
Los trastornos del espectro autista (TEA) son condiciones que afectan el desarrollo cerebral temprano, es decir, desde que el bebé está en el útero y se hacen cada vez más evidentes a medida que los niños crecen y maduran, explica la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). “Se manifiestan antes de los tres años con dificultades en la comunicación, la interacción social y la conducta y son trastornos que se presentan de formas diferentes en cada persona”.
Con frecuencia, el recorrido de los padres para llegar a un diagnóstico suele ser largo sin embargo, cuanto más temprano sea, será mejor, afirman los especialistas.
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¿Por qué es importante detectar tempranamente los TEA? “Una de las características del cerebro y el sistema nervioso es la llamada neuroplasticidad. Cuanto más pequeño es un niño, mayor capacidad de aprender o de reparar un daño tiene, porque la plasticidad de su cerebro es mayor. Hay investigaciones que demuestran que cuanto antes se identifique una alteración en el neurodesarrollo de un niño, más posibilidades existen de mejorar su evolución y pronóstico. A los 18 meses suelen ser evidentes la mayoría de los síntomas de TEA”, destaca la SAP.
Para el diagnóstico, la evaluación por parte de los especialistas tendrá en cuenta distintas áreas como el lenguaje, la comunicación, el nivel madurativo, el perfil sensorial, las habilidades sociales, las emociones y la conducta.
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En el marco del Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, que es el 2 de abril, cientos de voluntarios y representantes de distintas ONGs lanzaron la “Semana Azul”, una iniciativa que se extenderá por 7 días bajo la consigna #hablemosdeautismo. El objetivo de esta iniciativa que empezó el 27 de marzo y finalizará este martes, es tratar de aprovechar la coyuntura de seis feriados consecutivos para ganar espacios y hablar de esta condición.
¿Cuáles son las señales de alerta de TEA?
De acuerdo a la doctora Velleda Cecchi, médica y psiquiatra (U.B.A), miembro titular con función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A), miembro de la International Psychoanalytical Association, autora de dos libros sobre autismo y docente, el niño autista tiene dificultad para aceptar los cambios y aludió a que los años de pandemia produjeron en muchos de ellos situaciones difíciles, por ejemplo, cambiar la rutina de asistir a su escuela los alteraba, porque les resulta muy difícil amoldarse a nuevas situaciones.
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“Estos cambios les provoca angustia, ansiedad, los desubica. Lo que es una fiesta, para estos niños es un trastorno importante. Los papás se angustian, en relación a lo que para muchos es considerado bueno”, dijo a Infobae.

A los 18 meses (un año y medio de vida), las señales de alerta son las siguientes, según la SAP:
- Le cuesta mantener el contacto ocular con otras personas
- No habla y no muestra interés por comunicarse
- No responde cuando se lo llama
- No sigue instrucciones
- No utiliza su dedo índice para pedir algo que necesita
- No utiliza su dedo índice para señalar algo que le interesa
- Algunas veces parece escuchar y otras no
- No sabe cómo jugar con juguetes
- Prefiere jugar solo
- Parece estar en su propio mundo
- No se interesa en los otros niños
- No sonríe como respuesta a la sonrisa
- Se irrita ante sonidos como la licuadora, la aspiradora, etc
- Tiene intensos y violentos berrinches
- Tiene movimientos extraños: aletea, camina en puntas de pie
- Dejó de decir palabras que había aprendido o perdió el interés por los demás

La SAP explica que existen instrumentos llamados “de pesquisa” que permiten identificar rápidamente niños que tienen señales de alarma y que deberían recibir una evaluación. El más conocido en Argentina es el M-CHAT (lista de chequeo en niños pequeños). Es un cuestionario con preguntas que los padres pueden responder y permiten al pediatra identificar tempranamente signos de riesgo. Este chequeo debería utilizarse en el control de salud de los 18 meses.
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Danae Vázquez Hernández, psicóloga especialista en evaluación diagnóstica y terapéutica del espectro autista expresó en una nota reciente en Infobae México que diagnosticar a una niña con autismo es un desafío porque las pruebas estandarizadas están basadas en la conducta autista en hombres.
“Todas las pruebas que nosotros utilizamos para diagnóstico están hechas a partir de muestras masculinas, entonces eso no nos ha ayudado porque la mayoría de niñas y mujeres no puntúan”, destacó. Por lo tanto, muchas niñas llegan a la adultez sin saber que tienen esta condición del neurodesarrollo debido a este sesgo.
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El tratamiento consiste en una serie de intervenciones destinadas a mejorar las áreas donde hay desafíos, apoyándose en las fortalezas de cada individuo. Para el tratamiento de un niño con TEA se requiere la participación de varias disciplinas que trabajen conjuntamente con la familia, afirma la SAP.

