
La mente creativa de Salvador Dalí aún es admirada por el mundo del arte y la ciencia. No solo por sus obras, sino también por su forma de crear, ya que se consagró como una de las figuras centrales de la historia.
En más de una ocasión, el artista aseguró que realizaba microsiestas que lo ayudan a estimular su creatividad. Investigadores de Massachusetts Institute of Technology (MIT) llevaron a cabo un estudio donde experimentaron el método del pintor y obtuvieron resultados sorprendentes.
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La técnica de “dormir con una llave”, popularizada por Dalí en su libro 50 secretos mágicos para pintar, consistía en sentarse en un sillón y sostener una llave de metal sobre un plato invertido. Al quedarse dormido, la llave caía y el ruido lo despertaba, interrumpiendo el sueño justo en su fase inicial. El artista aseguraba que las microsiestas estimulaban su creatividad.
El mismo método era implementado por Thomas Edison quien, en lugar de llaves, utilizaba bolas de acero y sartenes para lograr un efecto similar. El inventor sostenía que estos breves lapsos de sueño eran una fuente de inspiración, aunque mantenía una actitud escéptica hacia el descanso nocturno prolongado.
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La ciencia moderna desmintió la creencia de Edison de que el sueño es una pérdida de tiempo, pero validó la eficacia de las microsiestas para la creatividad.
Juan Antonio Madrid, catedrático de Fisiología de la Universidad de Murcia, explicó a medios locales que el sueño favorece la creatividad en dos momentos claves: durante la fase REM, caracterizada por ensoñaciones vívidas y conexiones cerebrales inusuales, y en la fase N1, una etapa breve de transición entre la vigilia y el sueño profundo.
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En la fase REM, el cerebro pierde la estructura habitual de pensamiento y permite la aparición de ideas y visiones que pueden influir en la creación artística o literaria. En la fase N1, que suele durar entre 5 y 10 minutos, se incrementa la flexibilidad cognitiva y surgen pensamientos lógicos, pero distintos a los habituales, lo que abre nuevas posibilidades creativas.
Delphine Oudiette, doctora en Neurociencia Cognitiva e investigadora del Paris Brain Institute, centró parte de su trabajo en analizar el impacto de estas microsiestas. En 2021, publicó en Science Advances un estudio inspirado en la técnica de Dalí para evaluar el efecto de la fase N1 sobre la creatividad.
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Los participantes se dividieron en tres grupos: uno realizó la siesta breve al estilo de Dalí, otro durmió una siesta más larga y el tercero permaneció despierto. Los resultados mostraron que el 83% de quienes practicaron la microsiesta resolvieron un enigma creativo, frente al 30% de los que no durmieron y sin mejoras en quienes alcanzaron fases de sueño más profundas.
Oudiette detalló que la técnica de sostener un objeto en la mano durante la siesta resulta eficaz para mantener al individuo en el punto óptimo de creatividad, siempre que se alcance la fase N1. Sin embargo, advirtió que si el objeto cae antes de llegar a esa fase, el efecto creativo puede perderse.
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La investigadora sostiene que la fase N1 representa un estado semilúcido en el que el cerebro comienza a desconectarse del entorno, se pierde el control consciente de los pensamientos y se experimentan vivencias mentales intensas. Este estado favorece la generación de asociaciones entre conceptos distantes y permite que las ideas creativas surjan y puedan recordarse al despertar.
Asimismo, Scientific Reports publicó un estudio en el que se reclutaron a 50 personas sanas, principalmente estudiantes y personal afiliado al Massachusetts Institute of Technology (MIT), quienes fueron parte de una investigación de siesta diurna.
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Los participantes, con una edad promedio de 26,7 años, fueron asignados aleatoriamente a uno de cuatro grupos experimentales en un diseño 2x2: sueño con incubación, sueño sin incubación, vigilia con incubación y vigilia sin incubación. El protocolo experimental consistió en un periodo de 45 minutos en el que los participantes, dependiendo del grupo, dormían o permanecían despiertos, y recibían o no estímulos auditivos para incubar el tema “árbol” en sus sueños o pensamientos.
Durante el experimento, todos los participantes utilizaron el dispositivo Dormio, un sistema portátil que detecta el inicio del sueño N1 mediante sensores fisiológicos y administra señales auditivas pregrabadas. En el caso de los grupos de sueño, identificó la transición al sueño N1 y, tras un intervalo de 1 a 5 minutos, despertaba al participante para solicitar un informe verbal del contenido de su sueño.
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En los grupos de incubación, la señal auditiva sugería explícitamente pensar en un “árbol” antes de volver a dormir. En los grupos de vigilia, los participantes cerraban los ojos y se les pedía que dejaran vagar su mente, recibiendo instrucciones similares para pensar en un árbol o simplemente observar sus pensamientos, según el grupo.
Tras el periodo experimental, todos los participantes completaron tres pruebas ampliamente validadas de creatividad: la Tarea de Narración Creativa (CST), la Tarea de Usos Alternativos (AUT) y la Tarea de Generación de Verbos (VGT).
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En la CST, debían escribir una historia creativa que incluyera la palabra “árbol”; en la AUT, listar usos alternativos para un árbol; y en la VGT, asociar un verbo creativo a una lista de sustantivos relacionados con árboles y naturaleza. Las respuestas fueron evaluadas por jueces humanos y, en el caso de la VGT, también por evaluadores en línea, utilizando escalas de creatividad específicas para cada tarea.

El trabajo publicado en Scientific Reports reportó que los resultados mostraron un efecto principal del estado de sueño sobre el rendimiento creativo, con los participantes que durmieron superando a los que permanecieron despiertos en el índice compuesto de creatividad.
Además, la incubación dirigida de sueños durante N1 produjo un beneficio adicional: el grupo de sueño con incubación (Sleep Incubation) obtuvo puntuaciones significativamente más altas en creatividad que los otros tres grupos. Este efecto se observó tanto en la puntuación compuesta como en las tareas individuales, aunque la magnitud y significancia variaron entre tareas.
Así, las técnicas empleadas por Dalí y Edison encuentran hoy respaldo en la neurociencia, que identifica en la fase N1 un punto ideal donde el cerebro se libera de sus patrones habituales y se abre a nuevas conexiones.
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