Cuáles son los 5 hábitos que pueden retrasar el paso del tiempo, según especialistas

Mientras crece el interés por suplementos y acciones milagrosas, expertos insisten en que los hábitos sostenidos a lo largo de los años ofrecen resultados más consistentes

Dibujo dividido en dos partes: frascos y dispositivos sobre una mesa a la izquierda, y dos adultos mayores que caminan en un parque a la derecha.
El especialista Matt Kaeberlein señala que la prevención y los hábitos cotidianos pueden sumar hasta 15 años de vida saludable (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La aspiración de extender la vida suele quedar asociada con tratamientos costosos, suplementos y prácticas de alto riesgo. Sin embargo, el debate sobre la longevidad se ordena alrededor de una pregunta más concreta: cómo ampliar el tiempo de vida con movilidad, autonomía y bienestar, sin transformar el cuidado cotidiano en una sucesión de intervenciones de eficacia incierta.

El planteo cobra relevancia en Estados Unidos, donde creció el interés por envejecer con buena salud y, al mismo tiempo, la oferta de métodos que prometen retrasar el paso del tiempo. De acuerdo con una nota de Prevention, el especialista Matt Kaeberlein sostuvo que el estadounidense promedio podría sumar hasta 15 años de vida saludable a partir de medidas personalizadas de prevención y hábitos cotidianos, sin que eso implique buscar una extensión radical de la vida.

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El envejecimiento saludable abarca más que no tener una enfermedad en un momento determinado. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos lo definen como la conservación del bienestar físico, mental y social a medida que pasan los años. En esa mirada se reúnen la alimentación, el movimiento, el descanso, la salud emocional, los controles médicos y el contacto con otras personas.

La relación entre los hábitos y los años de vida no es una garantía individual. Un estudio publicado en la revista Circulation, reseñado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, analizó cinco aspectos en grandes grupos de adultos: alimentación, actividad física, sin consumo de tabaco y alcohol y peso corporal. El trabajo observó que quienes reunían los cinco hábitos tenían una expectativa de vida mayor que quienes no sostenían ninguno, aunque se trata de una relación observada en grupos de población y no de una fórmula para predecir el futuro de cada persona.

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La prevención reúne hábitos sostenidos y controles de salud

Un hombre y una mujer de edad avanzada caminan por un camino de tierra rodeado de árboles con follaje otoñal.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades definen el envejecimiento saludable a partir del bienestar físico, mental y social (Imagen Ilustrativa Infobae)

La discusión sobre sumar años de bienestar parte de una diferencia clave entre vivir más y vivir mejor. La nota de Prevention plantea que el objetivo no debería ser alcanzar una edad determinada, sino conservar la capacidad de desplazarse, pensar, relacionarse y realizar las actividades habituales durante la mayor cantidad de tiempo posible. Esa perspectiva desplaza la atención de los productos que prometen frenar el envejecimiento hacia medidas que pueden sostenerse en la vida diaria.

La actividad física, la alimentación, el sueño y la ausencia de tabaco forman parte de esa base. Según la American Heart Association, los adultos deberían acumular 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de actividad intensa. La entidad también incluye una alimentación con alimentos poco procesados, frutas, verduras, proteínas y semillas entre los comportamientos que favorecen el cuidado del corazón y los vasos sanguíneos.

La misma organización considera el descanso como una de sus ocho medidas centrales para cuidar la salud a lo largo de la vida. De acuerdo con la American Heart Association, la mayoría de los adultos necesita entre siete y nueve horas de sueño por noche. Dormir lo suficiente se relaciona con la recuperación del cuerpo, el buen funcionamiento del cerebro y un menor riesgo de problemas de salud de larga duración, aunque las dificultades persistentes para descansar requieren una consulta profesional.

El enfoque preventivo también contempla los controles de salud. La American Heart Association incluye la revisión de la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre entre los aspectos que se deben vigilar junto con los hábitos de vida. El propósito no es reemplazar la consulta médica por datos o dispositivos, sino detectar a tiempo condiciones que pueden requerir atención.

Los vínculos sociales y el bienestar emocional forman parte del cuidado

Frascos de vitaminas y relojes inteligentes sobre una mesa junto a dos adultos mayores que caminan por un parque arbolado.
Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud asoció la adopción de cinco hábitos clave con un incremento en la expectativa de vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

La longevidad no depende únicamente de aspectos físicos. Los Institutos Nacionales sobre el Envejecimiento de Estados Unidos señalan que la actividad física, la alimentación, el descanso, los controles de salud y el cuidado del bienestar emocional forman parte de un mismo marco de envejecimiento saludable. La institución diferencia la soledad del aislamiento social: la primera es el malestar por sentirse solo, mientras que el segundo refiere a tener pocos contactos o intercambios habituales.

Esa distinción importa porque los vínculos pueden facilitar otros hábitos y aportar apoyo frente al estrés. Los Institutos Nacionales sobre el Envejecimiento citan investigaciones que relacionan la actividad social con un mejor bienestar físico y emocional entre personas mayores. Además, una investigación sobre más de 8.000 adultos mayores de 65 años encontró una relación entre la soledad y una pérdida más rápida de capacidades como la memoria y el pensamiento, según resume la entidad federal.

La nota de Prevention también incorpora el manejo del estrés entre los factores vinculados con el bienestar a largo plazo. Michael Clinton, autor dedicado a temas de longevidad, mencionó prácticas como correr, hacer respiraciones profundas o caminar. El objetivo de esas rutinas no es eliminar el estrés por completo, sino disponer de momentos regulares que ayuden a manejarlo sin depender de soluciones cuya eficacia no está comprobada.

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