Pero como todo problema de salud mental, el autismo también debe luchar contra el estigma y la discriminación. Muchas veces estos están basados en falsas creencias, que se propagan por desconocimiento. La historia del autismo está llena de estos mitos, a menudo con efectos muy negativos en las vidas de las personas que lo sufren y en las de sus familiares.
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Mitos y verdades sobre el autismo
1. “Son personas incapaces de sentir o expresar afecto”. Falso. “Los niños y adultos con TEA sonríen, lloran, se enojan y expresan amor. Establecen vínculos de apego con sus seres queridos. El modo de comunicar estos sentimientos puede resultar poco típico”, afirmó la doctora Silvia Panighini, jefa del Servicio de Psiquiatría Infantil de Fleni.
2. “Es lo mismo autismo que ‘trastorno del espectro autista’”. Verdad. “La forma en la que el autismo se manifiesta varía mucho de unas personas a otras, y por eso se habla de un “espectro” para que el término incluya la variabilidad de manifestaciones. Ambos términos se suelen utilizar de forma indistinta”, explica la Confederación de Autismo de España.
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3. “1 de cada 36 niños ha sido identificado con un trastorno del espectro autista (TEA)”. Así es, según datos de la Red de Monitoreo de Autismo y Discapacidades del Desarrollo (ADDM) de los CDC (Centro de control de enfermedades y prevención de EEUU). El TEA ocurre en todos los grupos raciales, étnicos y socioeconómicos.

4. “El TEA es casi 4 veces más común entre los niños que entre las niñas”. Es verdad. “Los TEA afectan aproximadamente a 1 de cada 100 personas y son casi cinco veces más comunes en varones que en mujeres”, dice la Sociedad Argentina de Pediatría.
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5. “El TEA solo se presenta en la infancia”. Falso. “El TEA es un trastorno que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida. Esta afirmación implica que hay personas con autismo en las diferentes etapas del ciclo vital: infancia, adolescencia y juventud, madurez y vejez. La sociedad es más consciente y sensible hacia los problemas de la infancia, pero no debemos olvidar que los niños crecen y se convertirán en adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos con TEA, y que todos necesitan reivindicar de igual manera el ejercicio efectivo de sus derechos”, afirma la Confederación de Autismo de España.
6. “La mejoría es muy poco frecuente”. Falso. “Todas las personas con TEA mejoran en el curso de su desarrollo y si las intervenciones son tempranas, intensivas y específicas, las probabilidades de expresión verbal, relación social y aprendizaje son muy altas”, expresó la doctora de Fleni.

7. “Las personas con TEA no se comunican”. Falso, sí se comunican, aunque no todas lo hacen de la misma manera, ni todas recurren al lenguaje oral, señala la Confederación de Autismo de España. “Algunas emplean otras formas de comunicación para las que precisan recursos de apoyo, tales como sistemas alternativos y/o aumentativos de comunicación”, agrega la entidad.
Por su parte, la doctora de Fleni expresó: “Las personas con TEA desean relacionarse y tener amigos, pero les resulta difícil comprender cómo comportarse en situaciones sociales. Entender y responder a las emociones de otros puede resultarles una tarea desconcertante”.
8. “Son niños que no pueden ir a escuelas comunes” Falso. “La decisión sobre la escolaridad no depende de un diagnóstico sino de las características y necesidades específicas de cada individuo y de las posibilidades de la escuela. La integración en la escuela común es deseable y posible en muchos casos”, dijo la doctora Panighini.
9. “El autismo se puede curar”. Por ahora no. “Los TEA acompañan a la persona durante toda su vida por lo que no existen ‘remedios milagrosos’ que puedan curar el trastorno. Sin embargo, la calidad de vida de las personas con TEA puede mejorar gracias a tratamientos psicoeducativos basados en la evidencia científica, que permitan fomentar sus competencias y habilidades (siempre de manera individualizada y adaptada a las distintas etapas de su desarrollo vital)”, afirma la confederación.
10. “Las vacunas pueden causar autismo”. Falso. Después del desarrollo de numerosos trabajos de investigación a gran escala y a nivel internacional, la comunidad médica y científica de todo el mundo apoya de forma unánime la conclusión de que no existe evidencia que relacione la vacunación y el desarrollo de los TEA”, asegura la Confederación Autismo España.
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