Los alimentos ultraprocesados “son formulaciones industriales principalmente a base de sustancias extraídas o derivadas de alimentos, además de aditivos y cosméticos que dan color, sabor o textura para intentar imitar a los alimentos. Estos productos están nutricionalmente desequilibrados”, según define la Organización Panamericana de la Salud (OPS),
Además, “tienen un elevado contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas, en comparación con los productos, platos y comidas sin procesar o mínimamente procesados”, de acuerdo a la entidad sanitaria.
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Este grupo incluye productos como galletas empaquetadas, gaseosas, snacks, embutidos, entre otros.
Comprender su impacto concreto en el organismo sigue siendo un desafío, principalmente porque medir con precisión cuántos ultraprocesados consume una persona resulta difícil. En un estudio publicado ayer en la revista PLOS Medicine, expertos propusieron una nueva metodología que podría cambiar este panorama.
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El equipo de investigación se centró en desarrollar “puntuaciones poli-metabolitas”, un método innovador que utiliza compuestos químicos presentes en la sangre y la orina para rastrear la ingesta de ultraprocesados de una persona.

Las valoraciones formuladas ofrecen una manera objetiva de calcular el consumo de estos productos sin depender únicamente de las declaraciones personales sobre la dieta. También apunta a proporcionar nuevas perspectivas sobre cómo estos alimentos afectan la salud a largo plazo, de acuerdo a los expertos.
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Es la primera vez que los científicos identifican marcadores biológicos que pueden indicar una mayor o menor ingesta de alimentos, que están vinculados a una serie de problemas de salud, según reveló Erikka Loftfield, investigadora del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU que dirigió el estudio.
Cómo establecieron los indicadores de consumo de ultraprocesados
Para establecer los indicadores, Loftfield y su equipo analizaron información proveniente de una investigación previa que incluía a más de 1000 adultos mayores afiliados a AARP en Estados Unidos. De ese grupo, más de 700 participantes habían entregado muestras de sangre y orina, además de registros detallados de consumo alimentario recabados durante un año.
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Se analizaron muestras de sangre y orina de estos individuos, y se cruzaron con detallados registros de sus dietas. Los investigadores se centraron en identificar metabolitos, que son compuestos producidos cuando el cuerpo degrada comida o sustancias químicas. Cada uno actúa como una especie de marcador biológico, un rastro químico que permite deducir los tipos de alimentos consumidos.

A partir del análisis, los investigadores identificaron cientos de metabolitos —productos derivados de la digestión y otras funciones del organismo— que se asociaban con la proporción de energía obtenida a partir de alimentos ultraprocesados.
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Con base en estos hallazgos, desarrollaron un sistema que incluye 28 marcadores en sangre y hasta 33 en orina, capaces de estimar de forma fiable el consumo de este tipo de alimentos en personas con patrones alimentarios habituales.
Validar la precisión de estas puntuaciones poli-metabolitas se convirtió en un paso crucial. Para ello, el equipo llevó a cabo un experimento controlado en un centro clínico de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU (NIH).
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Durante el estudio, 20 participantes realizaron dietas meticulosamente diseñadas para ser altas en ultraprocesados o completamente libres de ellos. Ciertos compuestos, entre ellos dos aminoácidos y un carbohidrato, fueron recurrentes en los análisis: aparecieron en al menos 60 de 100 repeticiones del modelo. Uno de ellos mostró una posible asociación entre el alto consumo de alimentos ultraprocesados y el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, según se detalla en el estudio.

Para verificar estos resultados, Loftfield aplicó la herramienta de puntuación en una cohorte del ensayo clínico controlado sobre alimentos ultraprocesados realizado en 2019 por los NIH.
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En ese experimento, 20 adultos vivieron durante un mes en una instalación del NIH, donde recibieron dietas compuestas exclusivamente por alimentos ultraprocesados o sin procesar. Ambos regímenes aportaban la misma cantidad de calorías, azúcares, grasas, fibra y macronutrientes, y se administraban durante dos semanas cada uno. Los participantes podían comer libremente la cantidad que desearan.
Los investigadores comprobaron que los puntajes obtenidos a partir de los metabolitos permitían identificar de manera precisa cuándo una persona consumía grandes cantidades de productos ultraprocesados y cuándo no. Los datos obtenidos indicaron que los marcadores funcionaban de manera válida a nivel individual.
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De acuerdo con los expertos, si bien se trata aún de una etapa preliminar de la investigación, la posibilidad de identificar marcadores en sangre y orina que permitan estimar el consumo de alimentos ultraprocesados representa un avance científico relevante.
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