
El aumento de enfermedades hepáticas en el mundo ha encendido alertas entre especialistas que atribuyen parte de esta tendencia al avance de hábitos sedentarios, como permanecer sentado durante largas horas. El fenómeno preocupa a la comunidad médica internacional, entre ellos expertos citados por The Lancet, quienes advierten que los cambios en el estilo de vida están modificando el perfil epidemiológico de las patologías hepáticas.
El incremento de casos de enfermedad hepática también ha sido registrado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que advierte sobre la expansión global de la enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica.
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Según la OMS, factores como el sedentarismo, el aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2 están modificando el panorama de las patologías hepáticas a nivel mundial. La entidad resalta que la reducción del tiempo sentado y el fomento de la actividad física constituyen medidas prioritarias para frenar la progresión de la enfermedad hepática metabólica y sus complicaciones más graves.
El impacto del sedentarismo en el riesgo metabólico y hepático

Según un informe reciente publicado en The Lancet, el cáncer de hígado se posiciona como la tercera causa de muerte por tumores a nivel mundial y podría superar los 1,5 millones de casos anuales hacia 2050. Históricamente, las infecciones por hepatitis B y C encabezaban la lista de causas, pero los trastornos metabólicos, asociados con obesidad, diabetes tipo 2, alimentación inadecuada y sedentarismo, están desplazando a las causas infecciosas.
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Especialistas citados por Correio Braziliense sostienen que la enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica afecta ya cerca del 40% de los hombres adultos. El acúmulo de grasa en el hígado, que puede empezar como una condición silenciosa, tiene potencial de avanzar hacia cirrosis y cáncer. La expansión de factores de riesgo metabólicos, impulsada por el estilo de vida sedentario, se mantiene incluso en escenarios donde las campañas de vacunación han tenido éxito.
La doctora Aline Oliveira, especialista en radiología abdominal, señala que el cáncer de hígado está dejando de ser predominantemente infeccioso para volverse una enfermedad metabólica. “La prevención ya no depende solo de vacunas o antivirales, sino de cambios estructurales en el estilo de vida. Combatir obesidad y diabetes, así como mantener controles de rutina, es clave para la prevención futura”, afirmó al medio brasileño.
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La revisión de más de 50 estudios realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y reseñada en La Vanguardia concluyó que los largos periodos sentado sin interrupción se relacionan con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. Las pausas regulares, especialmente cada 15 a 20 minutos, demostraron reducir la respuesta de glucosa e insulina tras las comidas. La investigadora Jen Gale explicó que caminar unos minutos durante esas pausas es la estrategia más efectiva.
Evidencia internacional y recomendaciones

Un extenso estudio dirigido por la Universidad de Sídney, citado por ScienceDaily, realizó el seguimiento de más de 72.000 personas y concluyó que aumentar el número de pasos diarios reduce el riesgo de muerte prematura y enfermedades cardiovasculares, incluso en personas con largas jornadas sedentarias. “Cualquier cantidad de pasos por encima de los 2.200 diarios se asocia con menor mortalidad y menor riesgo cardiovascular, tanto en personas con baja como con alta cantidad de tiempo sedentario”, resume el informe.
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En cuanto al hígado, el informe de The Lancet destaca que el riesgo de desarrollar enfermedad hepática esteatótica y sus consecuencias más graves (incluida la cirrosis y el cáncer) puede reducirse al modificar factores como la dieta, la actividad física y el control del peso. El control glicémico y la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados y ricos en fructosa se consideran fundamentales. Según la doctora Natália Trevizoli, hepatóloga, la combinación de hipogonadismo y alto consumo de frutosa actúa de manera sinérgica en el desarrollo de la enfermedad hepática metabólica, ya que ambos factores promueven el acúmulo de grasa y el estrés oxidativo.
La Harvard Medical School y la Mayo Clinic coinciden en que la actividad física regular no solo previene enfermedades cardiovasculares, sino también el desarrollo de enfermedades hepáticas asociadas a disfunción metabólica. Ambas instituciones resaltan que tanto la duración como la intensidad de la actividad física influyen directamente en los riesgos para el hígado. Además, la evidencia sugiere que incluso en personas que hacen ejercicio en su tiempo libre, prolongar el tiempo sentado durante el resto del día puede contrarrestar los beneficios, por lo que se recomienda interrumpir la inactividad de manera frecuente.
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