
Sudar más no indica mala condición física. Según Hans-Georg Predel, médico de la Universidad del Deporte de Colonia, en Alemania, entrevistado por Der Spiegel, las personas entrenadas suelen transpirar antes que las personas sedentarias, porque activan con mayor eficiencia los mecanismos que regulan la temperatura corporal.
Un estudio publicado en el International Journal of Biometeorology lo confirmó: la mejora en la aptitud aeróbica tiene un efecto positivo directo sobre la respuesta de sudoración, mientras que el sedentarismo y el envejecimiento la inhiben.
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Cómo funciona el sistema de refrigeración del cuerpo
De acuerdo con lo explicado por Predel a Der Spiegel, la temperatura corporal se regula de forma estricta en torno a los 37 °C (98,6 °F).
Ante el aumento de temperatura provocado por el ejercicio, el calor o la fiebre, el hipotálamo —centro de control entre los sistemas nervioso y endocrino— activa dos mecanismos: dilata los vasos sanguíneos de la piel para permitir que la sangre caliente llegue a la superficie y pone en marcha las glándulas sudoríparas. Los seres humanos poseen entre 2 y 4 millones de estas glándulas.
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Lo que enfría el cuerpo no es el sudor en sí, sino su evaporación. El proceso extrae energía en forma de calor y reduce la temperatura corporal. En climas con alta humedad, ese mecanismo pierde eficiencia porque la evaporación se torna más lenta, lo que explica por qué el calor húmedo resulta especialmente agobiante.
Predel advirtió a Der Spiegel que si la temperatura corporal supera los 40 °C (104 °F), pueden producirse daños graves, incluido el golpe de calor, ya que incluso unos pocos grados por encima de lo normal afectan al funcionamiento del corazón, el cerebro y los músculos.
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Electrolitos, hidratación y riesgos
El sudor no es solo agua. Junto con ella, el cuerpo pierde sodio, cloruro, potasio, magnesio y calcio. Según el especialista, para la mayoría de las personas y en condiciones normales, basta con una ingesta suficiente de agua y una dieta equilibrada para reponer esos minerales. Las bebidas con electrolitos no son necesarias en todos los casos.
Durante sesiones de ejercicio prolongadas o intensas, especialmente a altas temperaturas, la situación cambia.

Quien entrene con intensidad durante 60 a 90 minutos o pierda varios litros de sudor debe reponer sodio además de líquidos, ya que de lo contrario existe riesgo de hiponatremia inducida por el ejercicio: una concentración peligrosamente baja de sodio en la sangre que puede aparecer al consumir grandes cantidades de agua sin reponer las sales perdidas.
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El especialista también alertó sobre el riesgo contrario: beber demasiada agua puede, en casos extremos, resultar mortal.
El médico destacó que el cuerpo tiene capacidad de adaptación: con la aclimatación al calor, aprende a producir más sudor con menor contenido de electrolitos, lo que reduce la pérdida de sales incluso cuando la transpiración aumenta.
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Cuándo el sudor es señal de alarma
El médico precisó ante Der Spiegel que la sudoración se convierte en motivo de consulta cuando ocurre sin causa aparente, es nueva e inusualmente intensa, o viene acompañada de otros síntomas como sudores nocturnos, fiebre, pérdida de peso involuntaria, taquicardia, dificultad para respirar o mareos. Los sudores fríos repentinos pueden ser signo de una emergencia, como un ataque cardíaco, y deben ser investigados de inmediato.

El sudor frío, a diferencia del que surge por calor, responde a la reacción de alarma del sistema nervioso simpático. Aparece de forma brusca, especialmente en palmas, plantas y axilas, y los vasos sanguíneos de la piel se contraen en lugar de dilatarse, por lo que la piel se siente fresca y húmeda aunque la temperatura corporal no esté elevada.
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Las personas con mayor vulnerabilidad ante el calor extremo son los adultos mayores, los niños, quienes padecen enfermedades crónicas y quienes realizan trabajos físicos o deportes en condiciones de alta temperatura.
Por qué huele el sudor y qué influye en la genética
El sudor fresco es, en realidad, casi inodoro. El olor característico solo aparece cuando las bacterias de la piel descomponen los componentes del sudor, en particular los provenientes de las glándulas apocrinas.
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La intensidad del olor depende de la flora cutánea, la genética, la higiene y, en cierta medida, la dieta y los medicamentos. Dos personas pueden sudar en cantidades similares y aun así generar olores completamente distintos.

Predel señaló que tres factores principales explican por qué algunas personas sudan más que otras: la genética —que afecta la actividad de las glándulas sudoríparas y la excitabilidad del sistema nervioso autónomo—, el entrenamiento —que adelanta el inicio de la transpiración— y la aclimatación al calor. La tendencia básica de cada organismo es, no obstante, difícil de modificar de forma radical.
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El médico recomienda a quienes transpiran en exceso acostumbrarse al calor de forma gradual —lo que suele mejorar la termorregulación en una o dos semanas—, elegir ropa con tejidos funcionales o fibras naturales ligeras y consultar a un médico ante cualquier sudoración nueva o desproporcionada. Actualmente existen tratamientos para la hiperhidrosis, desde antitranspirantes médicos hasta la toxina botulínica.
Respecto a la dieta, Predel señaló que el consumo de alimentos muy picantes, el exceso de alcohol o la cafeína pueden incrementar la sudoración en ciertas personas, algo que muchos deportistas amateur reconocen tras haber entrenado al día siguiente de una noche de celebración.
El segundo mito que desmintió el especialista ante Der Spiegel es que “sudar desintoxica”. Según explicó, el sudor es principalmente agua con algo de sal, y la desintoxicación del organismo la realizan el hígado y los riñones. La función del sudor es, ante todo, proteger al cuerpo del sobrecalentamiento.
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