
En la sociedad actual, el multitasking se volvió algo normal, aunque este hábito conlleva efectos negativos para la salud física y mental. Pero hay personas que van más allá: realizan varias tareas a la vez y si no tienen nada que hacer, intentan ocuparse nuevamente, ya que perciben el ocio como una “pérdida de tiempo”. No paran nunca, actúan casi de manera compulsiva, no pueden “aburrirse” un rato ni tampoco tomarse una pausa para descansar.
Vale preguntarse: ¿están realmente sobreocupadas o están huyendo de sí mismas?
La doctora Mirta Goldstein, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó a Infobae: “La vida ocupada es buena para mantenerse vital, lo que es perjudicial es el extremo de ocuparse sin descanso para evitar la ansiedad y la angustia. Lo que ocurre es que esta defensa fracasa de un modo o de otro”.
Y completó: “Por ejemplo, en estos casos aparecen insomnio, agotamiento, dolores físicos, desconexión de los otros. Entonces, ocuparse es vital, preocuparse es ansiógeno y sobreocuparse es perjudicial para la vida emocional y vincular”.
Por su parte, la psicóloga Belén Tarallo, miembro del equipo de Psicoterapia de INECO, afirmó a Infobae que mantenerse en un estado constante de actividad y ocupación puede funcionar como un mecanismo de evitación emocional. “La persona se sobrecarga de tareas para no sentir. El problema no es la actividad en sí, sino su función. La diferencia clave está en la función psicológica que cumple esa ocupación".

La psicóloga explicó que desde la psicología clínica, especialmente desde los modelos cognitivo-conductuales y contextuales, se habla de evitación experiencial cuando la persona se mantiene constantemente activa u ocupada para no entrar en contacto con emociones, pensamientos o sensaciones internas que resultan incómodas, como son la tristeza, vacío, ansiedad y culpa.
“En estos casos, la actividad no está al servicio de un objetivo valioso, sino del alivio inmediato del malestar o ‘no sentir’. Si la persona se detiene y aparece angustia intensa, inquietud o sensación de vacío, es probable que la ocupación esté funcionando como estrategia de escape", advirtió la experta.
En coincidencia, Josselyn Sevilla Martínez, psicóloga del Instituto Psicológico Cláritas de Madrid, España, señaló a Infobae que el mantener la vida en un continuo de tareas con diversas “excusas” como la productividad o la exigencia laboral puede esconder una conducta evitativa.
“Normalmente, cuando evitamos algo es por miedo a enfrentarnos a una realidad incómoda o dolorosa, por lo que también es una forma de protegernos, pero poco funcional de hacerlo ya que, aunque lo evitemos o pospongamos, el problema sigue estando ahí“, destacó la especialista.

La doctora Jonice Webb, psicóloga, elaboró unas preguntas en un artículo en Psychology Today para determinar si se pertenece a este grupo:
- ¿Te gusta estar siempre ocupado?
- ¿Normalmente prefieres no estar solo en casa?
- ¿Te sientes inquieto cuando no estás haciendo nada?
- ¿Te cuesta sentarte y relajarte?
- ¿Sientes que necesitas ser productivo en todo momento?
- ¿Necesitas entretenimiento constante, como escuchar un podcast, ver una serie, hablar con alguien o navegar por tu teléfono?
La experta completó: “Cuando te mueves, estás distraído, motivado y ocupado. Esto te impide sentirte en tu propia piel. En cambio, cuando dejas de moverte, aparece tu yo interior y no te queda más opción que enfrentarlo. Tu yo interior incluye todo lo que te define, como tus experiencias vitales, tus recuerdos y, sobre todo, tus sentimientos“.
Cuáles son las causas de este comportamiento

La licenciada Tarallo identificó una interacción de varios factores:
- Factores culturales: “Vivimos en una cultura que glorifica la productividad. El valor personal se asocia al rendimiento. “Estar ocupado” se vuelve sinónimo de éxito”, explicó la experta.
- Creencias personales. Afirmaciones como “Si no produzco, no valgo”, “Descansar es perder el tiempo” o “Tengo que aprovechar cada minuto” suelen tener su raíz en historias familiares exigentes o en refuerzos tempranos basados en el logro, indicó la psicóloga. Estas creencias condicionan la manera de enfrentar el tiempo libre y fomentan la búsqueda ininterrumpida de actividad.
- Dificultad para identificar y tolerar emociones complejas. Quienes carecen de herramientas internas de regulación emocional suelen usar la acción continua como forma de manejar su malestar.
- Miedo al vacío o a una crisis. “Cuando la identidad está fusionada con el rol productivo, detenerse confronta con preguntas existenciales: ’¿Quién soy si no estoy haciendo algo?’“, reflexionó Tarallo.

