Cuáles son las 5 dimensiones que determinan un intestino sano, según un consenso internacional

Un documento publicado en Nature Reviews por la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos establece criterios que amplían radicalmente la forma de entender y evaluar el bienestar digestivo

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Torso humano semitransparente con órganos internos como el intestino grueso, el intestino delgado y el estómago, rodeados por miles de bacterias coloridas.
La ciencia vincula el microbioma intestinal con la inmunidad, la inflamación, el estado de ánimo y el riesgo de enfermedades crónicas - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Billones de microorganismos que habitan el intestino humano regulan desde la respuesta inmunitaria hasta el estado de ánimo. Un microbioma equilibrado se asocia con menor riesgo de enfermedades crónicas, según una serie de investigaciones recientes que amplían la comprensión del papel del intestino en la salud general.

La Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP, por sus siglas en inglés) publicó en Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology una declaración de consenso que define la salud intestinal como “un estado de función gastrointestinal normal, sin enfermedades activas ni síntomas que afecten la calidad de vida”. El documento identifica cinco dimensiones para evaluarla: digestión y absorción, microbioma intestinal, barrera intestinal, inmunidad y bienestar general.

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Asimismo, un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge, que analizó más de 11.000 muestras de microbioma intestinal de personas en 39 países, concluyó que la presencia elevada de CAG-170 se registra de forma consistente en personas sanas, mientras que sus niveles bajos se asocian con enfermedades como el síndrome de intestino irritable, la obesidad y la fatiga crónica.

Infografía sobre el intestino y la salud con título, texto explicativo, íconos de intestino, bacterias, cerebro, alimentos y actividades físicas. Incluye fuentes.
Una infografía detalla la conexión entre el microbioma intestinal y la salud, presenta datos sobre bacterias específicas, dieta y hábitos, e indica que el 95% de los adultos en Estados Unidos no consume suficiente fibra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una bacteria “oculta” que marca la diferencia

Investigadores de la Universidad de Cambridge publicaron en la revista Cell Host & Microbe los resultados de un análisis de más de 11.000 muestras de microbioma intestinal de personas en 39 países.

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El hallazgo central fue una bacteria hasta entonces poco estudiada, denominada CAG-170, cuya presencia en niveles elevados se registró de forma consistente en personas sanas, mientras que sus niveles bajos se asociaron con enfermedades como el síndrome de intestino irritable, la obesidad y la fatiga crónica.

“CAG-170 parece ser un actor clave en la salud humana, probablemente porque ayuda a digerir los principales componentes de nuestra alimentación y mantiene en funcionamiento todo el microbioma”, afirmó el doctor Alexandre Almeida, investigador del Departamento de Medicina Veterinaria de Cambridge que lideró el trabajo.

Ilustración de un cerebro, intestino, bacterias, flores, caduceos, estructuras moleculares y hélices de ADN sobre un fondo abstracto en tonos pastel.
La investigación sobre el eje microbiota-intestino-cerebro describió una comunicación bidireccional que influye en el desarrollo neurológico, la neurotransmisión y el comportamiento - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo encontró que esta bacteria tiene capacidad para producir grandes cantidades de vitamina B12 y enzimas que descomponen carbohidratos, azúcares y fibras. Los investigadores estiman que la vitamina B12 producida por CAG-170 beneficia a otras bacterias del ecosistema intestinal, y no directamente al huésped.

El estudio señala que niveles bajos de CAG-170 se vinculan con una mayor probabilidad de disbiosis, el desequilibrio del microbioma que se ha asociado con condiciones inflamatorias como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

El intestino y el cerebro, una conversación de doble vía

La conexión entre el intestino y el sistema nervioso central es uno de los campos de mayor actividad en la investigación biomédica reciente. Un artículo publicado en enero de 2026 en Frontiers in Neuroscience describe el eje microbiota-intestino-cerebro como un sistema de señalización bidireccional que regula el desarrollo neurológico, la neurotransmisión y el comportamiento a través del nervio vago, el sistema inmunitario y metabolitos bacterianos como los ácidos grasos de cadena corta.

Ilustración acuarela de un torso humano, con manos en el abdomen y órganos internos transparentes y coloridos como los pulmones, hígado e intestinos.
Un estudio de la Universidad de Cambridge identificó a la bacteria CAG-170 como un marcador de salud del microbioma intestinal en más de 11.000 muestras de 39 países - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese mismo eje ha sido vinculado con trastornos psiquiátricos. Un estudio de la Harvard Medical School publicado en el Journal of the American Chemical Society identificó un mecanismo por el cual la bacteria intestinal Morganella morganii puede influir en la depresión.

