
Si bien muchas personas no se han tomado aún sus vacaciones, hay quienes ya han podido disfrutar de su período de descanso y receso laboral y se encuentran próximos a retomar sus actividades cotidianas.
“La vuelta al trabajo tras el periodo de vacaciones puede resultar emocionalmente desafiante y, en algunas ocasiones, se puede asociar con la aparición de emociones displacenteras, tales como la tristeza, el estrés y la ansiedad”, explicó la licenciada Belén Tarallo, psicóloga y miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO.
Por esta razón, la licenciada Tarallo brindó algunas prácticas y sugerencias que pueden resultar de utilidad para prevenir un impacto negativo significativo en la salud mental a la hora de retomar las responsabilidades laborales:

Es habitual que las personas mencionen que en los últimos días de vacaciones ya se encuentran pensando excesivamente en la vuelta al trabajo. Ese pensamiento recurrente y anticipatorio las aleja considerablemente del disfrute y de la conexión con el momento presente.
Para reducirlo, se sugiere realizar el ejercicio deliberado y consciente de redirigir el pensamiento hacia el aquí y ahora. El primer paso consiste en registrar el pensamiento anticipatorio. Luego, no intentar eliminarlo o suprimirlo, sino reorientarlo hacia alguna cuestión que esté sucediendo en el momento.
Si redirigir el pensamiento se vuelve muy dificultoso, una forma sencilla de facilitar dicho proceso es conectarlo con lo sensorial, es decir, elegir cualquiera de los 5 sentidos (vista, tacto, gusto, olfato y oído) y obtener información del presente (por ejemplo: redirigir el foco de atención a 3 cosas que se puedan ver, 2 que se puedan escuchar y 1 que se pueda tocar). Esta es una forma sencilla y eficaz de estar en el aquí y ahora.

Si el foco atencional se concentra en todo el mes, o incluso toda la semana, puede resultar agobiante y paralizante. Por el contrario, reducir el foco atencional al bloque de tiempo que a uno le resulte abarcable puede ser más beneficioso y favorecer la acción. Por ejemplo, concentrarse únicamente en las tareas que se deben llevar a cabo durante el día o, más específicamente, en la mañana. Recién una vez que se termina con dicho bloque, el foco atencional pasa al siguiente.

Un ejercicio práctico que puede reducir la aparición de emociones displacenteras consiste en categorizar a cada tarea como “urgente” o “importante”. Las tareas urgentes son aquellas que necesitan atención y resolución inmediata, porque de lo contrario podrían traer consecuencias negativas. Las tareas importantes son aquellas que, tal como lo dice su nombre, resultan relevantes, pero no necesariamente tienen que ser llevadas a cabo de forma inmediata. Realizar dicha distinción permite priorizar las tareas urgentes y quitarle la presión de la urgencia a las tareas importantes, lo cual favorece la reducción del malestar.

Esto es indispensable para prevenir el agotamiento cognitivo y la aparición aguda de emociones desagradables. Una forma sencilla de respetar los momentos de corte es incluyéndolos dentro del calendario, como si fueran una tarea más.
En última instancia, se sugiere que, ante la presencia de dificultades o mayores desafíos en el proceso de adaptación a la vuelta al trabajo, se realice una consulta con algún profesional de la salud mental.
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