
A Octavio le diagnosticaron cáncer a los 27 años. “No vivo el cáncer como una hazaña ni como una épica, porque esa forma de contarlo muchas veces borra el miedo, suaviza el dolor y nos obliga a salir fortalecidos”, relata. Sus palabras reflejan el foco de la nueva campaña impulsada por la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (LALCEC) y la red Unidos por el Cáncer: poner en primer plano la experiencia personal y la singularidad de quienes atraviesan la enfermedad, en un país donde se registran más de 130.000 nuevos casos de cáncer por año y donde el acceso a la atención sigue siendo desigual.
La vida después del diagnóstico
El cáncer ha ocupado el segundo lugar entre las causas de muerte en Argentina durante las últimas décadas. Según datos del Observatorio Global del Cáncer, en 2022 se detectaron 133.420 nuevos casos, ubicando al país en el quinto puesto de incidencia en América Latina. En varones, el tipo más frecuente es el de próstata, con 16.133 casos anuales, seguido por pulmón, colorrectal y renal. En mujeres, el cáncer de mama lidera con 24.931 casos, seguido del colorrectal, cervicouterino y pulmonar.
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La campaña “Unidos Por Lo Único”, impulsada por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) y adaptada en Argentina por LALCEC, busca visibilizar que detrás de cada diagnóstico hay una historia personal marcada por desafíos, vínculos y proyectos. “Estas campañas invitan a mirar más allá del diagnóstico y a reconocer a la persona en su totalidad: su vida, sus vínculos, su historia, sus miedos, sus preguntas y su búsqueda de sentido, entendido que el cáncer es parte de su historia pero no la define”, señaló la psicooncóloga Fernanda Montaña, coordinadora del programa de acompañamiento de la organización.

Testimonios: la experiencia cotidiana del cáncer
Las historias que acompañan la campaña muestran cómo el cáncer afecta más allá de lo médico. Fresia, con diagnóstico de cáncer de mama y metástasis, describió: “Pensar qué va a pasar con mi hijo, con quién va a quedarse en caso que me pase algo, ya que tengo antecedentes familiares de cáncer. Obviamente el apoyo de la familia ayudó un montón”.
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Añadió que la contención fue clave: “Sentirme tratada como ser humano, porque lamentablemente hay ciertos lugares donde uno va y no es un paciente, sino que es un número más”.
Aníbal recibió su diagnóstico de cáncer de vejiga durante una gira laboral en Suiza. “No podía trabajar, porque tenía que estar acá bajo tratamiento, preparándome para una operación. No es que podía ir al tratamiento y volver al trabajo”, contó. La falta de licencia paga, por ser independiente, sumó presión. “Tengo que entrar por el lado de la terapia, coaching, mindfulness, espiritualidad, lo que quieras. Lo voy haciendo solo”.
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Amparo fue diagnosticada con cáncer de mama mientras se preparaba para un ascenso en el colegio. “Empecé a trabajar en mi nuevo puesto aunque ya con el tratamiento me sentía cansada, pero no dejaba de trabajar. Quería seguir. Entonces tuve que empezar a estar menos presente, me iba un poco antes. Tenía que cuidarme”. Ahora, en receso escolar, prioriza el descanso y los hábitos saludables.

