Frío o calor, cuál es mejor para quemar calorías al hacer ejercicio

Sudar más no significa quemar más grasa y tiritar tampoco acelera el metabolismo de forma significativa, dos creencias que especialistas y evidencia científica se encargan de desmentir

Entrenar con frío o con calor puede aumentar levemente el gasto calórico, pero la temperatura ambiente modifica poco las calorías quemadas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Con el invierno y los días de calor intenso, una duda vuelve a aparecer en gimnasios, parques y rutinas al aire libre: si entrenar con frío o con altas temperaturas hace que el cuerpo queme más calorías.

La respuesta corta es sí, pero en una escala menor. La temperatura ambiente modifica poco el gasto calórico total, de modo que no convierte al frío ni al calor en una vía eficaz para bajar de peso por sí solos.

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La pregunta gana espacio cada vez que se instalan hábitos estacionales y circulan ideas simplificadas sobre el ejercicio. En los meses fríos, suele asociarse el esfuerzo de entrenar al aire libre con una supuesta quema extra de energía.

Una mujer con gorro, chaqueta azul y pantalones negros corre por un camino escarchado al amanecer; se ve su aliento y árboles desnudos en el paisaje helado.
El frío y el calor no funcionan por sí solos como una vía eficaz para bajar de peso durante el ejercicio (Imagen Ilustrativa Infobae)

En jornadas de calor, en cambio, persiste la idea de que transpirar más equivale a adelgazar más rápido. Las dos percepciones parten de un fenómeno real, pero llevan a una conclusión exagerada.

De acuerdo con un artículo de Cleveland Clinic, el cuerpo sí gasta energía adicional cuando necesita sostener su temperatura interna durante la actividad física, aunque esa exigencia extra no altera de forma importante el balance general de calorías que se consumen en una rutina.

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El punto central, según esa publicación, pasa menos por el clima y más por la calidad del entrenamiento y las condiciones de seguridad.

Mujer con top deportivo negro y mallas entrenando al aire libre. El sol ilumina su perfil y cuerpo, con árboles verdes borrosos al fondo.
La termorregulación obliga al cuerpo a usar energía para sostener una temperatura interna cercana a los 37°C durante la actividad física (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué cambia en el cuerpo cuando hace frío o calor

El organismo utiliza energía de manera constante para mantener funciones básicas como la actividad cardíaca, la respiración y la temperatura corporal.

Ese equilibrio térmico ronda los 37°C y se preserva a través de la termorregulación, el proceso por el cual el cuerpo intenta conservar una temperatura interna estable frente a cambios del ambiente. Cuando una persona hace ejercicio, esa tarea se suma al trabajo muscular propio de la actividad.

En un entorno frío, el cuerpo primero intenta conservar calor. Si eso no alcanza, activa mecanismos para producirlo. Entre ellos pueden aparecer los temblores, que son contracciones musculares involuntarias y también consumen energía.

Cinco personas corren por un sendero arbolado en un día frío y soleado; el vaho de su aliento es visible. Una mujer lidera, vestida de azul, seguida por hombres.
En bajas temperaturas, el cuerpo puede activar temblores y otros mecanismos que elevan de forma leve el gasto calórico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa respuesta explica por qué el gasto calórico puede subir levemente en bajas temperaturas, aunque no al punto de volver al frío un recurso útil para adelgazar.

Matthew Kampert, médico especialista en medicina deportiva, señaló que la mayor parte de las calorías que se queman durante una rutina proviene del ejercicio mismo y no del esfuerzo térmico adicional.

En ambientes calurosos ocurre algo parecido. Cuando la temperatura corporal sube demasiado, el organismo activa mecanismos para liberar calor, sobre todo a través del sudor. Ese proceso exige una adaptación fisiológica, pero no produce por sí mismo un aumento relevante de calorías quemadas.

Primer plano del rostro sudoroso y enrojecido de un hombre joven con el cabello húmedo, mostrando una expresión concentrada, en un entorno deportivo al aire libre.
En ambientes calurosos, el sudor ayuda a liberar calor, pero no genera por sí mismo una quema relevante de calorías (Imagen Ilustrativa Infobae)

El error de medir el entrenamiento por la transpiración

Una de las asociaciones más extendidas en el terreno del bienestar consiste en usar el sudor como sinónimo de eficacia. Esa relación no es directa: el sudor es ante todo una herramienta de enfriamiento y no un indicador confiable del gasto calórico.

Cuando el sudor se evapora, ayuda a bajar la temperatura del cuerpo. En climas secos, esa evaporación ocurre con mayor facilidad. En condiciones húmedas, en cambio, el aire ya contiene una alta cantidad de vapor de agua y ese mecanismo pierde eficiencia.

El especialista explicó que esa diferencia puede hacer que el ejercicio resulte más pesado y aumente el malestar físico, sin traducirse en una ventaja concreta para la pérdida de grasa.

Hombre con camiseta de tirantes y dorsal 254 corre en carretera, el cuerpo cubierto de sudor, con arbustos y colinas en el fondo bajo cielo claro.
La transpiración no es un indicador confiable del gasto calórico ni de la pérdida de grasa durante el entrenamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Kampert afirmó que intentar forzar una mayor transpiración con calor extremo o con exceso de abrigo no constituye una estrategia eficaz para adelgazar.

El efecto inmediato de sudar más puede reflejarse en la balanza como una baja momentánea de peso, pero esa variación responde a pérdida de líquido y no a una reducción real de tejido graso.

Qué factores pesan más y dónde están los riesgos reales

El criterio más sólido para aumentar el gasto energético sigue estando en la estructura del entrenamiento. Según explicó Kampert, variables como la intensidad, la duración y la constancia de la rutina tienen mucho más impacto que la temperatura del entorno.

Cuatro personas, dos mujeres y dos hombres, vestidas con ropa deportiva, caminan o trotan con intensidad por un sendero pavimentado en un parque verde y soleado.
La intensidad, la duración y la constancia del entrenamiento influyen más en el gasto energético que el frío o el calor (Imagen Ilustrativa Infobae)

La publicación advirtió además que el ejercicio en temperaturas extremas puede traer problemas que sí merecen atención. En el frío prolongado y sin protección adecuada, pueden verse afectadas la destreza, la flexibilidad y la fuerza muscular. En el calor, la dificultad para liberar temperatura se vuelve más marcada, sobre todo cuando hay humedad.

Ese escenario exige mayor cuidado en personas mayores, niños pequeños y quienes tienen una capacidad reducida para regular la temperatura corporal.

La recomendación no apunta a evitar toda actividad física al aire libre, sino a sostener prácticas seguras, con ropa adecuada, hidratación y atención a señales de malestar como mareos o agotamiento.

Un hombre blanco con chaqueta beige, pantalón negro y guantes negros corre en una calle urbana. Lleva un dorsal con el número 18210. Se ven árboles y edificios.
La intensidad, la duración y la constancia del entrenamiento influyen más en el gasto energético que el frío o el calor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese escenario exige mayor cuidado en personas mayores, niños pequeños y quienes tienen una capacidad reducida para regular la temperatura corporal.

La recomendación no apunta a evitar toda actividad física al aire libre, sino a sostener prácticas seguras, con ropa adecuada, hidratación y atención a señales de malestar como mareos o agotamiento.

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