
Desde que comenzó la pandemia, los científicos vincularon a diferentes patologías previas con la posibilidad de transitar una enfermedad grave por COVID-19 o de tener riesgo de vida ante el contagio. La diabetes y la obesidad son dos de ellas, aunque no determinan más chances de infección Sin embargo, estos mecanismos subyacentes y su papel en los síntomas posteriores siguen sin estar claros. Recientemente, un estudio científico mostró que tener un índice de masa corporal (IMC) alto está asociado con un mayor riesgo de infección por COVID-19 y de experimentar una dolencia prolongada. En este caso, el IMC podría tener consecuencias más sostenidas que un cuadro de presión arterial alta.
Estos descubrimientos serán presentados esta semana en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), que este año se realiza en Estocolmo, Suecia. Los científicos a cargo fueron liderados por Anika Knuppel, de la Unidad MRC para la Salud y el Envejecimiento de por vida de la University College London en el Reino Unido.
“Al principio de la pandemia, la investigación identificó la diabetes y la obesidad como factores de riesgo de enfermarse gravemente con COVID-19. Y sabemos que muchas personas que viven con diabetes tipo 2 también tienen exceso de peso. Nuestros primeros hallazgos respaldan la idea de que los mecanismos relacionados con la obesidad puede ser responsables de los riesgos de COVID-19 asociados con la diabetes, en lugar del nivel alto de azúcar en la sangre en sí”, explicó Knuppel.

Para ahondar en estas conclusiones, los investigadores buscaron asociaciones entre una variedad de características clínicas que fueron medidas antes de la pandemia: HbA1c (nivel promedio de azúcar en la sangre), diabetes autoinformada o basada en medicamentos, índice de masa corporal (IMC) e índice de cintura a cadera (WHR), y la infección por COVID-19 autoinformada y COVID prolongada en nueve estudios de cohortes en curso en el Reino Unido. Todos los participantes elegibles -de 19 a 75 años de edad, 57% de ellos mujeres- tenían datos de mediciones anteriores y completaron al menos un cuestionario durante la pandemia (mayo de 2020 a septiembre de 2021) que cubría preguntas sobre el virus y, cuando era posible, sobre la duración de los síntomas relacionados con el contagio en curso.
Los participantes informaron tener SARS-CoV-2 en base a una prueba positiva o a una fuerte sospecha. En ese marco, se definió al COVID prolongado como los síntomas que continuaron o afectaron el funcionamiento durante más de cuatro semanas después de la infección y se compararon con aquellos informaron signos durante menos de cuatro semanas. Siempre que fue posible, las asociaciones se ajustaron por sexo, tabaquismo, etnia, ingresos y educación en el momento de la medición. Entre mayo de 2020 y septiembre de 2021, 5806 participantes informaron haber tenido el virus alguna vez, mientras que 584 informaron haber tenido el Long COVID (alrededor del 7% de los casos).

¿Azúcar o sobrepeso?
El análisis de datos de 31.252 participantes en nueve estudios encontró que un IMC más alto se asoció con mayores probabilidades de infección por COVID-19, con un riesgo un 7% más alto por cada aumento de 5 kg/m2 en el IMC. Las personas con sobrepeso (IMC 25-29,9 kg/m2) y obesidad (30 kg/m2 o más) tenían un 10% y un 16% más de probabilidades de infección respectivamente. Estos datos se pusieron en comparación con quienes mantenían un peso saludable (menos de 25 kg/m2).
A su vez, se observaron resultados similares para COVID prolongado (4243 participantes, seis estudios), con un riesgo un 20% mayor por cada aumento de 5 kg/m2 en el IMC. Las personas con sobrepeso y obesidad tenían un 20% y un 36% más de probabilidades de COVID prolongado respectivamente. Sin embargo, tanto para la infección como para las asociaciones prolongadas con categorías de IMC no fueron todas estadísticamente significativas (por lo que los científicos afirmaron que no es posible estar seguros de que no se deban al azar).
Para los especialistas, los análisis que investigaron la asociación con el índice de cintura a cadera (WHR) no fueron concluyentes. En particular, los estudios centrados en el nivel promedio de azúcar en la sangre (HbA1c) y la diabetes (15.795 participantes y 1917 con COVID prolongado) no revelaron ninguna asociación con el contagio con el virus o con su versión prolongada.

Por lo tanto, los expertos enfatizan la necesidad de más investigación para explorar los mecanismos que sustentan estas asociaciones y para reducir el exceso de riesgo asociado con un IMC alto. “Nuestros primeros descubrimientos sugieren un vínculo de la adiposidad con la infección por COVID-19 y su larga duración, incluso después de tener en cuenta los factores sociodemográficos y el tabaquismo. Necesitamos explorar más a fondo qué hace que las personas con sobrepeso y obesidad corran el riesgo de tener peores resultados y cómo esto se relaciona con casos severos”, concluye Knuppel.
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