Una campaña federal para reducir desigualdades
En el Día Mundial contra el Cáncer, la red Unidos por el Cáncer, que agrupa a 160 organizaciones oncológicas de la sociedad civil, lanzó una petición nacional para impulsar un Plan Nacional de Control del Cáncer. La iniciativa surge del trabajo territorial y del consenso en los congresos nacionales de la red, donde especialistas y referentes coincidieron en la necesidad de un plan rector, federal y sostenido en el tiempo.
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El acceso a diagnóstico, tratamiento y acompañamiento sigue siendo desigual entre provincias y entre sistemas de salud. Según la coordinación de Unidos por el Cáncer: “El cáncer no se vive igual en todas las provincias. Un Plan Nacional permitiría ordenar el sistema, reducir inequidades y garantizar continuidad en las políticas públicas más allá de los cambios de gestión”.
La petición solicita la elaboración y actualización participativa del plan, su adopción como política de Estado con presupuesto garantizado, la participación activa de pacientes, organizaciones sociales y equipos de salud, el fortalecimiento de un registro nacional de cáncer y mecanismos de seguimiento con resultados medibles.
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Acciones, adhesiones y espacios de apoyo
La campaña lanzó una hoja de ruta que incluye acciones de concientización, recolección de adhesiones ciudadanas e institucionales, seminarios técnicos y espacios de diálogo multisectorial a lo largo del año. La evidencia internacional muestra que los países que implementan planes nacionales logran mejorar la detección temprana, optimizar recursos y disminuir la mortalidad evitable.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires acompañará la iniciativa iluminando de naranja el Puente de la Mujer, la Floralis Genérica, el Planetario y el Monumento a los Españoles el 4 de febrero. LALCEC ofrece talleres y espacios gratuitos de acompañamiento emocional, y el 27 de febrero organiza un encuentro entre pares para generar un espacio de escucha e intercambio.
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La convocatoria está abierta a toda la sociedad. Las personas, organizaciones e instituciones pueden firmar la petición en change.org/PlanControlCancer, expresar su adhesión institucional o acompañar las acciones de difusión. Más información y documentos de trabajo están disponibles en el sitio web de Unidos por el Cáncer.

Las historias de Octavio, Fresia, Aníbal y Amparo reflejan la diversidad de vivencias de quienes atraviesan el cáncer en Argentina, y el esfuerzo colectivo por garantizar que cada paciente reciba acompañamiento y acceso a una atención integral, sin importar su lugar de residencia.
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El cáncer y la edad: ya no es solo un desafío de adultos mayores
El cambio en el perfil etario de los pacientes oncológicos se ha convertido en un tema central para especialistas y autoridades sanitarias en el país. La evidencia muestra que el cáncer dejó de ser una enfermedad exclusiva de adultos mayores y también impacta a personas jóvenes y activas.

La doctora Silvia Agusto, exdirectora general de Salud y Asistencia Social de la Universidad de Buenos Aires y jefa del Servicio de Oncología del Sanatorio Otamendi, sostiene que “el perfil etario de los pacientes oncológicos ha cambiado”. El incremento sostenido de casos en menores de 50 años obliga a repensar tanto las estrategias de prevención como los protocolos de detección y tratamiento.
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Un dato que marca este fenómeno lo aporta el estudio Global Burden of Disease Study 2019, que detectó un aumento del 79,1 % en la incidencia global de cánceres diagnosticados antes de los 50 años entre 1990 y 2019. En Argentina, los tumores más frecuentes en adolescentes y adultos jóvenes incluyen cuello uterino, mama, testículo, colorrectal y tiroides, según datos del Registro Provincial de Tumores de Córdoba.

La especialista advierte sobre un obstáculo clave: la falsa sensación de seguridad en los jóvenes. “Muchas veces, síntomas como sangrados inusuales, dolores persistentes, cambios en los hábitos intestinales o aparición de bultos se minimizan porque el paciente ‘es joven’. Esa tardanza no solo condiciona el pronóstico, sino que también los expone a terapias más invasivas y a un mayor impacto en su vida cotidiana, familiar y laboral”, remarca.
Frente a esta realidad, la doctora Agusto señala la importancia de avanzar hacia una prevención integral y personalizada: “Es necesario avanzar hacia una mirada preventiva más integral que contemple evaluaciones clínicas y controles adecuados según los antecedentes individuales y familiares, incluso en edades tempranas”.
La adopción de hábitos saludables y los estudios de screening son elementos fundamentales para reducir los riesgos y mejorar el pronóstico. La especialista subraya que “las patologías que pueden detectarse de manera precoz gracias a la realización de este tipo de estudios y que tienen un impacto positivo en su pronóstico son el cáncer de mama, cérvix, colon y próstata”.

El acompañamiento emocional y la comunicación clara con los pacientes ocupan un lugar central en este nuevo paradigma. Para la doctora Agusto, “el apoyo emocional de familiares y amigos, junto con la adopción de hábitos de vida saludables, constituye la base para mejorar la calidad de vida durante la terapia y favorecer la recuperación”.
La advertencia final de la experta es contundente: “La edad no protege del cáncer. Por eso, si hay síntomas, hay que prestarles atención y no esperar. Detectarlo a tiempo cambia todo: el tratamiento, la recuperación y el modo en que continúa la vida después del diagnóstico y el tratamiento”.
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