
Subirse a la balanza y notar un cambio respecto al día anterior es frecuente y, por lo general, normal. Según expertos de Verywell Health, existen al menos once motivos habituales —relacionados tanto con procesos fisiológicos como con hábitos cotidianos— que explican las variaciones de peso de un día a otro.
Las variaciones de peso corporal, de entre uno y dos kilogramos en 24 horas, forman parte de la vida diaria para la mayoría de las personas. De acuerdo con especialistas de Verywell Health, estos movimientos suelen deberse a factores temporales y no implican necesariamente una ganancia o pérdida permanente de grasa.
Factores fisiológicos y de hábitos
Las variaciones diarias en el peso corporal están documentadas y cada uno de estos factores cuenta con evidencia científica que respalda su impacto, según diversos estudios publicados en revistas especializadas y recopilados por Verywell Health:
1. Porcentaje de agua en el cuerpo
Hasta el 60% del peso corporal adulto corresponde a agua. La retención de líquidos puede modificarse durante el día hasta en un 5%, dependiendo de la ingesta de sal, el consumo de carbohidratos o fases hormonales como la menstruación, según detalla Verywell Health.

De acuerdo con un estudio, los cambios en la hidratación pueden explicar variaciones notables en el peso.
2. Cantidad de alimentos y bebidas ingeridos
El peso puede variar rápidamente luego de comer o beber. Comer en exceso o consumir más carbohidratos y sodio eleva el peso de forma provisional, sobre todo si el organismo retiene líquidos. Expertos de Harvard Health confirman que la ingesta elevada de sodio y carbohidratos está asociada a aumentos temporales del peso corporal.
3. Estreñimiento
La acumulación de desechos por estreñimiento puede incrementar temporalmente el peso, hasta que el tránsito intestinal se normaliza. Investigaciones avalan que la retención intestinal puede influir en el peso diario.
4. Actividad física
El ejercicio genera efectos inmediatos y opuestos: la sudoración produce una pérdida momentánea de agua, pero después de entrenamientos intensos los músculos tienden a retener líquidos durante la recuperación. Estudios publicados en Sports Medicine muestran que el ejercicio intenso puede provocar cambios agudos en la composición hídrica del cuerpo.

5. Inicio de dieta o plan de entrenamiento
Comenzar una dieta o rutina de ejercicios favorece el uso de reservas de glucógeno, lo que libera agua y genera descensos temporales en el peso. La reducción de glucógeno conlleva una pérdida significativa de agua corporal.
6. Clima
El entorno también influye: en ambientes fríos, el sudor disminuye y el cuerpo tiende a retener más agua, generando un leve aumento en la balanza; en días calurosos, la pérdida de agua suele ser mayor. Una investigación del International Journal of Biometeorology respalda la relación entre clima y variaciones en la hidratación corporal.
7. Estrés
El cortisol, conocido como la hormona del estrés, incrementa el apetito y favorece la retención de líquidos. El estrés sostenido también modifica los hábitos de alimentación y actividad. Un estudio publicado en Obesity Reviews demuestra que el estrés crónico puede alterar el metabolismo y el peso.

8. Ciclo hormonal
Las personas que menstrúan pueden experimentar aumentos de peso antes y durante el periodo. Fases como la menopausia y la perimenopausia favorecen el almacenamiento de grasa y la ralentización del metabolismo.
9. Enfermedades hormonales
Condiciones como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico y los fibromas uterinos provocan alteraciones hormonales que afectan el peso. En los hombres, la reducción de testosterona con la edad se asocia a un mayor predominio de grasa abdominal y pérdida de masa muscular. Estudios en Human Reproduction y Journal of Andrology detallan estas asociaciones.
10. Sueño insuficiente
Dormir poco altera la producción de hormonas que regulan el hambre y los antojos, lo que puede llevar a comer en exceso. Descansar bien ayuda a mantener el equilibrio hormonal y previene la acumulación innecesaria de líquidos. Investigaciones del Journal of Sleep Research confirman que la falta de sueño afecta la regulación del apetito y el peso.

Cada uno de estos factores ha sido analizado en estudios científicos recientes, lo que permite entender por qué el peso puede modificarse incluso en intervalos de 24 horas.
Los cambios de peso de un día para otro son normales y suelen responder a factores transitorios como la hidratación, la alimentación, el descanso, el clima y las variaciones hormonales, entre otros. Comprender que estas oscilaciones no reflejan necesariamente cambios reales en la composición corporal ayuda a evitar preocupaciones innecesarias y a enfocar el control del peso en tendencias a largo plazo y en el bienestar general.
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