- Ansiedad. “En perfiles ansiosos, la ocupación constante reduce momentáneamente la activación fisiológica, funcionando más como un ‘parche’ que como una solución”, señaló la psicóloga.
Por otro lado, Sevilla Martínez indicó que también es posible evitar enfrentarse a algunas situaciones o conflictos porque se ha generado la tendencia a “estar siempre bien”. “Así, se empieza a generar un rechazo a experimentar y vivir emociones desagradables con normalidad, ya que forman parte del ser humano, y aunque nos cueste entenderlo, la tristeza o el enojo son naturales y debemos aprender a gestionarlas", resaltó.
Añadió que no se trata de recibir estas emociones con entusiasmo, sino de aprender a convivir con ellas cuando es lógico que aparezcan, por ejemplo, ante un problema o una enfermedad. “Sin embargo, cuando no sabemos cómo gestionarlas o cómo convivir con ellas durante un tiempo prudencial, tendemos a hacer cualquier cosa por ‘deshacernos’ de ellas o evitar sentirlas".
De esta manera, mantenerse ocupado se convierte en un atajo para la evasión. Cuando una persona dedica la mayor parte de su tiempo a cuestiones laborales, resulta comprensible y socialmente aceptado que deje de lado otros asuntos. Esto ofrece una excusa válida ante los demás y también ante uno mismo, resaltó la psicóloga.
La diferencia con la distracción adaptativa

La licenciada Tarallo afirmó que es importante diferenciar la evitación experiencial de la distracción adaptativa. Algunos ejemplos de esta última son: salir a caminar después de una discusión para bajar la activación, mirar una serie después de un día estresante, hacer actividad física para reducir el pensamiento rumiativo. La distracción puede ser una estrategia saludable de regulación emocional en las siguientes situaciones:
- Cuando se la utiliza para bajar la intensidad emocional, no para negar la emoción.
- Es temporal y flexible.
- No es el único recurso sino que entra dentro de un repertorio más amplio de estrategias.
- Permite luego volver a la experiencia interna.
“En resumen, no es el ‘estar ocupado’ lo que define el problema, sino si la actividad es una elección flexible para regular emociones o una estrategia constante para no sentirlas", resalta Tarallo.
Estrategias de abordaje y prevención

La doctora Goldstein señaló que la adicción al trabajo o a la actividad, como cualquier adicción, es difícil de superar. “Porque cuando la persona que se sobreocupa debe encontrar dónde poner esa energía psíquica y pulsional, siente vacío o depresión. Entonces, el primer paso es tomar consciencia de que ese exceso encubre otra cosa y a partir de allí consultar y reconectar con el propio deseo y con los seres cercanos”, recomendó la experta.
Por su parte, la licenciada Sevilla Martínez dijo que el primer paso es ser conscientes de que está ocurriendo esto, “ya que muchas veces hemos incorporado en nuestro razonamiento esta justificación, por lo que ni nosotros mismos reconocemos que nos está pasando”.
Y agregó: “En segundo lugar, intentar aumentar poco a poco estos espacios de ‘desconexión’ de tareas y así liberar el tiempo para dedicarlo a actividades más tranquilas, que permitan pensar en nosotros mismos y conectar con el presente".

Las actividades pueden ser la lectura, meditación, deporte en solitario o tomar un café escuchando música, sugirió la experta. “Es muy probable que cuando hagamos esto empiecen a aparecer pensamientos o emociones vinculadas a aquello que hemos estado evitando. En este momento es importante que nos apoyemos en otras personas y exterioricemos aquello que nos preocupa, ya que si lo dejamos en nuestra mente, el problema tiende a hacerse más grande y complejo. Si a pesar de hacerlo sentimos que las emociones nos inundan y no podemos controlarlas sería importante dirigirnos a un profesional de la psicología que pueda ayudarnos con estrategias de regulación emocional y afrontamiento de problemas".
Finalmente, la licenciada Tarallo remarcó que no se trata de dejar de hacer, sino de revisar la función psicológica del estar siempre ocupado. La intervención adecuada va a depender de cada caso en particular. Algunas intervenciones pueden ser:
- Trabajar en el registro y la función de la ocupación constante, así como en las consecuencias negativas que trae para la salud física y/o emocional.
- Verificar las creencias que sostienen la conducta de vivir ocupado/a
- Utilizar estrategias de regulación emocional y/o relajación
- Exponerse progresivamente a momentos de descanso, de pausa, sin el objetivo de llenar el tiempo, lo cual implica una exposición a la experiencia interna.
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