
La reciente autorización de la leucovorina en Estados Unidos para ciertos casos pediátricos de autismo con deficiencia cerebral de folato reavivó el debate internacional sobre un fármaco conocido desde hace décadas por su función en oncología y hematología.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) validó su uso para mejorar síntomas asociados a esta condición, aunque advirtió que la evidencia científica sigue siendo insuficiente y el medicamento no debe considerarse una solución definitiva. El tema tomó especial notoriedad pública luego de que el presidente Donald Trump pronunciara afirmaciones sobre su empleo que muchos científicos consideran polémicas, originando múltiples reacciones entre los propios expertos y organismos médicos.
¿Qué es la leucovorina?

La leucovorina, también llamada ácido folínico, es una forma activa de la vitamina B9 (ácido fólico) utilizada principalmente para reducir los efectos adversos de terapias contra el cáncer. A diferencia del ácido fólico común, este compuesto proviene de la conversión metabólica natural del folato y se emplea bajo prescripción médica.
Según la descripción de Medline Plus, el sitio web de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, el medicamento actúa como un análogo del ácido fólico capaz de proteger las células sanas de los efectos tóxicos del metotrexato, un fármaco quimioterapéutico intensivo.
¿Para qué sirve la leucovorina?

Sus principales indicaciones clínicas incluyen la prevención y tratamiento de las reacciones adversas del metotrexato durante terapias oncológicas, así como el manejo de casos de sobredosis accidental de este medicamento.
Además, la leucovorina encuentra uso en el tratamiento de determinadas formas de anemia. Su acción permite preservar el tejido sano mientras el quimioterápico elimina las células dañinas, una función reconocida y aplicada de manera extendida en hospitales.
Según la Mayo Clinic, también puede acompañarse con fluorouracilo en el abordaje de cáncer de colon.
Qué se sabe del eso de leucovorina en autismo

La aprobación del gobierno estadounidense para la utilización de leucovorina en pacientes pediátricos con deficiencia cerebral de folato (CFD) y síntomas de autismo marcó un giro en las disposiciones regulatorias.
Según se supo, la FDA autorizó formalmente el etiquetado del producto para este segmento, especificando que el medicamento “puede mejorar síntomas asociados con la deficiencia cerebral de folato, entidad reportada en pacientes con síntomas neuropsiquiátricos, incluidas características autistas”.
El anuncio estuvo precedido por afirmaciones públicas de Donald Trump, quien vinculó a la leucovorina con el tratamiento general del autismo, un argumento sin respaldo científico suficiente. Según publicó Huffington Post, la evidencia clínica se limita por ahora a pocos ensayos pequeños y con diferencias significativas en dosis, objetivos y características de los participantes. Asimismo, la Autism Science Foundation y especialistas citados por el medio estadounidense, como el psiquiatra David Mandell de la Universidad de Pensilvania, coincidieron: “La evidencia que tenemos es realmente, realmente débil.”
Personalidades vinculadas a la FDA, los Institutos Nacionales de Salud (NIH), y los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid de Estados Unidos subrayaron en una columna para POLITICO Magazine que “la droga puede ser prometedora para un pequeño subconjunto de pacientes con autismo, pero los datos actuales siguen siendo limitados y se requiere más investigación”. La leucovorina fue incorporada a coberturas nacionales de programas federales de salud como Medicaid y CHIP tras modificarse oficialmente su etiqueta.
¿Cómo se administra la leucovorina?

Leucovorina se encuentra disponible como comprimidos, solución y polvo para reconstituir. Su administración puede ser oral o inyectable, siempre bajo control y prescripción médica especializada. Los esquemas varían según el diagnóstico y la recomendación profesional.
Según Medline Plus, la pauta más frecuente requiere tomas cada seis horas o según lo indique el médico, sin alteraciones en la dosis ni frecuencia. La Mayo Clinic destacó que la cantidad y los intervalos dependen del tipo de enfermedad tratada, la edad y el peso del paciente.
Precauciones y advertencias

Antes de iniciar el tratamiento con leucovorina, es imprescindible consultar antecedentes de alergias, tipo de anemia, insuficiencia renal u otros problemas de salud. No se recomienda para anemia causada por déficit de vitamina B12, como lo subrayó el portal de Medline Plus y la Mayo Clinic.
Entre los efectos secundarios más importantes se incluyen diarrea, sarpullido, convulsiones y reacciones alérgicas graves. En pacientes pediátricos con convulsiones, la Mayo Clinic advirtió un posible aumento en la frecuencia de estos episodios. Entre las potenciales interacciones farmacológicas, se mencionan capecitabina, doxifluridina, fluorouracilo, sulfametoxazol y otros.
Debate público y actualizaciones regulatorias
La relación entre leucovorina y autismo surgió en un contexto de alta sensibilidad política. Las declaraciones de Donald Trump, quien responsabilizó al paracetamol del aumento de casos de autismo en Estados Unidos y defendió la leucovorina como alternativa, se alejaron del consenso científico. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y la Agencia Reguladora de Productos Sanitarios y Medicamentos del Reino Unido respondieron que no existe evidencia robusta sobre el supuesto vínculo entre paracetamol durante el embarazo y autismo.
En declaraciones recogidas por Infobae, el presidente de ACOG, Steven Fleischman, sostuvo que los resultados de investigaciones recientes “no justifican cambiar las recomendaciones”. Las guías oficiales en Estados Unidos y Reino Unido mantienen el uso controlado de paracetamol como opción autorizada en embarazadas.
La automedicación con leucovorina puede implicar riesgos serios. Los especialistas insisten en realizar cualquier tratamiento bajo vigilancia médica.
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