
Las parasomnias son una categoría de trastornos del sueño que implican movimientos anormales y antinaturales, comportamientos, emociones, percepciones y sueños que se producen mientras una persona está dormida, durante las fases del sueño, o durante la privación del sueño.
“Estos comportamientos varían considerablemente en términos de características, gravedad y frecuencia, pero incluyen sonambulismo, parálisis del sueño y terrores nocturnos”, explica la Asociación del Sueño de EEUU.
Investigadores del Instituto Holandés de Neurociencia decidieron explorar este tema e indagar sobre una cuestión bastante compleja: ¿qué sucede dentro del cerebro de alguien que puede considerarse “atrapado” entre el sueño y la vigilia? Los resultados de su estudio se publicaron en la revista Nature Communications.
Aunque es común imaginar a un sonámbulo como alguien que camina dormido con los ojos cerrados y los brazos extendidos frente a él, en realidad, estas personas suelen andar con los ojos abiertos y tener interacciones complejas con su entorno.

Los especialistas se refieren a este comportamiento anormal del sueño como “parasomnia”, que puede incluir comportamientos simples como sentarse en la cama y parecer confundido, pero también otros más elaborados como levantarse, moverse o gritar con una expresión facial de miedo.
Si bien las parasomnias de este tipo son más comunes entre los niños, aproximadamente entre el 2% y el 3% de los adultos todavía las experimentan con regularidad. Las parasomnias pueden resultar angustiosas tanto para quien duerme como para su compañero de cama.
“Las personas afectadas pueden lastimarse a sí mismas o a otros durante los episodios y luego sentirse avergonzadas por lo que hicieron”, explicó Francesca Siclari, directora del laboratorio de sueños.
Los investigadores creen que una combinación de factores genéticos y de estilo de vida aumentan el riesgo de una persona de desarrollar una parasomnia.

“Sabemos que hay genes que se han asociado con el sonambulismo en particular”, dijo Jennifer Mundt, profesora asistente de medicina del sueño, psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en Chicago. Esa predisposición genética puede ser desencadenada por el estrés, la privación del sueño, el alcohol, los medicamentos u otros eventos, dijo. “Un ruido puede producirlo”, explica la experta en una nota reciente en Infobae.
Cómo se realizó el estudio
Siclari y su equipo realizaron este estudio para comprender mejor lo que ocurre en el cerebro durante las parasomnias. “Se creía comúnmente que los sueños sólo ocurren en una etapa: el sueño REM. Ahora sabemos que también pueden ocurrir en otras fases. Aquellos que experimentan parasomnias durante el sueño no REM a veces informan haber tenido experiencias similares a sueños y en ocasiones parecen completamente inconscientes, es decir, en piloto automático”, dijo la especialista.
Para comprender qué explica estas diferencias, la experta y su equipo investigaron las experiencias y los patrones de actividad cerebral de pacientes con parasomnia en el sueño no REM.
Medir la actividad cerebral de una persona durante un episodio de parasomnia no es tarea fácil. El paciente necesita conciliar el sueño, experimentar un episodio y registrar su actividad cerebral mientras se mueve.

“Actualmente hay muy pocos estudios que hayan logrado superar esto. Pero con los numerosos electrodos que utilizamos en el laboratorio y algunas técnicas de análisis específicas, ahora podemos obtener una señal muy limpia, incluso cuando los pacientes se mueven”, explicó Siclari.
El equipo de Siclari puede provocar un episodio de parasomnia en el laboratorio, pero requiere dos grabaciones consecutivas. En la primera grabación, el paciente duerme normalmente. A esto le sigue una noche en la que el paciente se mantiene despierto y sólo se le permite dormir a la mañana siguiente.
Durante esta grabación, el paciente queda expuesto a un sonido fuerte al entrar en la etapa de sueño profundo. En algunos casos, esto resulta en un episodio de parasomnia. Después del episodio, se pregunta al paciente qué había estado pasando por su mente.
El cerebro durante un episodio de parasomnia
En el 56% de los episodios, los pacientes informaron que habían estado soñando durante el episodio. “A menudo se trataba de una desgracia o un peligro inminente. Algunos decían que pensaban que el techo se iba a caer. Un paciente pensó que había perdido a su bebé y estaba buscando entre las sábanas”, explicó Siclari.

“En el 19% de los casos, los pacientes no estaban experimentando nada y simplemente se despertaron y se encontraron haciendo cosas, casi como en trance”, indicó la experta. Otra pequeña porción informó que habían experimentado algo pero no podían recordar qué era.
Basándose en estas tres categorías, el grupo de Siclari comparó las actividades cerebrales medidas y encontró claros paralelismos. “En comparación con los pacientes que no experimentaron nada, los que soñaron durante el episodio mostraron activaciones cerebrales similares a las encontradas anteriormente para soñar, tanto de manera inmediata antes del episodio como también durante el mismo”, añadió Siclari.
“Lo que determina si el paciente estará completamente inconsciente o soñará parece depender del estado en el que se encuentra en ese momento. Si activamos el cerebro mientras probablemente ya esté soñando, parece que puede “hacer algo”, mientras que cuando su cerebro está en gran medida ‘inactivado’, los comportamientos simples parecen ocurrir sin experiencia.
“Curiosamente, los pacientes casi nunca mencionan el sonido que inició el episodio de parasomnia, sino algún otro tipo de peligro inminente. Cuanto más alto sea el volumen del sonido, mayor será la probabilidad de que provoquemos un episodio”.

Como este es sólo el primer paso, hay mucho espacio para estudios de seguimiento. “Lo ideal sería crear un sistema para que más personas registren su sueño en casa, donde también podrían tener episodios mucho más complejos y más frecuentes. También nos gustaría repetir el mismo tipo de estudios en personas que experimentan parasomnias en el sueño REM. Al medir la actividad cerebral como en este estudio, esperamos comprender mejor qué sistemas neuronales están involucrados en los diferentes tipos de parasomnias”, dice Siclari.
Si bien todavía queda mucha investigación por hacer, Siclari confía en que su trabajo puede proporcionar información valiosa. “Estas experiencias son muy reales para los pacientes y la mayoría ya se sintió aliviada de compartirlas con nosotros. Al igual que en estudios anteriores, nuestra investigación aclara lo que están experimentando, lo cual es valioso desde el punto de vista educativo.
“Además, nuestro trabajo podría contribuir a intervenciones farmacológicas más específicas en el futuro. Las parasomnias a menudo se tratan con somníferos inespecíficos, que no siempre son eficaces y pueden tener efectos secundarios negativos. Si podemos deducir qué sistema neuronal funciona de forma anormal, eventualmente intentar desarrollar tratamientos más específicos”, afirmó la experta.
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