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“Nuestro programa no solo aborda la salud digestiva, sino que también monitorea los síntomas fuera del aparato digestivo. Muchos pacientes llegan por dolores abdominales, pero también reportan mejoras en migrañas, fatiga, dolor articular, tristeza, sobrepeso y alergias, entre otros”, comentó Pereyra.
El Dr. Pereyra también destacó: “Uno de nuestros principales descubrimientos es que pacientes con síntomas extradigestivos como artritis, enfermedades autoinmunes, migrañas, fatiga o adicción al azúcar pueden tener un intestino disfuncional como origen del problema”.
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Estrategias terapéuticas
Los resultados del estudio tienen implicaciones clínicas relevantes, ya que la fuerte asociación entre depresión y síntomas del SII sugiere que el tratamiento de estos pacientes debería abordarse de manera integral, considerando tanto el aspecto digestivo como el psicológico. “Siempre debe haber un tratamiento interdisciplinario. Así como un paciente con ansiedad es derivado a un psicólogo o a una terapia complementaria, también debería considerar un programa de reparación intestinal”, consideró el médico.
Uno de los enfoques que podría optimizar el tratamiento —agregó— es la estratificación de los pacientes en función de su perfil sintomático y psicológico. De esta manera, sería posible diseñar estrategias terapéuticas personalizadas que combinen cambios en la dieta, técnicas de atención plena, ejercicio y, cuando sea necesario, tratamiento farmacológico dirigido tanto a los síntomas digestivos como a los trastornos del estado de ánimo.
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“Muchos pacientes recorren distintos especialistas sin encontrar solución. Hemos visto que un enfoque integral que contempla el ánimo y el intestino puede ser clave en estos casos”, cerró.
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