
En Ann Arbor, Michigan, una reciente ordenanza municipal puso sobre la mesa un tema que afecta a millones de trabajadores en todo el mundo: el derecho a sentarse durante la jornada laboral.
Según informó AP News, esta normativa obliga a empleadores de sectores como el comercio minorista, la hostelería y la peluquería a proporcionar asientos adecuados para sus empleados, siempre que no interfieran con sus tareas.
Estudios del Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional de los EEUU señalaron que esta práctica puede provocar dolor lumbar, fatiga, hinchazón en las piernas y problemas cardiovasculares.

Además, se relacionó con la insuficiencia venosa crónica, una condición que afecta la circulación sanguínea, según la Asociación de Enfermeras Registradas Perioperatorias.
Para mitigar estos riesgos, los expertos recomiendan alternar entre estar de pie y sentado, caminar y utilizar herramientas como alfombras anti fatiga o calzado adecuado.
Historias de trabajadores que enfrentan las consecuencias de estar de pie
El impacto de estas condiciones laborales se refleja en las experiencias de trabajadores como Margaux Lantelme, cajera en una tienda en Chicago.
Según detalló AP News, Lantelme, quien sufre de dolor crónico, solicitó una silla para usar durante su turno. Aunque inicialmente se le concedió, un cambio en la administración la obligó a completar un largo proceso burocrático, incluyendo visitas médicas y copagos para mantener este derecho.

“No tener acceso a una silla sin la aprobación de un médico, lo que cuesta dinero, tiempo y energía, es realmente ridículo”, afirmó.
Otro caso es el de Cecilia Ortiz, quien trabajaba como auxiliar de silla de ruedas en un aeropuerto. Esta mujer relató que, tras cinco horas de pie sin descanso, fue reprendida por sentarse durante 15 minutos en una estación de carga de dispositivos electrónicos.
La sala de descanso, con apenas tres o cuatro sillas, no era suficiente para todos los empleados, lo que obligaba a muchos a sentarse en el suelo.

Ahora, en su nuevo empleo en un almacén, Ortiz puede sentarse cuando lo necesita, algo que describe como un alivio significativo.
En el sector minorista, los trabajadores de Barnes & Noble en Union Square, Manhattan, incluyeron el acceso a sillas en las negociaciones de su primer contrato sindical.
Bear Spiegel, librero de 28 años, explicó que las largas horas de pie y las tareas físicas, como agacharse para colocar libros, afectó sus rodillas.
Aunque recibió apoyo ocasional de sus gerentes para usar un taburete, Spiegel considera que tener acceso regular a un asiento sería una solución más efectiva.
El papel de los sindicatos y las leyes laborales

El derecho a sentarse en el trabajo no es un tema nuevo. Según AP News, a principios del siglo XX, la mayoría de los estados de Estados Unidos tenían leyes que exigían que las trabajadoras tuvieran acceso a asientos.
Estas normativas, sin embargo, se centraban exclusivamente en las mujeres, bajo la premisa de proteger su capacidad reproductiva. Con el tiempo, estas leyes fueron derogadas.
En la actualidad, algunos estados como California, Florida, Massachusetts, Montana, Nueva Jersey, Oregón y Wisconsin cuentan con leyes que garantizan el acceso a asientos para todos los trabajadores, independientemente de su género.

Además, la Organización Internacional del Trabajo adoptó en 1964 normas que exigen a los empleadores proporcionar asientos adecuados y oportunidades razonables para utilizarlos.
Los sindicatos jugaron un papel crucial en la lucha por este derecho. Según AP News, el sindicato de trabajadores minoristas, mayoristas y de tiendas departamentales, que representa a unos 100.000 empleados, presionó para incluir el acceso a sillas en los contratos laborales.
En una ocasión, durante una negociación, los representantes sindicales retiraron todas las sillas de la sala de conferencias para enfatizar su punto. Finalmente, lograron que esta demanda se incluyera en el contrato.

Un problema global con soluciones locales
Según la historiadora laboral Eileen Boris, el movimiento obrero en Inglaterra logró establecer requisitos más estrictos sobre los asientos en el lugar de trabajo, gracias a su mayor fortaleza y representación masculina.
En más de 50 países, las normas de la Organización Internacional del Trabajo fueron ratificadas, garantizando este derecho a los trabajadores.
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