
La inflamación crónica de bajo grado, conocida en el ámbito científico como “inflammaging”, logró captar la atención de investigadores que buscan comprender el proceso de envejecimiento y su relación con enfermedades asociadas.
Este fenómeno, caracterizado por una inflamación persistente que no responde a infecciones o lesiones evidentes, se asocia a un mayor riesgo de padecer patologías como demencia, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, recientes hallazgos sugieren que la “inflammaging” no afecta a todas las poblaciones por igual, lo que plantea nuevas preguntas sobre el impacto del estilo de vida y el entorno en la salud a largo plazo, según reportó The Washington Post.

“Inflammaging”: una inflamación persistente y envejecimiento
Uno de los fenómenos más estudiados en la biología del envejecimiento es la inflammaging, definida como una inflamación crónica de bajo grado que surge sin infección o lesión aparente y acompaña el proceso de envejecer. Esta característica, según explicó Vishwa Deep Dixit, profesor en la Universidad de Yale, constituye una de las señas distintivas del envejecimiento biológico.
La inmunidad normalmente activa la inflamación ante amenazas específicas y luego la apaga. Sin embargo, en el envejecimiento, la inflamación perdura aun sin presencia clara de una causa. El motivo exacto de esta activación sostenida no se comprende del todo.
Alan Cohen, profesor asociado en la Universidad de Columbia, atribuye el fenómeno a la acumulación de células dañadas, que con el tiempo liberan señales de socorro. El aumento de factores de estrés internos debilita los sistemas biológicos, favoreciendo señales inflamatorias continuas y el envejecimiento celular.

Enfermedades asociadas y marcadores biológicos
Diversos estudios demostraron la estrecha relación entre inflammaging y enfermedades vinculadas a la edad, como aterosclerosis, problemas cardiovasculares, diabetes, fragilidad, demencia e incluso la muerte prematura. De acuerdo con Juan Pablo de Rivero Vaccari, profesor en la Universidad de Miami, esta inflamación persistente puede ser el antecedente de muchas patologías habituales en la vejez.
En el caso del Alzheimer, se cree que los procesos inflamatorios comienzan hasta dos décadas antes de los síntomas cognitivos. El exceso de grasa visceral y el descontrol glucémico aumentan el riesgo, mientras que citoquinas como la IL-6 y la IL-1β se identificaron como marcadores claves de este mecanismo. Reducir los niveles de inflamación aparece como una estrategia fundamental para el envejecimiento saludable.

Estilos de vida y diferencias entre poblaciones
No toda la población mundial experimenta la inflammaging de igual manera. Un estudio liderado por Cohen comparó las respuestas inmunológicas de sujetos en países industrializados (Italia y Singapur) con las de comunidades indígenas no industrializadas, como los tsimane de la Amazonía boliviana y los orang asli de Malasia.
El hallazgo principal fue que los italianos y singapurenses exhibían patrones claros de inflammaging y enfermedades crónicas vinculadas a la edad. En contraste, los tsimane y orang asli no desarrollaban estos perfiles de enfermedad, pese a que su inflamación general se mantenía elevada a lo largo de la vida.
Esta inflamación crónica en sociedades no industrializadas se asocia más con infecciones frecuentes (el 66% de los tsimane tiene alguna infección intestinal, y el 70% de los orang asli presenta infecciones respiratorias o fúngicas) que con enfermedades del mundo industrializado.
Incluso entre países desarrollados, como Singapur e Italia, los marcadores biológicos difieren. Por ejemplo, la IL-6 no mostró variación con la edad en Singapur. Para el especialista Cohen, esto demuestra que los procesos de envejecimiento inmunológico dependen del contexto ambiental, cultural y social.
Además, aclaró que la inflamación no debe considerarse necesariamente como un problema, sino como una señal de que el organismo responde a cambios internos, similar a una alarma. “Puede resultar molesta, pero indica que algo no funciona correctamente”, explicó.

Hábitos y recomendaciones para una vejez más saludable
Ante la evidencia existente, los expertos coinciden en que adoptar hábitos saludables desde edades tempranas puede marcar la diferencia en la calidad de vida futura. Vaccari advirtió que los efectos de las acciones presentes pueden hacerse visibles incluso 20 años después.
Mantener la presión arterial bajo control, reducir la grasa visceral, evitar la hiperglucemia y priorizar la actividad física son —según Cohen— estrategias eficaces para quienes ya tienen niveles altos de inflamación. La moderación en la alimentación y el ejercicio regular siguen siendo claves, de acuerdo a Dixit: “Haz las cosas con moderación, no comas en exceso y haz más ejercicio”.
La restricción calórica también podría tener efectos positivos. Un análisis realizado por Dixit mostró que reducir un 14% la ingesta calórica disminuía un marcador inmunológico relevante en la inflamación, aunque aún falta consolidar evidencia en humanos.
Por su parte, Vaccari señaló la importancia de la nutrición equilibrada y recordó que “no está mal sentir hambre de vez en cuando”, ya que el organismo puede beneficiarse de pequeños ayunos. Mientras que el sueño reparador resulta esencial porque ayuda al cerebro a eliminar toxinas acumuladas durante el día.

Más allá de la obsesión: el equilibrio emocional cuenta
A pesar de la preocupación creciente por la inflammaging, Cohen alertó sobre el riesgo de intentar controlar excesivamente cada aspecto de este proceso. Sobre esto, Cohen mencionó: “Probablemente intentas microgestionar algo para lo que aún no tenemos suficiente conocimiento”.
El disfrute y el equilibrio emocional aportan beneficios reales a la salud. Perseguir una vida más larga sin considerar el bienestar emocional no siempre conduce a una mayor calidad de vida. Como resumió el especialista en The Washington Post, el objetivo debe ser encontrar un balance entre longevidad y buen vivir, dejando espacio para el placer, la moderación y el autocuidado.
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