
El consumo diario de té verde puede aportar un apoyo modesto al hígado, sobre todo si forma parte de hábitos saludables sostenidos en el tiempo. Según reveló la dietista Lauren Manaker en EatingWell, esta bebida concentra compuestos antioxidantes y antiinflamatorios que la investigación ha vinculado con algunos indicadores favorables de salud hepática.
El hígado cumple tareas esenciales: procesa nutrientes, filtra toxinas de la sangre, produce bilis para la digestión y ayuda a regular el azúcar y el colesterol. Por eso, la alimentación y las bebidas habituales influyen en su funcionamiento más de lo que muchas personas creen.
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El té verde forma parte de la alimentación tradicional desde hace miles de años. En las últimas décadas, añadió Manaker en EatingWell, ha despertado interés científico por sus compuestos bioactivos y por su posible relación con la salud del hígado.
Cómo puede afectar el té verde al hígado
Los posibles beneficios hepáticos del té verde se atribuyen sobre todo a las catequinas, un grupo de compuestos vegetales. Entre ellas destaca la epigalocatequina galato (EGCG), que representa alrededor del 50% y el 80% del contenido total de catequinas de esta bebida.
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Estas sustancias no son exclusivas del té verde, pero esta infusión figura entre las fuentes alimentarias más ricas. A partir de esa composición, la investigación ha explorado qué podría ocurrir cuando una persona lo toma a diario.
Su papel en personas con acumulación de grasa

La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), antes llamada enfermedad por hígado graso no alcohólico, aparece cuando se acumula demasiada grasa en las células del hígado y eso provoca daño hepático. Lauren Manaker señala que se calcula que afecta a cerca del 30% de los adultos en todo el mundo.
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Con frecuencia, esta afección avanza sin síntomas claros y convive con obesidad, diabetes tipo 2 y triglicéridos altos. Johannah Katz, dietista-nutricionista, señaló que una posible consecuencia del consumo de té verde es la mejora de algunos marcadores de salud hepática, en especial en personas con enfermedad por hígado graso no alcohólico.
La investigación sobre el té verde se ha centrado en esta enfermedad porque implica varios procesos sobre los que sus compuestos podrían influir. Entre ellos figuran la acumulación de grasa, el estrés oxidativo, la resistencia a la insulina y la inflamación de bajo grado.
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Los estudios de laboratorio apuntan a que la EGCG podría actuar sobre esas vías. Los estudios en humanos, por su parte, han relacionado el consumo de té verde con mejoras en algunos marcadores de salud del hígado.

Aun así, la evidencia no se considera definitiva, ya que todavía hacen falta ensayos clínicos más amplios y de mayor calidad para confirmar esos efectos.
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Podría reducir las enzimas hepáticas elevadas
Las enzimas hepáticas elevadas suelen indicar lesión o enfermedad en el hígado. En ese terreno, algunos hábitos de vida, entre ellos beber té verde con regularidad, podrían ayudar a llevarlas a niveles más saludables.
Malina Malkani, dietista-nutricionista, afirmó que adoptar el hábito del té verde se asocia con una reducción de las enzimas hepáticas incluso tras pocas semanas de consumo regular. Según explicó, ese descenso suele observarse cuando las personas toman entre tres y cuatro tazas al día.
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La especialista añadió que esa bajada apunta a una menor inflamación del hígado. Los beneficios parecen más marcados en personas con enfermedad hepática, mientras que en adultos sanos los resultados han sido dispares.
Sus antioxidantes podrían proteger las células del hígado
El estrés oxidativo se produce cuando los radicales libres superan a los antioxidantes del organismo y dañan las células. En el hígado, ese proceso impulsa la lesión celular, sobre todo cuando el órgano ya soporta acumulación de grasa e inflamación.
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La EGCG, uno de los principales antioxidantes del té verde, podría ayudar a neutralizar moléculas inestables que contribuyen a ese daño. Katz explicó que las catequinas, incluida la EGCG, podrían reforzar las defensas antioxidantes, regular la inflamación y apoyar el metabolismo de las grasas en el hígado.
La experta también apunta a un posible efecto sobre la autofagia, un mecanismo de limpieza celular que permite a las células hepáticas eliminar componentes dañados. Esa función se estudia como otra vía por la que el té verde podría contribuir al cuidado del órgano.
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Malkani sostuvo además que quienes incorporan esta bebida a su rutina durante meses o años son menos propensos a desarrollar enfermedad por hígado graso y cáncer de hígado. Según Manaker en EatingWell, esa relación se atribuye al contenido antioxidante del té verde y a sus efectos favorables sobre la inflamación hepática con el paso del tiempo.
Otros hábitos que también ayudan al hígado

Ningún alimento o bebida puede hacer por sí solo todo el trabajo. La salud del hígado depende más bien de un conjunto de hábitos sostenidos:
- Seguir una dieta equilibrada con alimentos enteros o mínimamente procesados, ricos en fibra, proteínas magras y grasas saludables.
- Reducir las grasas saturadas, los carbohidratos refinados y el azúcar añadido.
- Mantener actividad física constante, ya que el ejercicio ayuda al cuerpo a usar triglicéridos como fuente de energía. Con el tiempo, eso puede reducir la cantidad de grasa almacenada en el hígado.
- Limitar la exposición a tóxicos presentes en productos de limpieza, aerosoles, insecticidas y humo de tabaco. Para ello, sirve usar esos productos en espacios ventilados y evitar fumar.
- Moderar o evitar el alcohol, dado que puede dañar y dejar cicatrices en el tejido hepático.
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