
Poco después del inicio de la pandemia por COVID-19, se hizo evidente que algunos pacientes no se encontraban bien durante meses o años después de recuperarse de la infección aguda. Entre los síntomas descritos por quienes habían transitado la enfermedad, incluso en los cuadros leves, se enumeraban desde dolores físicos hasta diversos malestares; los cuales interferían en gran medida con su capacidad para funcionar en el hogar y en el trabajo.
Esta afección, denominada como Long COVID o COVID Prolongado, se manifiesta con: fatiga, problemas cognitivos, dolores de cabeza, sueño interrumpido, mialgias (dolor muscular) y artralgias (dolor en las articulaciones), malestar post-esfuerzo, intolerancia ortostática, taquiarritmias y molestias gastrointestinales. Ahora, una nueva investigación advirtió sobre congruencias entre esta dolencia y la fatiga crónica, la cual estos síntomas, además de otros signos que pueden dejar a algunas personas confinadas e incapacitadas.
La enfermedad (COVID prolongado) es similar a la encefalomielitis miálgica (ME/SFC), como así también a otras patologías persistentes que pueden seguir a una amplia variedad de agentes infecciosos y después de una lesión traumática importante. Por eso, médicos e investigadores se han preguntado cuáles son las anomalías biológicas subyacentes que pueden causar síntomas y si estas son similares en las dos enfermedades.

Ahora, artículo de revisión escrito por investigadores el Brigham and Women’s Hospital y la Escuela de Medicina de Harvard, y la Escuela de Salud Pública Mailman y el Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia, todas entidades de los Estados Unidos, intenta dar algunas respuestas estas preguntas.
En el documento que acaba de publicarse en Frontiers, los autores revisan 559 publicaciones científicas. Los científicos compararon los síntomas de ambas condiciones, registrando su gran similitud, y luego mostraron que se habían encontrado anormalidades biológicas subyacentes muy similares en ambas condiciones, anormalidades que involucraban el cerebro, el sistema inmunológico, el corazón, los pulmones, el intestino y el metabolismo energético.
Un paralelo que interesa
El long COVID y el síndrome de fatiga crónica son afecciones debilitantes con síntomas similares. Ninguna condición tiene pruebas de diagnóstico o tratamientos aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) y cada uno le cuesta a los distintos servicios de salud del mundo miles de millones de dólares cada año en gastos médicos directos y pérdida de productividad.

“Ambas son claramente enfermedades sistémicas que involucran múltiples órganos y sistemas fisiológicos. El COVID prolongado se desencadena por la infección por SARS-CoV-2. ME/CFS a menudo se desencadena por una enfermedad similar a una infección. Creemos que es poco probable que ME/SFC sea desencadenado por un solo agente infeccioso nuevo: lo más probable es que represente una respuesta disfuncional a la infección con cualquiera de los múltiples agentes”, indicó Anthony L. Komaroff, médico principal en el Departamento de Medicina de Brigham y profesor de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard, además de uno de los autores principales de la investigación.
Como se resume en la revisión, ambas enfermedades comparten anomalías que involucran los sistemas nervioso central y autónomo, el sistema inmunitario, la reactivación de agentes infecciosos latentes (principalmente herpesvirus), el microbioma intestinal, el metabolismo energético, un estado hipometabólico, desequilibrio redox y varios problemas cardíacos, anormalidades pulmonares y vasculares.
Muchas de estas anomalías se influyen bidireccionalmente entre sí. Esto crea el potencial para múltiples ciclos fisiopatológicos viciosos que se refuerzan a sí mismos y que podrían llevar a la persistencia de la enfermedad.

“Al hacer una comparación lado a lado de lo que se sabe sobre cada tipo de anormalidad, en cada una de estas dos enfermedades, nuestro análisis sirve como un hoja de ruta para identificar áreas que requieren más investigación. Esperamos que la identificación de aquellas anormalidades para las cuales la evidencia es más fuerte ayude a enfocar la búsqueda de mejores pruebas de diagnóstico y tratamientos efectivos”, informó Komaroff
La investigación sobre la fisiopatología de estas respuestas tiene el potencial de conducir a nuevas estrategias para reducir la morbilidad de ME/SFC y Long COVID, y de enfermedades similares que pueden seguir a una variedad de infecciones y lesiones traumáticas no infecciosas.
Junto a Komaroff, trabajó W. Ian Lipkin, especialista perteneciente al Centro de Infecciones e Inmunidad de la Escuela de Salud Pública Mailman perteneciente al Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia en Nueva York.
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