
El próximo 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que invita no solo a hablar de los trastornos mentales, sino también a reflexionar sobre aquellas prácticas cotidianas que pueden contribuir al bienestar y a la prevención.
La salud mental forma parte integral de la salud. Está vinculada con la manera en que pensamos, sentimos, nos relacionamos, afrontamos situaciones difíciles y participamos de las distintas actividades de nuestra vida. Sin embargo, muchas veces comenzamos a prestarle atención recién cuando aparece un malestar intenso o cuando determinadas dificultades empiezan a interferir con nuestra vida cotidiana.
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“Cuidar la salud mental implica poder registrar cómo estamos antes de llegar a una situación de crisis. No todo malestar constituye una enfermedad, pero tampoco deberíamos asumir que sentirnos mal de manera sostenida es simplemente algo con lo que tenemos que convivir”, explica la doctora Mariángeles Pose, médica psiquiatra de la Clínica de Salud Cerebral de INECO.
Cuidar la salud mental tampoco significa intentar eliminar emociones como la tristeza, la preocupación o el miedo. Todas ellas forman parte de la experiencia humana y cumplen una función.
“El objetivo no es sentirnos bien todo el tiempo. Atravesar momentos de angustia, preocupación o estrés es esperable frente a determinadas situaciones. Lo importante es observar cuánto duran, con qué intensidad aparecen y, fundamentalmente, cuánto empiezan a interferir en nuestra vida”, agrega la doctora Pose.
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La vida cotidiana también habla de nuestra salud mental

No siempre el malestar se manifiesta a través de un síntoma evidente. En ocasiones, los primeros cambios aparecen en la manera en que una persona organiza sus días, participa de sus actividades o se vincula con aquello que hasta entonces era importante para ella.
Desde la Terapia Ocupacional, la vida cotidiana puede aportar información valiosa sobre el bienestar de una persona.
“Muchas veces el malestar empieza a hacerse visible en lo cotidiano: dejamos de hacer actividades que nos resultaban significativas, se alteran nuestras rutinas o sentimos que todo nuestro tiempo está ocupado por obligaciones, sin espacio para el descanso, el disfrute o los vínculos. Observar esos cambios también es una forma de prestar atención a nuestra salud mental”, explica la licenciada Carolina Oyola, jefa del Departamento de Terapia Ocupacional de INECO.
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Esto no significa buscar un equilibrio perfecto entre trabajo, responsabilidades, descanso y ocio, sino sostener una organización cotidiana que resulte posible y significativa para cada persona.
“Una rutina saludable no significa que todas las áreas de nuestra vida tengan que ocupar exactamente el mismo tiempo. Lo importante es que exista un equilibrio posible para esa persona y que pueda sostener actividades que le permitan descansar, vincularse, disfrutar y sentirse parte de aquello que es significativo para ella”, agrega Oyola.
La pérdida progresiva de esos espacios también puede ser una señal: abandonar actividades que antes generaban interés o placer, aislarse o sentir que todas las jornadas están dominadas por las obligaciones son cambios que conviene registrar.
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Cuando el malestar deja de ser algo pasajero

Sentirse triste, preocupado, cansado o atravesar momentos de mayor estrés forma parte de la experiencia humana. La clave está en observar la intensidad, la duración y el impacto sobre el funcionamiento cotidiano.
“Una situación puntual de estrés no necesariamente constituye un problema de salud mental. Lo que debemos observar es qué sucede cuando ese estado se vuelve prácticamente permanente y la persona siente que ya no logra recuperar su funcionamiento habitual”, señala la doctora Pose.
En ocasiones, son familiares, amigos o compañeros quienes advierten modificaciones antes que la propia persona.

“Muchas veces son las personas cercanas quienes primero perciben que alguien está diferente: más aislado, irritable, apagado o con menos interés por las cosas que habitualmente hacía. Poder escuchar esas observaciones también puede ayudarnos a registrar algo que quizás nosotros mismos todavía no advertimos”, explica la doctora Pose.
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Cuando el malestar comienza a afectar el trabajo, el estudio, los vínculos, el descanso o la capacidad para disfrutar, la consulta profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo.
“Pedir ayuda no implica necesariamente que exista un diagnóstico ni que la persona vaya a necesitar un tratamiento prolongado. A veces, la consulta es justamente el espacio que permite evaluar lo que está ocurriendo y pensar cuál es la mejor manera de abordarlo”, agrega la doctora Pose.
“No existe una fórmula única para alcanzar el bienestar. La salud mental es el resultado de múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales, y está estrechamente vinculada con la salud de nuestro cerebro. Sin embargo, existen hábitos cotidianos que pueden contribuir a protegerla y, al mismo tiempo, ayudarnos a reconocer tempranamente cuando algo comienza a cambiar”, señala el doctor Guido Vázquez, médico neurólogo, miembro de la Clínica de Salud Cerebral de INECO.
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Recomendaciones para cuidar la salud mental en la vida cotidiana

Dormir no es simplemente “apagar” el cerebro. Durante el sueño ocurren procesos fundamentales para la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y la recuperación física. Mantener horarios relativamente regulares y procurar un descanso suficiente es parte del cuidado de la salud cerebral. Las dificultades persistentes para dormir o el cansancio permanente merecen atención.

La actividad física tiene efectos beneficiosos sobre el cerebro y contribuye a mejorar el estado de ánimo, el sueño, la salud cardiovascular y la respuesta frente al estrés. Como referencia general, se recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, incorporando además ejercicios de fuerza. En personas con trabajos sedentarios, también es importante interrumpir períodos prolongados de inactividad.
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Priorizar una alimentación variada, con frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y fuentes saludables de grasas, y limitar el consumo excesivo de ultraprocesados, azúcares y alcohol contribuye a la salud general, cardiovascular y cerebral. Más que buscar alimentos o suplementos “milagrosos”, el beneficio está en sostener un patrón saludable a lo largo del tiempo.

El estrés es una respuesta normal frente a determinadas situaciones. El problema aparece cuando el estado de alerta se vuelve persistente y no existen suficientes momentos de recuperación. La meditación, el mindfulness, los ejercicios de respiración, el yoga o simplemente reservar algunos minutos del día para detenerse pueden ser herramientas útiles.
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Una agenda permanentemente ocupada por obligaciones puede ir desplazando espacios necesarios para el bienestar. Las pausas también forman parte de una vida saludable.

Cocinar, desarrollar un hobby, estudiar un idioma o realizar actividades creativas mantienen al cerebro activo y pueden proporcionar disfrute y sentido. La estimulación cognitiva es más valiosa cuando está asociada al interés y no se transforma en una obligación adicional.

Mantener contacto con personas significativas, compartir actividades, conversar y sentirnos parte de una comunidad son componentes importantes del bienestar. Contar con una red de apoyo y poder pedir ayuda cuando la necesitamos constituyen factores de protección.

La exposición permanente a información, mensajes, redes sociales y demandas laborales puede dificultar el descanso. Establecer algunos límites al uso de pantallas y generar momentos sin notificaciones ni estímulos constantes puede favorecer la concentración y la conexión con otras actividades y personas.

Conviene prestar atención a cambios que se mantienen en el tiempo: alteraciones del sueño, el humor, la concentración, las rutinas, los vínculos, el rendimiento o la pérdida de interés por actividades que antes disfrutábamos.

No es necesario llegar a una situación extrema para consultar. Cuando el malestar persiste, aumenta o comienza a interferir con la vida cotidiana, una evaluación profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y orientar los pasos a seguir.
*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.
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