
Comer es un acto necesario pero también placentero para el ser humano, sobre todo si se trata de platos elaborados según cada preferencia. Recibir en la mesa una porción de nuestro alimento favorito nos llama la atención incluso antes de proceder a consumirlo: basta con observarlo para sentir algo de placer y para que nuestros pensamientos se iluminen. Este fenómeno no es una metáfora y tiene una explicación científica detrás.
Un estudio realizado por expertos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) concluyó que cuando observamos alimentos se ilumina la corteza visual del cerebro, una región que traduce las percepciones que llegan a través de la vista. Según los autores de la investigación, ya se conocían componentes cerebrales que responden de esta forma ante rostros, lugares, palabras y cuerpos. Sin embargo, destacaron como un hallazgo inesperado la reacción selectiva del cerebro ante la comida.
“El resultado que observamos nos sorprendió bastante porque la comida no es una categoría visualmente homogénea. Por ejemplo las manzanas, el maíz y la pasta se ven muy diferentes entre sí, pero encontramos una sola región -la corteza visual del cerebro- que responde de manera similar a estos alimentos tan diversos”, explicó Meenakshi Khosla, uno de los expertos que participó en la investigación.

Para llegar a estas conclusiones, Khosla y sus colegas escanearon los cerebros de ocho personas mientras éstas observaban imágenes de todo tipo, no sólo de comida. La sorpresa llegó cuando encontraron que las fotos de alimentos generaban una reacción diferente a las demás en la corteza visual.
En pos de reconfirmar este hallazgo, los científicos pusieron delante de los participantes objetos de rasgos visuales parecidos, como una banana y una luna creciente. En este caso la respuesta fue la misma: el cerebro se “encendió” de una forma más notable cuando apareció la fruta. En otro nivel de detalle, los resultados del estudio arrojaron que las comidas cocinadas provocaron una reacción mayor que las crudas.
Qué dicen los expertos
El doctor Diego Querzé (MN 7949), jefe de Nutrición en Enfermedades Neurológicas del Instituto Fleni, analizó junto a Infobae los resultados de este estudio. “Cuando vemos comida se activan un montón de sensaciones y de mecanismos cerebrales. Eso nos incentiva a comer porque se empiezan a secretar más hormonas y, así, aparecen el hambre o la saciedad”, dijo.

Querzé explicó, además, que si bien la corteza visual del cerebro se ilumina ante cualquier alimento, es importante que elijamos consumir aquellos que son más saludables para nuestro organismo. “Si tenés hambre y estás mucho tiempo sin comer, observás la comida y puede ser muy difícil controlarse. Por eso muchas veces se puede crear una mala relación con los alimentos”, profundizó el médico.
La nutricionista Nela Dipasquale (MN 4628) conversó con Infobae y agregó: “Claro que el cerebro se ilumina cuando hay comida: se pone ‘feliz’. Ahí siempre hay una conexión. Se genera, por ejemplo, dopamina, como cuando vas a hacer algo que te gusta. Lo que hay que trabajar es que eso suceda más con la comida saludable”.
La conexión con el intestino
La relación entre la comida y la mente no es nueva y ya tiene recorrido en el mundo de la ciencia. Recientemente, un grupo de científicos del Instituto Zuckerman de Columbia descubrió un nexo entre el intestino y el cerebro que detecta e informa la presencia de comida chatarra en el cuerpo. Esta conexión funciona por medio de dos sistemas paralelos que responden cuando la persona consume azúcar, grasa o aminoácidos. De acuerdo a estos especialistas, el hallazgo explica por qué sentimos impulsos irrefrenables cuando consumimos, por ejemplo, un paquete de papas fritas.

“El intestino produce neurotransmisores y hace mucho se dice que es el segundo cerebro”, afirma Dipasqueale. El vínculo entre el sistema digestivo y la mente es tan profundo que también se manifiesta cuando sentimos el rico olor de un alimento y babeamos o “se nos hace agua la boca”. Entender esta relación, dicen los especialistas consultados por Infobae, puede ser importante para generar hábitos alimentarios saludables.
“La buena calidad de la comida es vital porque el cerebro es uno de los órganos que más energía consume: si está bien nutrido va a mejorar sus capacidades”, asevera Querzé. En ese sentido, diversas investigaciones científicas indicaron que una dieta escasa en vitamina B3, presente en el pescado y en la carne, puede causar a largo plazo y en algunos casos un cuadro de demencia.
Dipasquale, por su parte, concluye: “Lo ideal sería que la corteza visual del cerebro ‘se ilumine’ más ante alimentos saludables, por eso hay que generar buenas costumbres. Por otro lado, el ser humano es 100% emocional, y hay mucha gente que canaliza eso comiendo: las emociones también tienen que ver con lo cerebral”.
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