El rugido que durante años pareció dormido volvió a sacudir el corazón de la ciudad. AC/DC regresó al Estadio Monumental y con él, también volvió una parte esencial de la historia emocional del rock en la Argentina.
Dieciséis años después de aquellas noches imborrables de 2009, la banda australiana reanudó un vínculo que nunca se rompió del todo: el de una comunión visceral con un público que la adoptó como propia.
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Desde mucho antes de que se apagaran las luces, la expectativa ya se sentía en el aire. Las inmediaciones del estadio eran una peregrinación de remeras negras, banderas y cruces generacionales unidos por un mismo ritual. Adentro, cada rincón latía al ritmo de la ansiedad. En la previa, los acordes de Black Sabbath resonaron como una invocación, un guiño reverente a Ozzy Osbourne, mientras miles de “cuernitos” rojos se encendían en las tribunas, recreando esa postal indeleble que el tiempo no logró borrar.
Y entonces, pasados un par de minutos de las 21, ocurrió lo inevitable. Sin anuncios grandilocuentes ni artificios, el escenario cobró vida y la descarga fue inmediata. Angus Young, inmutable en su uniforme escolar, irrumpió al frente con “If you want blood” (You’ve got it) y desató la primera explosión de una noche que no daría respiro. A su lado, la voz áspera e inconfundible de Brian Johnson volvió a encender una llama que jamás se apagó del todo. Cuando sonaron los primeros acordes de “Back in black”, el estadio se convirtió en un solo grito, en una masa vibrante que cantó como si el tiempo no hubiera pasado.
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La formación actual sostiene con firmeza el legado: junto a Angus y Johnson, Stevie Young —heredero directo del espíritu del inolvidable Malcolm Young—, Matt Laug y Chris Chaney construyen un andamiaje sólido que mantiene intacta la potencia del grupo. No hubo fisuras: cada riff, cada golpe de batería, cada alarido reafirmó que la banda sigue siendo una fuerza indomable sobre el escenario.
El show avanzó como una ceremonia de clásicos. “Thunderstruck” convirtió al estadio en una tormenta eléctrica, con relámpagos que parecían caer sobre la multitud mientras miles de gargantas acompañaban cada nota. Más tarde, la imponente campana de “Hells bells” descendió lentamente, arrancando una ovación que erizó la piel. No hubo sorpresas en la lista, pero tampoco hicieron falta: la banda eligió el camino de la memoria compartida, ese territorio donde cada canción es un himno.
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Promediando la noche, “Highway to hell” selló el pacto definitivo. No fue solo una canción, fue un ritual colectivo. Cada estrofa fue coreada con una intensidad que transformó el Monumental en una sola voz. En ese instante, quedó claro que la relación entre AC/DC y el público argentino trasciende el tiempo, las modas y las ausencias.
Desde el campo hasta las últimas plateas, la entrega fue total. Familias, grupos de amigos, fanáticos históricos y nuevos adeptos convivieron en una misma celebración, unidos por una pasión que se transmite de generación en generación. Brian, con su carisma intacto, sostuvo un diálogo constante con la multitud, alimentando una conexión que se reflejó tanto en el estadio como en las redes, donde la noche se multiplicó en imágenes y recuerdos.
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En lo visual, el “Power Up Tour” apostó por la esencia: una puesta clásica, sin excesos, donde cada recurso estuvo al servicio de la música. La electricidad de Thunderstruck, la mística de Hells bells, la sobriedad de un escenario que no necesitó artificios para impactar. Porque el verdadero espectáculo estuvo donde siempre: en el sonido crudo, en la energía irreductible, en la verdad de una banda que hizo del rock una identidad.
Así, el regreso de AC/DC al Monumental no fue solo un concierto. Fue un reencuentro esperado, una celebración cargada de memoria y presente, un capítulo más en una historia de amor que parece no tener final. Y mientras las luces se apagaban y el eco de los últimos acordes se desvanecía en la noche porteña, una certeza flotaba en el aire: el rugido sigue vivo, y el público argentino ya cuenta los días para volver a escucharlo, con funciones previstas para los días 27 y 31 de marzo.
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