
El aumento de la densidad de mosquitos en Brasil podría alcanzar niveles sin precedentes en las próximas décadas, con consecuencias directas sobre la transmisión de enfermedades como el dengue, el zika y el chikunguña. El cambio climático es uno de los factores que impulsa esta problemática, según los expertos.
Un estudio publicado en PLOS Neglected Tropical Diseases advierte que, de mantenerse las tendencias actuales de emisiones y urbanización, la población del mosquito Aedes aegypti podría incrementarse hasta un 30% a nivel nacional para 2080, con regiones del sur y sudeste donde la densidad casi se duplicaría. Este escenario, sin embargo, podría mitigarse de manera significativa si se adoptan medidas contundentes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
El trabajo, liderado por Katherine Heath del Instituto Burnet de Melbourne (Australia), introduce un modelo matemático innovador que integra variables climáticas y sociales para proyectar la evolución de las enfermedades transmitidas por mosquitos en Brasil. Según los autores, el modelo no solo identifica las áreas donde los mosquitos pueden sobrevivir, sino que también estima la cantidad de ejemplares y las implicancias para futuros brotes.

“Brasil ya soporta una de las mayores cargas mundiales de enfermedades transmitidas por mosquitos, y nuestros resultados muestran que estas presiones podrían aumentar en las próximas décadas. Nuestro modelo fue más allá de preguntarse dónde podrían sobrevivir los mosquitos: estimó cuántos habrá y qué implicaciones tendrá esto para futuros brotes de enfermedades”, señalaron los investigadores en declaraciones recogidas por PLOS Neglected Tropical Diseases.
El análisis parte de la constatación de que el cambio climático y la urbanización descontrolada han sido factores determinantes en el aumento de enfermedades transmitidas por vectores en todo el mundo. En el caso de Brasil, el incremento de las temperaturas y la alteración de los patrones de lluvia ya se asocian con un repunte en los casos de dengue. La especie Aedes aegypti, principal vector de estos virus, se beneficia de las condiciones generadas por el desarrollo urbano y el clima más cálido, lo que facilita su reproducción y supervivencia.
El modelo desarrollado por el equipo de Heath incorpora ecuaciones diferenciales de retardo para describir la supervivencia y reproducción del Aedes aegypti en función de la temperatura y las precipitaciones, así como el impacto de la expansión urbana y la interacción entre humanos y mosquitos en la transmisión de enfermedades. Los investigadores aplicaron este modelo para proyectar la densidad de población de mosquitos en Brasil entre 2024 y 2080, considerando diferentes trayectorias socioeconómicas y escenarios de mitigación del cambio climático.

Los resultados muestran que, incluso en el escenario más optimista de bajas emisiones, la densidad de Aedes aegypti aumentaría un 11% en 2080 respecto a 2024. En el escenario de emisiones elevadas, el incremento sería del 30% a nivel nacional, con focos críticos en el sur y sudeste del país. Este aumento de la densidad de mosquitos se traduciría en una mayor transmisión del dengue, especialmente en el sudeste, donde el crecimiento de la población de mosquitos superaría al de la población humana.
La investigación subraya la importancia de la acción climática para contener el avance de estas enfermedades. “La diferencia entre un futuro con altas y bajas emisiones es marcada: una acción climática enérgica podría reducir en dos tercios el aumento proyectado en la densidad de mosquitos en Brasil”, afirmaron los autores en PLOS Neglected Tropical Diseases. Además, el estudio ofrece herramientas valiosas para la formulación de políticas públicas y la planificación sanitaria a nivel nacional y local.
El contexto global refuerza la urgencia de estas conclusiones. Según la Alianza Global para el Clima y la Salud, los efectos del cambio climático se manifiestan tanto en fenómenos extremos visibles, como los incendios forestales en Canadá, Grecia y Hawái, o las inundaciones y deslizamientos de tierra en India y Libia, como en impactos menos evidentes pero igualmente peligrosos para la salud humana.

El aumento de las temperaturas globales y la variabilidad en las precipitaciones intensifican los riesgos asociados a las enfermedades transmitidas por vectores, obligando a la comunidad científica a rastrear con mayor precisión la evolución de patologías como el dengue y su impacto en la salud pública.
La necesidad de recopilar evidencia suficiente y realizar un seguimiento detallado de los cambios en la incidencia de estas enfermedades se ha convertido en una prioridad para los investigadores, que buscan cuantificar el número de pacientes afectados y dimensionar el problema como una cuestión de salud pública.
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