Los investigadores encontraron que, al interactuar con un contaminante ambiental llamado dietanolamina, esta bacteria produce una molécula que activa el sistema inmunitario y desencadena la liberación de proteínas inflamatorias, en particular la interleucina-6 (IL-6), un proceso que podría estar en la base de algunos casos de depresión.

El hallazgo refuerza la hipótesis de que ciertas formas de depresión involucran respuestas inmunitarias moduladas por el microbioma, lo que abre la posibilidad de tratamientos que actúen sobre la inflamación en lugar de limitarse al sistema nervioso central.

Ilustración de un intestino, con una lupa mostrando bacterias. Incluye una báscula, balanza, reloj y un gráfico de descenso, todo sobre fondo aguamarina.
Los niveles bajos de CAG-170 se asociaron con síndrome de intestino irritable, obesidad, fatiga crónica y mayor probabilidad de disbiosis vinculada con Crohn y colitis ulcerosa - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dieta, diversidad y microbioma cardiometabólico

La alimentación es el principal factor modificable que moldea la composición del microbioma intestinal. Un estudio a gran escala publicado en Nature, basado en los datos del programa ZOE PREDICT con cohortes de múltiples países, identificó especies microbianas asociadas de forma consistente con marcadores favorables de salud cardiometabólica, como glucemia, colesterol y triglicéridos. Los investigadores organizaron esas especies en dos rankings que relacionan el microbioma con la calidad de la dieta y el estado de salud del huésped.

Una revisión publicada en PubMed y elaborada por expertos en nutrición y microbiología señala que los patrones alimentarios ricos en prebióticos, alimentos fermentados y compuestos bioactivos de origen vegetal, como polifenoles y flavonoides, promueven la diversidad y estabilidad del microbioma.

Las fibras dietéticas fermentables, presentes en legumbres, cereales integrales, frutas y verduras, sirven de sustrato para bacterias como Bifidobacterium y Faecalibacterium prausnitzii, cuya abundancia se asocia con menor inflamación sistémica.

Mujer con bata blanca observa una pantalla holográfica con un intestino humano ampliado, células, una doble hélice de ADN y conexiones genéticas luminosas.
La dieta rica en prebióticos, alimentos fermentados, fibras, polifenoles y flavonoides favoreció la diversidad del microbioma y se asoció con mejor salud cardiometabólica - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Universidad de Sídney publicó en junio de 2025 un análisis en el que subraya que las dietas ricas en alimentos de origen vegetal favorecen una mayor diversidad microbiana vinculada con mejor salud cardiometabólica. El texto advierte, al mismo tiempo, que no todos los patrones vegetales son equivalentes: las dietas con alta presencia de ultraprocesados, aunque de base vegetal, pueden deteriorar el microbioma de forma similar a las dietas ricas en carnes rojas.

Qué hábitos respalda la evidencia

Más allá de la alimentación, otros factores inciden en el equilibrio del microbioma. La Universidad de Utah publicó en agosto de 2025 una guía de salud intestinal basada en evidencia que enumera cuatro áreas de acción: actividad física regular —con un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio moderado—, manejo del estrés, hidratación adecuada y sueño suficiente.

El documento también advierte que hasta el 95% de los adultos en Estados Unidos no consume la cantidad de fibra recomendada, que oscila entre 25 y 35 gramos diarios según la edad y el sexo.

Primer plano de una persona sentada con las manos en el estómago, una expresión de dolor y un plato de lechuga en una mesa.
La ISAPP definió la salud intestinal como una función gastrointestinal normal y la evaluó por digestión y absorción, microbioma intestinal, barrera intestinal, inmunidad y bienestar general - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir, el kimchi y el chucrut, aportan microorganismos vivos que pueden contribuir a la diversidad microbiana. Los investigadores de Frontiers in Microbiology señalan que combinar alimentos ricos en prebióticos con fuentes de probióticos, una estrategia denominada simbiótica, potencia la producción de metabolitos beneficiosos y reduce marcadores de inflamación.

La ISAPP subraya que el microbioma no es estático: responde a los cambios en la dieta en cuestión de días, aunque la estabilidad a largo plazo depende de la constancia en los hábitos. Los investigadores de Cambridge señalan que CAG-170, la bacteria recientemente identificada como marcador de salud, se mantiene temporalmente estable en individuos sanos, lo que sugiere que un microbioma bien establecido tiene capacidad de autorregulación ante perturbaciones puntuales.

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