
Las ciudades podrían ser la solución y no el problema a la cuestión ambiental, según un nuevo estudio de la Universidad de Yale, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Los autores apuntan a que un enfoque de planificación urbana que proteja los hábitats podría aliviar el impacto en las especies.
Se espera que la expansión urbana global suponga hasta 1,53 millones de kilómetros cuadrados de nuevos terrenos urbanizados en las próximas tres décadas, lo que sería una amenaza directa para la supervivencia de 855 especies.
En 30 años, la población urbana mundial se estima que aumentará a 2500 millones de personas, lo que convierte a la urbanización en una de las transformaciones definitorias del siglo XXI.
El suelo urbano deberá expandirse para acomodarse a estos nuevos residentes urbanos, un proceso que ocurre seguido a expensas de los ecosistemas naturales. En un momento en que la biodiversidad mundial está seriamente amenazada, esto representa un desafío para el desarrollo urbano sostenible.
Por tanto, se espera que gran parte de esa expansión se produzca en los llamados “puntos calientes de biodiversidad”, que son las zonas ricas en especies que peligran debido a la actividad humana. De esta forma, gran variedad de especies correrían un riesgo alto de destrucción, muchas de las cuales ya están amenazadas de extinción.

Las ciudades pueden sustentar diversas comunidades de plantas y animales, y el acceso a la naturaleza se reconoce como un componente clave para hacer de las ciudades lugares funcionales y habitables para las personas.
Sin embargo, cuando la tierra urbana reemplaza el hábitat natural, altera permanentemente el tipo de hábitat disponible, junto con su configuración espacial y nivel de interconexión, lo que trae cambios significativos a la abundancia y composición de los conjuntos de especies. Generalmente, la riqueza de especies nativas disminuye con la intensidad del uso del suelo urbano, y las áreas urbanas tienden a albergar más especies invasoras, entonces la proporción de estas suele aumentar con el grado de urbanización.
La tierra urbana también puede impulsar adaptaciones fenotípicas, produciendo un rápido cambio ecoevolutivo. Estos impactos en la biota (el conjuntode especies de plantas, animales y otros organismos que ocupan un área determinada) contribuyen a la disminución de la biodiversidad global.
Las ciudades que suponen una mayor amenaza para las especies debido a su expansión se encuentran, en su mayoría, en las regiones tropicales en desarrollo del África subsahariana, Sudamérica, Mesoamérica y el Sudeste Asiático.
Para los investigadores, hay que centrar los esfuerzos globales en minimizar el impacto en los hábitats de estas regiones en crecimiento, esto podría ayudar a conservar y proteger las especies catalogadas como “amenazadas”, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)
Para realizar el estudio utilizaron un conjunto de proyecciones recientes sobre el uso del suelo desarrolladas para evaluar la futura pérdida de hábitat producto de la expansión urbana para más de 30.000 especies terrestres en todo el mundo. Además mostró que la expansión de la tierra urbana es un factor importante en la pérdida de hábitat para, aproximadamente, un tercio de ellas.
También, se basaron en el Mapa de la Vida de Yale, una colección de datos sobre la distribución de las especies que se utiliza para supervisar, investigar y crear políticas de protección de las especies en todo el mundo. El estudio demuestra la necesidad de que los esfuerzos globales de conservación incluyan políticas para preservar las especies de los terrenos urbanos.

La solución
“Las ciudades son en realidad parte de la solución -explicó Karen Seto, de la Escuela de Medio Ambiente de Yale y coautora del estudio- ya que podemos construir las ciudades de forma diferente a cómo lo hemos hecho en el pasado. Pueden ser buenas para el planeta, pueden salvar especies, pueden ser centros de biodiversidad y salvar terrenos para la naturaleza”.
Los mayores impactos proceden de las zonas urbanas cuya expansión puede destruir los hábitats y tienen gran cantidad de especies endémicas. Uno de los objetivos del estudio era identificar aquellas especies, no sólo amenazadas, sino aquellas específicamente amenazadas por este desarrollo del suelo urbano.
Las presiones económicas, las estructuras de gobierno, la conservación de la biodiversidad y la toma de conciencia sobre la importancia de proteger los hábitats, están entre los grandes obstáculos para contener la problemática que viene con la expansión urbana.
En las áreas desde el centro de México hasta América Central, el Caribe, Haití, Nigeria, Camerún, Sri Lanka, Indonesia, Malasia, Tailandia, Brasil y Ecuador, se concentran las especies bajo la mayor presión por expansión.
“Este estudio es importante porque permite calcular qué especies específicas están más amenazadas por el crecimiento urbano y dónde se necesitan áreas protegidas urbanas para salvaguardarlas”, detalló Robert McDonald, científico de la fundación The Nature Conservancy.
La mayoría de los lugares previstos de expansión urbana no fueron construidos por el momento, por lo que “las políticas impulsadas por la ciencia que guían cómo se construyen las ciudades del mañana tendrán un efecto tremendo” en las especies, concluyó Seto.
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