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Las vacaciones sin tiempo de descanso elevan el estrés al volver al trabajo, alertan los expertos

La saturación de planes, visitas y experiencias en el viaje impide la recuperación y puede dejar un desgaste físico y mental que hace más dura la reincorporación laboral

Ilustración de un hombre en traje y con maletín que transita de un paisaje de montañas nevadas a una oficina con escritorio, monitor y papeles.
Las vacaciones sin pausas elevan el estrés al volver al trabajo y dificultan la recuperación física y mental (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Quienes regresan del descanso en verano o invierno con la sensación de necesitar más vacaciones no están solos: es un fenómeno cada vez más frecuente. La sobrecarga de actividades, la presión por aprovechar cada hora del viaje y la dificultad para desconectarse de las obligaciones cotidianas convierten lo que debería ser un período de recuperación en una experiencia igualmente agotadora. La causa, advierten los expertos, suele ser la misma: la ausencia de pausas reales dentro del propio viaje.

El problema no reside en viajar, sino en cómo se viaja. La tendencia a acumular planes, visitas y experiencias al límite de las horas disponibles genera un desgaste físico y mental que se acumula hasta el regreso. Cuando ese desgaste no se procesa durante el viaje, la vuelta al trabajo no solo resulta más difícil, sino que puede derivar en niveles de estrés aún mayores que los previos a las vacaciones.

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La solución que proponen los especialistas es más accesible de lo que parece: incorporar, de manera deliberada, espacios de inactividad dentro de los días de descanso. No como un recurso de último momento, sino como parte de la planificación desde el principio.

El valor de no hacer nada

Una persona recostada en un sofá bajo una manta, con una mano en la frente. Una taza de té y un libro están sobre una mesa junto a una ventana.
Los especialistas proponen incorporar espacios de inactividad en las vacaciones desde la planificación del viaje (Imagen Ilustrativa Infobae)

GQ recoge las recomendaciones de expertos en salud mental que apuntan a una práctica concreta: reservar tiempo sin estructura durante las vacaciones. Puede ser una tarde sin agenda, un paseo sin destino fijo o una jornada completa dedicada al descanso. La clave es que ese tiempo no esté subordinado a ningún objetivo más allá de la recuperación.

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Actividades de bajo impacto como la lectura, los masajes o simplemente recorrer la ciudad sin un itinerario establecido tienen un efecto directo sobre la mente. Lejos de representar una pérdida de tiempo, funcionan como un mecanismo de regulación que previene la saturación y prepara al organismo para el retorno a la rutina. GQ señala que explorar el entorno de forma libre, sin ningún tipo de estructura, reporta beneficios cognitivos concretos: favorece la reflexión y estimula la creatividad.

La propuesta no implica desaprovechar el viaje, sino reorganizarlo. Alternar días o tardes de actividad intensa con momentos de calma permite mantener la energía a lo largo de toda la estadía y llegar al último día sin el agotamiento acumulado que suele preceder a la vuelta al trabajo.

Vacaciones frecuentes vs. vacaciones largas

Un estudio publicado en PubMed Central sostiene que las vacaciones frecuentes y cortas son más efectivas para sostener el bienestar que los períodos de descanso largos pero infrecuentes. El trabajo, centrado en entornos laborales de alta exigencia, plantea que la recuperación es un proceso que requiere regularidad.

Imagen de escritores y escritoras sonrientes, compartiendo y recomendando libros en un encuentro literario. Un momento lleno de pasión por la lectura, escritura, cultura y el fascinante mundo de los libros. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los expertos advierten que reservar tiempo libre sin objetivos también en la rutina semanal ayuda a prevenir el agotamiento crónico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según el documento de PubMed Central, incorporar descansos periódicos a lo largo del año reduce los niveles de estrés de forma sostenida y mejora el rendimiento, a diferencia de los modelos tradicionales que concentran todo el descanso anual en un único bloque vacacional.

El estudio va más allá del individuo y propone que tanto empresas como responsables de políticas laborales reconsideren la forma en que se planifica el tiempo libre. La integración de pausas frecuentes en la cultura organizacional, argumentan los autores, no responde solo a una cuestión de bienestar personal, sino también a una lógica de productividad sostenible.

Un hábito que no termina con el verano o el invierno

Los expertos consultados por GQ remarcan que la práctica de reservar tiempo sin actividades programadas no debe limitarse al período vacacional. Llevar ese hábito a la rutina semanal, con momentos designados para el descanso y la exploración personal, puede funcionar como una estrategia de prevención frente al agotamiento crónico.

La lógica es simple: si el descanso activo, entendido como el tiempo libre sin objetivos específicos, reduce el impacto de la vuelta al trabajo después de las vacaciones, su aplicación regular a lo largo del año podría atenuar la necesidad misma de “desconectarse por completo” durante el verano o el invierno. No se trata de renunciar a los viajes largos, sino de no depositar en ellos toda la carga de recuperación anual.

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