El cachalote es uno de los animales con el cerebro más grande del planeta. Habita en todos los océanos del mundo, y prefieren las aguas profundas lejos de la costa.
Suele formar grupos sociales llamados unidades, compuestos principalmente por hembras y crías, mientras los machos adultos suelen vivir solos o en pequeños grupos.
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Un grupo internacional de científicos se llevó una gran sorpresa al ver de cerca cómo cooperan los cachalotes durante el nacimiento de una cría.
Esos investigadores, de Bélgica, Canadá, Dinamarca, Dominica, Israel, Italia, Polonia, España, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos, lograron grabar por primera vez en detalle el nacimiento de un cachalote en libertad.
Publicaron los detalles del evento a través de estudios que fueron publicados en las revistas Science y Scientific Reports.
Lo que hace único a ese registro es la cooperación activa de las ballenas adultas, que levantaron al recién nacido sobre sus cuerpos apenas salió del agua.
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Los científicos también revelaron cambios en las vocalizaciones del grupo, un hallazgo mostrando una compleja comunicación durante el parto.
Consideran que el hallazgo permite comprender mejor cómo se organiza el grupo durante el parto y cómo la cooperación social puede ser clave para la supervivencia de la cría.
Quiénes hicieron el hallazgo

El trabajo fue realizado por Shane Gero, David Gruber y colegas del Proyecto CETI, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), la Universidad de California en Berkeley, la Universidad de Harvard, Google Research, entre otras instituciones de los Estados Unidos.
También colaboraron investigadores del Instituto CENTAI y la Universidad de Turín (Italia); el Instituto Namur para Sistemas Complejos y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica); la Universidad de Aarhus (Dinamarca); la Universidad Carleton (Canadá) y la Universidad de Haifa (Israel).
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Participaron científicos de la Universidad Nicolaus Copernicus (Polonia); la Universidad Pompeu Fabra (España); la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza); Universidad Northeastern de Londres (Reino Unido); y la División Pesquerías del Ministerio de Agricultura, Pesca, Economía Azul y Verde de Dominica.
Nacimiento en aguas profundas
Los investigadores estaban frente a la costa oeste de Dominica, en el Caribe oriental, en dos embarcaciones del Proyecto CETI.
Una de ellas, un catamarán, sirvió para operar drones, tomar fotografías y hacer observaciones del comportamiento, mientras que la otra, una lancha neumática, se usó para grabaciones acústicas y fotos adicionales.
Localizaron a la unidad de cachalotes con el uso de hidrófonos y luego siguieron el parto desde varios cientos de metros, siempre con los motores apagados.
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Durante el evento, los investigadores emplearon drones para grabar video aéreo, micrófonos submarinos para captar los sonidos y cámaras réflex para tomar imágenes detalladas.
Observaron el comportamiento del grupo antes, durante y después del nacimiento, y almacenaron los datos en una aplicación personalizada.

En el estudio en Scientific Reports, los investigadores detallaron que el parto duró aproximadamente 34 minutos desde que se asomaron las aletas caudales del recién nacido hasta el final de la entrega.
Prácticamente todos los adultos del grupo participaron activamente: levantaron, empujaron y sostuvieron al recién nacido sobre sus cuerpos, ayudándolo a salir a la superficie y a respirar.
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Los resultados mostraron que el grupo produjo vocalizaciones llamadas “codas” con estilos diferentes según cada etapa. Estas vocalizaciones pueden escucharse a cientos de metros.

Se observaron cambios notables en la comunicación cerca de los principales eventos, como el inicio del parto y la interacción con otras especies de cetáceos.
La presencia de otras especies, como ballenas piloto de aleta larga o calderones y delfines, también fue registrada durante el nacimiento. Tras dos horas, el grupo comenzó a dispersarse, pero la cría permaneció con su madre y familiares cercanos.
La red invisible del nacimiento

Por otra parte, en el estudio publicado en Science, los científicos contaron cómo usaron grabaciones aéreas de drones y otras tecnologías para observar el nacimiento del cachalote en libertad.
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El equipo analizó, cuadro por cuadro, cómo todos los miembros de la unidad social, que estuvo formada por dos familias genéticas distintas, se reunieron en torno a la madre y la cría, sin importar el parentesco entre ellos.
Desarrollaron un sistema automatizado que permitió identificar posiciones, orientaciones y contactos físicos entre ballenas durante el evento.
Así, midieron la cohesión del grupo, el contacto físico y la sincronía de movimientos antes, durante y después del parto.

Descubrieron que la cooperación no dependió solo del vínculo familiar: tanto los parientes como los que no lo eran ofrecieron apoyo constante al recién nacido, se turnaron para sostenerlo y ayudarlo a salir a la superficie.
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El grupo mostró una cohesión y contacto físico inusualmente altos, que aumentaron antes del nacimiento y se sostuvieron mientras la cría necesitó ayuda para respirar y moverse.
Tras el parto, la atención del grupo pasó de la madre al recién nacido, y todos participaron activamente en el cuidado postnatal.

Incluso individuos que normalmente interactuaban poco se sumaron en momentos clave, lo que sugiere una organización social flexible y basada en roles.
Los investigadores concluyeron que esta cooperación estructurada, que incluye turnos y redundancia en el cuidado, representa un mecanismo fundamental para la supervivencia de las crías.
Aportaron una de las primeras pruebas cuantitativas de asistencia colectiva en el parto de cetáceos, que plantean nuevas preguntas sobre la evolución de la compleja vida social de los cachalotes.
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“Estos hallazgos transforman de manera fundamental cómo entendemos la sociedad de las ballenas”, dijo el doctor Gruber, explorador de National Geographic, fundador y presidente de Project CETI y profesor distinguido de biología en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

“Lo que estamos viendo es un cuidado social profundamente coordinado durante uno de los momentos más vulnerables de la vida”.
En tanto, Diana Reiss, profesora en el Programa de Comportamiento Animal y Conservación del Departamento de Psicología en el Colegio Hunter, destacó la importancia de las investigaciones a largo plazo.
“Este trabajo demuestra que los estudios de largo plazo son fundamentales. Cuando tienes un conocimiento tan cercano de los animales individuales, como el equipo de CETI lo tiene con esta unidad de ballenas, la confianza que estas ballenas tienen en su equipo es única. No estoy segura de que esta unidad toleraría observadores tan cerca en otra situación”, resaltó.
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