
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “se puede definir el estrés como un estado de preocupación o tensión mental generado por una situación difícil”. Y, pese a que todas las personas conviven con cierto grado de estrés, “ya que se trata de una respuesta natural a las amenazas y a otros estímulos”, la forma en que se reacciona a esta situación “marca el modo en que afecta a nuestro bienestar”.
Lo cierto es que el estrés afecta tanto a la mente como al cuerpo. “Es positivo tener un poco, pues nos ayuda a realizar las actividades diarias, pero cuando el estrés pasa a ser excesivo tiene consecuencias físicas y psíquicas”, advierte el máximo ente sanitario internacional. Sin embargo, “podemos aprender a lidiar con él para sentirnos menos abrumados y mejorar nuestro bienestar físico y mental”.
En ese sentido, desde los Institutos Nacionales de Salud, de los Estados Unidos, advirtieron que el estrés puede presentarse de diferentes maneras, aunque suele dividirse en dos tipos: el estrés agudo y el crónico, aunque ambos afectan la salud física y mental de quienes los sufren.
¿Qué es el estrés?

Es importante destacar que el estrés no es en sí mismo negativo, sino que es una reacción adaptativa necesaria que permite realizar las actividades propias de la vida cotidiana como las tareas académicas o las responsabilidades laborales. Es la reacción de su cuerpo a un desafío o demanda.
Según indicaron desde los NIH . , el cuerpo “reacciona ante el estrés al liberar hormonas”, las cuales hacen que el “cerebro esté más alerta, causa que sus músculos se tensionen y aumente su pulso”. “A corto plazo, estas reacciones son buenas porque pueden ayudarle a manejar la situación que causa el estrés. Esta es la manera en que su cuerpo se protege a sí mismo”, aseguraron.
Al tiempo que aclararon que “en pequeños episodios el estrés puede ser positivo, como cuando le ayuda a evitar el peligro o cumplir con una fecha límite. Pero cuando el estrés dura mucho tiempo, puede dañar su salud”. Algunos síntomas de que pueden afectar negativamente al organismo son: dificultad para relajarnos y concentrarnos, sensaciones de ansiedad e irritabilidad, dolores de cabeza, problemas para dormir e incluso puede aumentar el consumo de alcohol y tabaco. Por eso reconocer los signos del estrés y aprender a abordarlos de manera constructiva es crucial.
Estrés agudo

El estrés agudo “desaparece rápidamente. Puede sentirlo cuando presiona los frenos, pelea con su pareja o esquía en una pendiente. Esto le ayuda a controlar las situaciones peligrosas. También ocurre cuando hace algo nuevo o emocionante. Todas las personas sienten estrés agudo en algún momento u otro”, que desencadena reacciones intensas de lucha o huida en el cuerpo humano.
De acuerdo al Instituto Americano del Estrés (AIS), el modo lucha o huida comprende una serie de reacciones al estrés agudo que son consecuencia de la liberación de adrenalina como aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como la presión arterial. Un artículo científico publicado en la National Library of Medicine (NLM), la biblioteca más grande del mundo, explica que en situaciones extremas, se rebasan las capacidades de las personas para gestionar sus emociones, lo que conduce a perturbaciones en la salud mental.
Si los síntomas del estrés agudo se prolongan más allá de un mes entonces se trata del trastorno de estrés postraumático (TEPT), cuyos síntomas pueden incluir además recuerdos, pesadillas y ansiedad severa, además de pensamientos repetitivos acerca del evento terrorífico que desató este tipo de estrés agudo. Según Mayo Clinic, los pacientes que viven con esta condición suelen ser los veteranos de guerra, por citar un ejemplo.
Estrés crónico

El estrés crónico “dura por un período de tiempo prolongado”. “Usted puede tener estrés crónico si tiene problemas de dinero, un matrimonio infeliz o problemas en el trabajo. Cualquier tipo de estrés que continúa por semanas o meses es estrés crónico”, señalan desde los NIH. Al tiempo de que afirman de que “puede acostumbrarse tanto al estrés crónico que no se dé cuenta que es un problema”.
El impacto acumulativo del estrés crónico es motivo de preocupación entre profesionales de la salud, dado que puede provocar perturbaciones progresivas y complejas en la capacidad de la persona para manejar la presión y recuperarse de ella. Hay que tener en cuenta que el estrés crónico no sólo afecta la productividad y el rendimiento laboral, sino que también tiene el potencial de influir negativamente en la calidad de vida fuera del trabajo.
Algunos de los síntomas de este tipo de estrés son insomnio, dolor leve en diferentes partes del cuerpo, falta de concentración, cambios en el apetito (aumento o disminución), aumento de consumo de alcohol o drogas, cambios en el comportamiento social (preferir estar en casa en vez de salir) y baja energía o vitalidad.
Cuándo consultar con un profesional
Más allá de estas descripciones, es importante tener en cuenta que “si se siente abrumado por el estrés o si está afectando su salud” lo mejor es consultar con un experto. En ese tono, los NIH resumieron que “las razones por las cuales usted posiblemente necesite buscar más ayuda”, y destacaron: sensaciones de pánico (como vértigo, respiración rápida o latidos cardíacos acelerados), es incapaz de trabajar o desempeñarse en la casa o en su trabajo, tiene miedos que no puede controlar o está teniendo recuerdos de un evento traumático, son algunos de los “signos” de que necesita la guía de un profesional.
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