
Si una persona puede orinar, se suele creer que sus riñones están funcionando bien. Sin embargo, se puede haber desarrollado una patología sin que se sientan dolores ni otros síntomas. Se trata de la enfermedad renal, conocida popularmente por su última etapa, que es la “insuficiencia renal”, condición que presenta más del 10% de la población mundial.
Este jueves es el Día Mundial del Riñón, órganos principales del aparato urinario del cuerpo humano que se encargan de la excreción de sustancias de desecho a través de la orina. Se ubican en la parte posterior del abdomen a ambos lados de la columna vertebral.
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“La enfermedad renal es una patología que puede evolucionar progresivamente. Se puede haber perdido hasta el 80% de la función renal, pero no se registran los síntomas”, dijo a Infobae la presidenta de la Sociedad Argentina de Nefrología, la médica María Marina Papaginovic Leiva.
“Como siguen orinando, los pacientes creen que los riñones funcionan bien. Pero esos órganos tienen diferentes funciones y una de ellas es la capacidad de generar orina. En casos de personas con la enfermedad, la filtración renal no es efectiva para eliminar toxinas por la orina”, aclaró la experta.
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¿Qué es la insuficiencia renal?

La insuficiencia renal es la última etapa de la llamada “enfermedad renal”. En ese estadio, los pacientes requieren tratamientos sustitutivos como la diálisis o el trasplante de riñón.
El trastorno tiene 5 estadios, que van del grado 1 al 5, y se detecta por el filtrado glomerular y la presencia de proteínas en la orina.
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Por medio de un análisis de orina, se estima la tasa de filtración glomerular, que sirve para verificar qué tan bien están funcionando los riñones.

También se indica hacer la prueba de urea y creatinina, que se hace al extraer una muestra de sangre y permite evaluar la función renal. Al diagnosticar el estadio de la enfermedad de manera temprana, se puede tratar y desacelerar su progresión.
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La insuficiencia renal significa que los riñones ya no funcionan lo suficientemente bien como para realizar estas funciones y, como resultado, se presentan otros problemas de salud.
A medida que la función renal disminuye, la persona puede tener hinchazón, generalmente en las piernas, los pies o los tobillos, tener dolores de cabeza, o sentirse cansada durante el día y tener problemas para dormir por la noche.
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¿Cómo empieza una enfermedad renal?

En una entrevista con Infobae, el jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Británico de Buenos Aires, el doctor Hernán Trimarchi dijo que “la enfermedad renal puede comenzar sin síntomas o con síntomas similares a los de otras enfermedades”.
Algunos de los síntomas en el estadio más avanzado pueden ser:
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- Falta de apetito
- Mucha sed
- Fatiga y anemia
- Calambres
- Hinchazón en la cara y las manos
- Insomnio
- Dolor de cabeza

“Habitualmente la enfermedad renal no da síntomas. Por eso, muchos pacientes llegan al diagnóstico cuando ya se perdió más del 50% de la función renal. Lo más importante es la derivación a un profesional de la nefrología, quien está especializado en la patología y puede indicar el tipo de comidas y el tratamiento adecuados para cada paciente”, señaló la experta Papaginovic Leiva.
Las personas con diabetes y la hipertensión tienen más riesgo de desarrollar enfermedad renal. “Hagamos visible lo invisible, decimos en nuestra sociedad, para despertar conciencia”, afirmó la médica.
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“Recomendamos que las personas con diabetes, hipertensión o con antecedentes familiares de enfermedad renal se acerquen a un profesional de la salud y se realicen análisis de orina y la prueba de urea y creatinina”, agregó.
Qué duele si una persona está mal de los riñones

“La patología renal es silente. Es decir, generalmente no da síntomas”, enfatizó la médica. Pero se pueden sentir dolores porque el paciente tiene también un cólico renal, una infección, o por un tumor.
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“Habitualmente llegan tarde a la consulta porque los pacientes no tienen síntomas de la enfermedad renal. Sería importante que lleguen al especialista en nefrología cuando están en estadio 3, pero generalmente reciben el diagnóstico cuando están en los estadios 4 o 5″, agregó.
¿Los dolores de espalda son trastornos de los riñones?

