
En el pódcast The Dr. Hyman Show, presentado por el Dr. Mark Hyman, el médico especialista en medicina funcional, el Dr. Eric Verdin, presidente del Buck Institute for Research on Aging, destacó la importancia del envejecimiento biológico como factor en el riesgo de enfermedades crónicas.
Ambos expertos analizaron los hallazgos más recientes sobre la relación entre sistema inmunitario, inmunosenescencia, mitocondrias y microbioma intestinal, profundizando en los mecanismos que permiten intervenir sobre el deterioro inmunitario e impulsar una medicina preventiva. El envejecimiento biológico impacta directamente en la vulnerabilidad del sistema inmunitario y en la incidencia de enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y metabólicas.
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Según Verdin, se ha demostrado que intervenciones como una dieta rica en fibra, actividad física constante, buen descanso nocturno y reducción del estrés ayudan a conservar la función inmunitaria y a limitar la inflamación crónica, factores clave para prolongar la salud y retrasar el declive inmunológico.

El envejecimiento biológico como factor de riesgo central
Durante la entrevista, Verdin presentó en detalle la “hipótesis geriátrica”, que describe al envejecimiento biológico como origen común de la mayoría de patologías asociadas a la edad. Explicó: “El envejecimiento es el principal riesgo para enfermedades como el infarto, el accidente cerebrovascular, la diabetes o el Alzheimer”, subrayando que la influencia de la edad supera a factores clásicos como el colesterol, “cuya importancia es siete veces menor”.
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Hyman añadió que la medicina ha enfocado cada enfermedad de forma individual, mientras que Verdin lo caracterizó como “medicina de reacción; responder caso por caso”. Para el especialista, atacar los mecanismos básicos del envejecimiento permitiría retrasar la aparición conjunta de múltiples enfermedades, señalando: “Si solo nos enfocáramos en el envejecimiento, podríamos prolongar la vida mucho más que curando cada enfermedad de manera independiente”.
No obstante, Verdin expresó que existen límites biológicos —“muy pocas personas superan los 115 años”, puntualizó—, pero frenar el proceso celular del envejecimiento representa la mejor estrategia para transformar la expectativa y calidad de vida.
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La inmunosenescencia y el desafío de la inflamación persistente
Entre los temas analizados, la inmunosenescencia ocupó un lugar central como el fenómeno del progresivo deterioro del sistema inmunitario asociado a la edad. Verdin señaló: “La inflamación crónica relacionada con el envejecimiento es un enemigo silencioso de la longevidad: prepara el terreno para el desarrollo de enfermedades crónicas”.
El presidente del Buck Institute for Research on Aging aclaró que la inflamación, en situaciones agudas como una herida, es positiva al facilitar la reparación tisular. Sin embargo, al envejecer, esta respuesta se mantiene activa y termina provocando daños adicionales: “Una reacción biológica pensada para ayudar, si se cronifica, termina siendo parte del problema”.
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Detalló que el sistema inmunitario está compuesto por la inmunidad innata —primera línea de defensa, inespecífica— y la inmunidad adaptativa, que aprende a combatir agentes específicos. Con el paso de los años, la inmunidad innata tiende a sobreactivarse y a detectar amenazas inexistentes, mientras que la adaptativa se debilita y limita la eficacia frente a nuevas infecciones o tumores.
Según Verdin, esto explica por qué los adultos mayores responden peor a las vacunas, sufren más infecciones respiratorias y presentan mayor prevalencia de tumores. Remarcó: “El sistema inmune adaptativo depende en gran parte del timo, que se atrofia con la edad y limita la generación de células defensivas nuevas”.
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Mitocondrias, microbioma y envejecimiento del sistema inmune
Durante la conversación, Verdin se detuvo en la relación entre mitocondrias, inflamación y microbioma intestinal. Señaló que las mitocondrias, además de producir energía, actúan como sensores de inflamación: “Cuando las mitocondrias funcionan mal, generan radicales libres que favorecen la inflamación”.
El daño acumulado en estos orgánulos afecta la vitalidad celular y desencadena señales inflamatorias, acelerando el envejecimiento y el deterioro inmunológico, según el experto. “La función mitocondrial es uno de los pivotes centrales en la biología del envejecimiento”, remarcó.
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El microbioma intestinal también surgió como elemento fundamental en la defensa inmunitaria: “La mitad de tu sistema inmunitario se encuentra en el intestino”, afirmó Verdin. Destacó que la fibra dietética es esencial para mantener una microbiota diversa y saludable. La dieta, explicó, influye directamente en la calidad del microbioma y, en consecuencia, en la regulación de la inflamación y la capacidad de respuesta frente a agresores externos.
De acuerdo con Verdin, consumir alimentos ricos en fibra, como vegetales y cereales integrales, favorece la producción de sustancias beneficiosas conocidas como postbióticos por parte de las bacterias intestinales. Esto tiene efectos positivos sobre la salud inmunitaria y la longevidad.
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Estrategias frente al envejecimiento inmunológico y horizonte de la longevidad
Consultado sobre intervenciones efectivas, Verdin subrayó la importancia de los hábitos cotidianos: “La alimentación basada en fibra, el ejercicio regular, el suficiente descanso y la gestión del estrés son el pilar de la medicina de la longevidad”. Insistió en que estas recomendaciones, aunque simples, cuentan con un respaldo robusto por parte de la investigación científica.
Sobre el uso de suplementos, Verdin abordó el caso de la urolitina A, un compuesto derivado de alimentos ricos en elagitanninos como la granada, las nueces y ciertas bayas, y que solo puede producirse con una microbiota intestinal específica.
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Detalló: “La urolitina A activa la mitofagia —el reciclaje de mitocondrias defectuosas— y promueve la regeneración del sistema inmunitario”. En estudios en personas, su administración se ha relacionado con un aumento de células T vírgenes y mejoras en indicadores de inflamación, abriendo posibilidades para reforzar el sistema inmunitario durante la vejez.
El diálogo anticipó la llegada de herramientas para medir de manera dinámica el envejecimiento funcional, como los relojes biológicos basados en biomarcadores inmunológicos. Estos desarrollos permitirán detectar alteraciones potenciales antes de que se manifiesten las enfermedades y ajustar estrategias preventivas a tiempo.
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