
Las alteraciones del sueño aumentan el riesgo de padecer condiciones tales como hipertensión, obesidad o depresión. Además, puede impactar negativamente en la concentración y la memoria, de acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Ahora, este problema ha sido relacionado con deterioro cognitivo en adultos mayores, según una reciente investigación.
Una nueva investigación, realizada con un enfoque transversal y retrospectivo basado en el llamado Estudio Longitudinal de Seattle (SLS), evaluó cómo los patrones de sueño a lo largo del tiempo influyen en el envejecimiento cognitivo en adultos mayores saludables.
Los investigadores incluyeron a 1104 personas que habían proporcionado datos completos, tanto de sus hábitos al momento de dormir como en pruebas neuropsicológicas. De estos participantes, 826 se incorporaron al análisis final.
Los resultados indicaron que aquellos con patrones de sueño corto (menos de 7 horas) y los que presentaban una mayor variabilidad en la duración de su siesta tenían un riesgo significativamente mayor de sufrir deterioro cognitivo.

Esto sugiere que una duración inestable al momento de dormir podría tener un impacto negativo en la función cognitiva a medida que las personas envejecen.
Además, estos hallazgos sugieren la necesidad de analizar los patrones de sueño en períodos más extensos para comprender mejor la relación entre edad, interrupciones durante la siesta y el deterioro cognitivo, probablemente más allá de lo que actualmente se maneja en investigaciones convencionales.
Antecedentes a esta investigación
Un estudio similar, que se publicó en BMC Public Health, fue realizado con 1.443 habitantes de una aldea en Chile y reveló una conexión entre los problemas de sueño y el deterioro cognitivo leve, en el que se puso especial énfasis en factores como la cantidad de horas que durmieron y la hora de despertar.

Sin embargo, los autores señalaron que, aunque se reconoce la asociación entre estas variables, la naturaleza causal de la relación entre los desórdenes del sueño y el deterioro cognitivo aún no se ha determinado con claridad y requiere de investigaciones adicionales.
De la misma forma, otro trabajo publicado en septiembre pasado en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología, reveló que la disminución del sueño profundo y la apnea obstructiva del sueño (AOS) grave podrían estar vinculados con un aumento en las irregularidades de la sustancia blanca en el cerebro de adultos mayores cognitivamente sanos.
Estas alteraciones podrían elevar el riesgo de padecer problemas de memoria y atención, demencia y accidentes cerebrovasculares. El estudio apoya la teoría de que la calidad del sueño y la oxigenación afectan indicadores biológicos asociados con enfermedades del corazón.
Sin embargo, los autores mencionan que son necesarias investigaciones a largo plazo para comprender mejor estos vínculos causales.

Asimismo, una investigación difundida en Nature Communications concluyó que dormir pocas horas de manera constante a los 50, 60 y 70 años se relacionó con un incremento del riesgo de desarrollar demencia, más allá de otros factores como el entorno socioeconómico, hábitos de vida, condiciones cardiometabólicas y de salud mental.
Cómo mejorar la calidad del sueño
De acuerdo con la información de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, la calidad del sueño puede optimizarse mediante sencillas medidas, establecer y cumplir una rutina constante de horarios para dormir y levantarse. Asimismo, aconsejan dedicar tiempo a actividades relajantes antes de acostarse, como leer o tomar un baño, y preparar el dormitorio para que sea un santuario de tranquilidad, oscuridad y con temperatura agradable, libre de dispositivos electrónicos.

Además, sugieren evitar las cenas copiosas y la ingesta de cafeína o alcohol en horas nocturnas, así como mantenerse activo durante el día para promover un descanso nocturno efectivo.
Los CDC también resaltan que la recomendación general es que los adultos duerman al menos 7 horas por noche, ya que el sueño es esencial para la revitalización del cuerpo, el descanso y la recuperación.
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