“Generalmente, la enfermedad renal no se asocia con un dolor de espalda”, respondió a Infobae el doctor Trimarchi.
Los dolores de espalda puede estar asociados a artritis, osteoporosis, entre otros trastornos.
De cada 10 personas que hay en mundo, el 10% tiene problemas en el riñón. Más de la mitad no sabe que tiene enfermedad renal, señaló el experto.
¿Qué hacer en caso de insuficiencia renal?

Existen diferentes tratamientos para la enfermedad renal, incluyendo en el estadio de la insuficiencia, que permiten a los pacientes vivir más tiempo y controlar los síntomas y complicaciones asociados.
El tratamiento depende tanto de la causa subyacente como de la gravedad de la enfermedad. En los casos en que los riñones dejan de funcionar de manera gradual, los profesionales de la salud recurren a diversas estrategias para monitorear el estado del paciente y preservar la función renal el mayor tiempo posible. Estas estrategias incluyen la realización de análisis de sangre regulares, controles de presión arterial y el uso de medicamentos específicos.
Entre los fármacos más comunes se encuentran los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) y los bloqueadores de los receptores de angiotensina II (ARB), que ayudan a reducir la presión arterial.

Otros medicamentos incluyen los diuréticos, que eliminan el exceso de líquidos del cuerpo, y las estatinas, que disminuyen los niveles de colesterol. En casos de anemia, los agentes estimulantes de eritropoyetina son utilizados para promover la producción de glóbulos rojos.
“Durante los últimos años, las Guías KDIGO para Enfermedad Renal Crónica y la Diabetes también recomiendan el uso de inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT2) y los antagonistas de los receptores de mineralocorticoides no esteroideos (nsMRA)″, afirmó Papaginovic Leiva.
Recientemente, se obtuvieron más pruebas de que el fármaco análogo del péptido similar al glucagón tipo 1, más conocido como semaglutida, reduce el riesgo de eventos renales graves, problemas cardíacos y muerte por cualquier causa en los pacientes que tienen ambas afecciones.

Además, se emplean suplementos como la vitamina D y el calcitriol para prevenir la pérdida ósea, así como los aglutinantes de fosfato, que eliminan el exceso de fósforo en la sangre.
Sin tratamiento, la insuficiencia renal puede desencadenar una serie de complicaciones graves debido a la pérdida de las múltiples funciones que los riñones desempeñan en el cuerpo.
En los estadios más avanzados se puede indicar la diálisis y el trasplante de riñón. El primero es un procedimiento que sustituye la función de los riñones al filtrar la sangre y eliminar los desechos y el exceso de líquidos del cuerpo. Existen dos tipos principales de diálisis: la hemodiálisis y la diálisis peritoneal.
Cómo se puede prevenir la enfermedad renal

Para cuidar la enfermedad renal, la Sociedad Argentina de Nefrología (que organiza un conversatorio virtual con expertos este 13 de marzo a las 10 horas en Argentina en YouTube) aconsejó seguir las 8 reglas de oro:
- Mantener una vida activa: la actividad física regular ayuda a controlar el peso y reducir la presión arterial.
- Adoptar una alimentación saludable: consumir frutas, verduras y reducir la ingesta de sal (5-6 gramos por día) y reducir el sobrepeso.
- Controlar el nivel de azúcar en sangre: la diabetes es una de las principales causas de ERC; su monitoreo permite actuar a tiempo.
- Revisar la presión arterial: la hipertensión daña los vasos sanguíneos de los riñones, por lo que su control es fundamental.
- Beber suficiente agua: mantenerse hidratado favorece el buen funcionamiento de los riñones.
- No automedicarse: el uso excesivo de antiinflamatorios no esteroides puede dañar a los riñones.
- Evitar el tabaco y el alcohol: estos hábitos aumentan el riesgo de enfermedad renal y cardiovascular.
- Realizar chequeos periódicos: aquellas personas con factores de riesgo deben someterse a controles regulares de función renal mediante análisis de sangre y orina.
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