
El senderismo es una de las actividades físicas más sostenibles y accesibles para cuidar la salud cardiovascular en personas de diferentes edades y condiciones físicas. Esta práctica, que consiste en caminar por entornos naturales o urbanos, se asocia a una mejor distribución del flujo sanguíneo, mayor oxigenación de los tejidos y reducción de la inflamación vascular. De acuerdo con investigaciones publicadas en PLOS One y validadas por la Harvard Medical School, los beneficios no se limitan solo al corazón, sino que alcanzan también al metabolismo, la función renal y la salud mental.
De acuerdo con la cardióloga Silvia Gianstefani, consultada por la revista especializada en deportes Trekking & Outdoor de la Gazzetta dello Sport, el senderismo practicado con regularidad mejora la capacidad del corazón para distribuir el flujo sanguíneo al cuerpo y a los pulmones. La especialista afirmó que el aumento del nivel de oxígeno en los tejidos favorece la eliminación de sustancias de desecho. Además, sostuvo que el ejercicio moderado-alto reduce el riesgo de aterosclerosis coronaria, una afección en la que las arterias del corazón se obstruyen y disminuye el aporte de oxígeno al músculo cardíaco.
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Además, la experta destacó que el senderismo ayuda a reducir la presión arterial sistólica y diastólica, mejora la elasticidad de las arterias y contribuye a la reducción de la inflamación vascular. Gianstefani señaló que esta actividad incrementa el metabolismo de las grasas, reduce los triglicéridos y el colesterol LDL, eleva el colesterol HDL y disminuye la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2. En ese tono, agregó que caminar de manera frecuente previene la obesidad al aumentar el gasto calórico, el metabolismo basal y la masa magra, al tiempo que reduce la grasa visceral.
Entornos naturales y efectos en el bienestar mental

El senderismo aporta beneficios adicionales cuando se realiza en entornos naturales. Según Gianstefani, el terreno irregular estimula el equilibrio y la coordinación, mientras que las pendientes naturales intensifican el esfuerzo físico incluso a baja velocidad. El aire más puro y la menor contaminación urbana también favorecen el aparato respiratorio y contribuyen a una mayor oxigenación.
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La cardióloga subrayó que el contacto con la naturaleza reduce los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés, y favorece la relajación y el sueño. Caminar al aire libre aumenta la producción de endorfinas, mejora el estado de ánimo y disminuye el riesgo de depresión y ansiedad. El senderismo también fortalece el sistema musculoesquelético, incrementa la densidad ósea y reduce el riesgo de fracturas. En las personas mayores, disminuye el deterioro de las funciones cognitivas.
A partir de estos beneficios, el senderismo combina trabajo cardiovascular, fortalecimiento muscular y estimulación del equilibrio. La regularidad en la práctica se identifica como la clave para obtener resultados positivos a largo plazo.
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Recomendaciones y precauciones para la práctica segura

La Organización Mundial de la Salud, el organismo internacional de salud pública, recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos de actividad física moderada a la semana, o entre 75 y 150 minutos de ejercicio aeróbico vigoroso. Gianstefani remarcó que incluso paseos cortos y regulares pueden producir efectos positivos, siempre que se mantenga la constancia. Caminar entre 30 y 60 minutos, al menos cuatro veces por semana, genera mejoras en la salud cardiovascular, metabólica y mental.
Para quienes no pueden desplazarse a la montaña, los parques urbanos y los recorridos con pendientes o escaleras permiten replicar la intensidad y los beneficios del senderismo. La elección de rutas y la adaptación del ejercicio a las condiciones personales son aspectos fundamentales para una experiencia segura y efectiva. La especialista recomendó tomar precauciones: hidratarse adecuadamente, prestar atención a las señales del cuerpo y detenerse si aparecen palpitaciones, dificultad respiratoria excesiva o dolor en el pecho.
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Gianstefani resaltó que el senderismo provoca una contracción y relajación muscular continua, lo que incrementa la frecuencia cardíaca y favorece la glucólisis aeróbica. Esta actividad aprovecha la glucosa en presencia de oxígeno para generar energía, lo que permite un trabajo integral del sistema cardiovascular y muscular.
El senderismo se adapta a diferentes edades y niveles de condición física. La práctica regular contribuye a una mejor calidad de vida y ayuda a prevenir enfermedades crónicas vinculadas al sedentarismo, de acuerdo con estudios referenciados por la cardióloga. El aspecto natural y relajante de la actividad favorece que más personas incorporen el ejercicio en la rutina diaria.
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