
La circulación sanguínea permite que el oxígeno y los nutrientes lleguen a los tejidos del organismo. Cuando las arterias se estrechan, ese aporte puede verse afectado y algunas partes del cuerpo comienzan a recibir menos sangre de la necesaria, aun sin síntomas evidentes en las primeras etapas.
Una de las afecciones que puede generar esta alteración es la enfermedad arterial periférica (EAP), que afecta la irrigación de las piernas por la acumulación de placa grasa en las arterias. De acuerdo con Harvard Health Publishing, suele avanzar de forma silenciosa y, en muchos casos, sus primeras señales se confunden con cansancio o molestias habituales.
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Su manifestación más característica es la claudicación, un dolor tipo calambre que aparece al caminar y obliga a detenerse, aunque también puede presentarse con pesadez, adormecimiento o malestar en una o ambas piernas. Cuando avanza y provoca heridas que no cicatrizan, puede requerir tratamiento para restablecer la circulación.

Harvard Health Publishing indica que los factores de riesgo son, en gran medida, los mismos que favorecen la enfermedad coronaria. Entre ellos figuran el tabaquismo, la diabetes, la enfermedad renal, la hipertensión, el colesterol elevado y los antecedentes familiares. 1 de cada 5 personas mayores de 70 años podría verse afectada por este cuadro, según el artículo, lo que refuerza la necesidad de reconocerlo de forma temprana.
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Cambios de hábitos y medicamentos
En la mayoría de los casos, el tratamiento no comienza en el quirófano sino en la vida cotidiana. La primera línea incluye dejar de fumar, sostener una alimentación saludable y realizar actividad física regular.
Caminar ocupa un lugar central dentro de esa estrategia. La doctora Anahita Dua, directora del Laboratorio Vascular del Massachusetts General Hospital, afiliado a Harvard, explicó en que este ejercicio favorece la circulación en arterias más pequeñas de las piernas y ayuda a formar nuevos caminos para que la sangre rodee las zonas bloqueadas.
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La especialista recomienda caminar al menos 30 minutos, tres veces por semana. Cuando aparece el dolor, la sugerencia consiste en hacer una pausa hasta que ceda y luego retomar la marcha. Esa rutina, sostenida en el tiempo, puede aliviar los síntomas y mejorar la capacidad funcional de quienes conviven con la enfermedad.

El tratamiento farmacológico también forma parte del abordaje habitual. Según Harvard Health Publishing, los médicos pueden indicar medicamentos para aliviar los síntomas y otros destinados a controlar factores de riesgo como la presión arterial, la glucosa y el colesterol, variables que influyen de manera directa en la progresión del daño vascular. En ciertos pacientes, también pueden recomendar combinaciones de aspirina, clopidogrel y rivaroxabán para reducir la posibilidad de coágulos.
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La revisión añade otro dato. Los agonistas del receptor GLP-1, entre ellos la semaglutida y utilizada en diabetes tipo 2 y obesidad, podrían aportar beneficios en personas con enfermedad arterial periférica. Harvard Health Publishing no los presenta como terapia exclusiva, pero sí como una herramienta con potencial dentro de un esquema más amplio de control cardiovascular.
Cuándo la enfermedad se vuelve grave
Aun así, existe una minoría de pacientes que evoluciona hacia una etapa más grave. Ese cuadro se conoce como isquemia crítica que amenaza la extremidad. Según la explicación de Dua, suele identificarse por dos manifestaciones principales: dolor intenso en reposo, sobre todo por la noche cuando la persona se acuesta, y lesiones o llagas en los pies que tardan en cicatrizar. Ambas señales reflejan un déficit severo en la circulación de las piernas y los pies.
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Antes de llegar a ese punto pueden aparecer signos de alarma. El artículo menciona un pie más frío que el otro, piel pálida, azulada o brillante en las piernas, escasez de vello en esa zona y uñas de los pies con crecimiento lento.

En quienes ya recibieron el diagnóstico, el cuidado cotidiano resulta clave: mantener los pies limpios y secos, usar calzado adecuado y revisar a diario si hay cortes, ampollas, hematomas o enrojecimiento.
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Frente a la isquemia crítica, el tratamiento requiere rapidez. Harvard Health Publishing remarca que la mayoría de las personas con enfermedad arterial periférica no necesita procedimientos, pero ese grupo sí debe recibir atención inmediata para recuperar el flujo sanguíneo.
También puede considerarse una intervención en pacientes con lo que los especialistas llaman claudicación limitante para el estilo de vida, un escenario en el que el dolor persiste pese a la caminata habitual y la medicación, hasta el punto de impedir actividades corrientes.
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Qué procedimientos se utilizan
Las opciones disponibles varían según la extensión y el sitio de la obstrucción. Una de las técnicas menos invasivas es la angioplastia. En ese procedimiento, el médico introduce un catéter por el vaso sanguíneo y utiliza un pequeño balón para comprimir la placa y ampliar la arteria.
En muchos casos, además, coloca una endoprótesis vascular, una malla diminuta que ayuda a mantener el conducto abierto. En determinadas situaciones se usan dispositivos especiales para retirar parte del material acumulado dentro de la arteria.
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Otra alternativa es la endarterectomía. Allí, el cirujano vascular realiza una incisión en la arteria afectada y extrae manualmente la placa adherida a las paredes. También existe la cirugía de bypass, que crea un desvío alrededor del bloqueo mediante un vaso sano del propio paciente o un conducto sintético. La elección depende de la localización de la obstrucción, que puede extenderse desde la pelvis y el muslo hasta la pantorrilla o el pie.

La revisión de Harvard Health Publishing advierte que, si estos recursos no logran controlar la situación y aparecen heridas que no cicatrizan, infecciones sin respuesta o dolor extremo, la amputación queda como último recurso. En algunos casos, incluso personas con complicaciones menos severas eligen esa salida para recuperar autonomía física con una prótesis.
Ante la recomendación de un procedimiento, Dua plantea una pregunta central para el paciente: cuál es la forma más durable de restablecer suficiente circulación hacia las piernas y los pies.
La respuesta no siempre es la misma, porque algunos bloqueos se resuelven al tratar el segmento más alto de la pierna, mientras otros requieren abordar varias zonas en una sola etapa o en distintas instancias.
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