El sorprendente efecto del bostezo en el cerebro, según la ciencia

El análisis de resonancias magnéticas demostró que este reflejo, que dura entre cuatro y siete segundos, tiene una función biológica más compleja que el simple alivio del cansancio o el aburrimiento

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Ilustración de perfil de una cabeza humana en tonos azules con la boca abierta en un bostezo, mostrando un cerebro blanco y un flujo de líquido azul con iconos.
Ilustración plana de una silueta humana bostezando con un corte lateral que revela el flujo del líquido cefalorraquídeo azul hacia el cerebro, representando su función biológica y su impacto cerebral. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El bostezo, uno de los reflejos más universales y enigmáticos, ha intrigado a la ciencia durante siglos. El movimiento involuntario de abrir la boca, inhalar profundamente y estirar los músculos faciales forma parte de la vida cotidiana de humanos y animales. Aunque suele asociarse con el cansancio o el aburrimiento, la investigación reciente sugiere que su finalidad biológica es mucho más compleja.

El análisis de resonancias magnéticas reveló que esta acción reorganiza el flujo del líquido cefalorraquídeo fuera del cerebro, lo que ayuda a eliminar desechos y a mantener el equilibrio de presión, favoreciendo la salud cerebral general, según un estudio publicado en la revista Respiratory Physiology & Neurobiology. Esta reorganización es consecuencia de un movimiento coordinado y repetible de la mandíbula, la cabeza y el cuello, que influye directamente en el flujo de este líquido esencial alrededor del cerebro y la médula espinal.

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La hipótesis de la activación sostiene que bostezar activa el cerebro al aumentar el ritmo cardíaco y estirar varios músculos faciales, contribuyendo a mantener el estado de alerta. Otra línea de investigación apunta al enfriamiento cerebral: permitiría disminuir la temperatura del órgano gracias a la entrada de aire fresco y a cambios en el flujo sanguíneo facial. Cleveland Clinic informa que en animales y humanos se observa que esta acción precede o acompaña episodios de termorregulación anómala, como el estrés por calor y la hipertermia.

Un hombre aburrido lee un libro que parece no entretenerle -(Imagen Ilustrativa Infobae)
El bostezo es un reflejo universal que reorganiza el flujo del líquido cefalorraquídeo, ayudando a la limpieza y salud cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde el punto de vista fisiológico, implica una inhalación profunda seguida de una breve fase de intenso estiramiento muscular en boca y garganta, y concluye con una exhalación rápida. Este proceso, que suele durar entre cuatro y siete segundos, es considerado principalmente un reflejo involuntario, indica el Medical Institute of New York. Los hallazgos recientes afirman que suprimirse no altera la secuencia estructurada del bostezo, lo que refuerza la idea de que se trata de un acto dirigido por el tronco encefálico y difícil de interrumpir completamente.

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Por qué el bostezo es contagioso

Sentir la necesidad al ver a otra persona hacerlo es una experiencia común, tan extendida que los científicos la han denominado bostezo contagioso. Este fenómeno afecta a entre el 60% y el 70% de las personas, quienes suelen experimentar un impulso difícil de resistir tras observar el gesto en otros, según lo describen expertos citados por Time Magazine y CBS News. Además, la tendencia a imitarlos no se limita al contacto visual directo: escuchar a alguien hacerlo, o incluso pensar en ello, también puede desencadenar la reacción.

Este hábito ha sido documentado en diversas especies, desde humanos hasta perros, chimpancés y aves, lo que sugiere un patrón compartido de comportamiento social, señala Psychology Today. Los humanos no solo lo hacen por cansancio o aburrimiento: el reflejo se puede activar de forma espontánea o como respuesta a un estímulo social, diferenciando así el espontáneo del contagioso. El primero ocurre sin un desencadenante externo evidente, mientras que el segundo surge como reflejo ante la acción de otro, explica la Cleveland Clinic.

Un hombre y una mujer sentados en una oficina, ambos bostezando. El hombre tiene la boca abierta, y la mujer se cubre la boca con la mano.
Se trata de un reflejo espontáneo y que puede ser estimulado a través de los sentidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La frecuencia promedio de bostezo en humanos ronda las 20 veces al día, y aunque la mayoría de las personas experimenta este fenómeno sin mayor complicación, en ciertos casos el exceso puede advertir sobre problemas neurológicos, según advierte la clínica estadounidense. El fenómeno también ha sido objeto de investigaciones sobre su función social y su posible vínculo con la empatía y la cohesión grupal, aunque los resultados varían dependiendo del contexto y la especie observada.

No obstante, el contagio no se limita a la interacción entre humanos, sino que ha sido documentado en diferentes especies. Un grupo de investigadores ha desarrollado un ensayo en el cual indagan sobre si los humanos pueden experimentar el hábito al exponerse a estímulos provenientes de animales.

El contagio del bostezo procedente de animales

Un perro golden retriever de pelaje dorado bosteza con la boca abierta y la lengua fuera, recostado sobre un suelo adoquinado en un día soleado.
Se ha comprobado que los humanos pueden contagiarse de bostezos provenientes de animales, sin importar la especie (Imagen Ilustrativa Infobae)

En una prueba, en la que participaron 296 adultos, se comprobó que el bostezo puede ser contagioso cuando proviene de un animal. De este modo, cada uno fue seleccionado al azar a una de las ocho condiciones experimentales: control (sin bostezo), exposición a imágenes de peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos no primates, simios y mascotas domésticas (perros y gatos).

Se les mostró una serie de imágenes emparejadas de animales bostezando y no bostezando, y se les pidió que identificaran cuál de las imágenes correspondía a un bostezo. Al finalizar, se les consultó si habían bostezado durante el experimento y cuántas veces.

Los resultados fueron contundentes: un 69% de los participantes reportó haber bostezado de forma contagiosa en respuesta a los estímulos interespecíficos, con una mediana de dos por persona. En comparación, solo el 28,9% de quienes estuvieron en la condición de control (sin imágenes de bostezos) reportó alguna reacción.

Primer plano de un gato gris bostezando en el alféizar de una ventana, mostrando su lengua rosa y dientes afilados. El exterior de un jardín se ve a través del cristal.
Hallazgos indican que el cansancio es un factor predictor clave para el bostezo contagioso con estímulos animales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, la propensión no varió de manera significativa entre las diferentes especies animales presentadas, lo que sugiere que la cercanía evolutiva o la familiaridad con la especie no influyen de manera determinante en la reacción humana.

El estudio también reveló que el cansancio de los participantes fue un factor predictivo importante: quienes se sentían más fatigados durante la prueba tendieron a hacerlo más con los estímulos animales. Ni la edad, ni el sexo, ni la cantidad de horas de sueño influyeron de manera significativa en la respuesta.

Una conclusión clave del trabajo es que los mecanismos que gobiernan el bostezo contagioso en humanos parecen ser generales y pueden activarse con una amplia diversidad de estímulos visuales, incluso de especies lejanamente emparentadas y desconocidas.

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