
No es frecuente que se diagnostique un cáncer en una persona durante el embarazo, pero puede ocurrir. Se estima que alrededor de 1 de cada 1.000 personas gestantes recibe un diagnóstico en ese sentido, según un estudio de la Universidad George Washington.
Se trata de una situación especialmente delicada y compleja, y las asociaciones médicas de los Estados Unidos, Europa y la Argentina, entre otros países, han elaborado pautas específicas para su manejo.
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“El embarazo y el tratamiento del cáncer son posibles. Pero se requiere que la situación sea abordada por equipos profesionales multidisciplinarios y tratamientos individualizados”, afirmó el presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, el médico Diego Kaen, en diálogo con Infobae.
De acuerdo con la Sociedad Estadounidense del Cáncer, los tipos de cáncer más frecuentes durante el embarazo son similares a los más comunes en mujeres jóvenes.
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Entre los tumores más habituales, están los cánceres de mama, cuello uterino, tiroides, colon y ovario, así como el melanoma, el linfoma y la leucemia. Aunque es menos frecuente, también hay personas que quedan embarazadas mientras estaban recibiendo tratamiento contra el cáncer. Si esto ocurre, el enfoque del tratamiento es el mismo que si el cáncer se diagnosticara durante el embarazo.

De acuerdo con Santiago Bella, profesor en la Universidad Católica de Córdoba, quien forma parte del Grupo cooperativo argentino para el estudio y la investigación del Cáncer de Mama de la AAOC, “cuando se diagnostica un cáncer en una persona que cursa un embarazo, algunas optan por interrumpirlo porque consideran que puede ser un riesgo para su vida, y hay leyes que garantizan el derecho de tomar esa decisión. Otras personas deciden continuarlo”.
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En estos casos, cuando se decide continuar gestando, “hay que considerar que algunos métodos de diagnóstico y de tratamiento para el cáncer no se pueden usar por el embarazo en curso. El tratamiento se puede adaptar, pero la paciente debe saber que eso puede implicar no hacer lo mejor para el abordaje de la enfermedad”, señaló el doctor Bella.
Este año la Escuela Europea de Oncología Médica publicó un consenso sobre cómo se deben manejar los casos de personas con embarazo que son diagnosticadas con tumores. La AAOC de la Argentina adhirió al consenso como organización asociada.
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Cuando se detecta un cáncer durante el embarazo, suele ser porque la mujer se palpa un bulto nuevo, tiene un dolor nuevo o nota otros cambios corporales que la llevan a visitar al médico. En algunos casos, las exploraciones y pruebas de laboratorio que se realizan como parte de los cuidados rutinarios en esta etapa pueden mostrar algo anormal que resulte ser cáncer.

Si se sospecha que una mujer embarazada puede tener cáncer, o si se detecta un cáncer durante el embarazo, puede ser necesario realizar pruebas de diagnóstico por imagen. La principal preocupación es si puede ser perjudicial para el feto.
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Las mamografías pueden detectar la mayoría de los cánceres de mama que se inician durante en etapa de gestación. En general, se considera seguro hacerse una mamografía. La pequeña dosis de radiación se concentra en las mamas, por lo que la mayor parte no llega a otros órganos del cuerpo.
Las ecografías no utilizan radiación y se consideran seguras durante el embarazo. Suele ser una prueba fácil de realizar, por lo que puede utilizarse para evaluar un cambio (como un bulto o una masa) en órganos como el hígado, los riñones, los ovarios o las mamas durante la gravidez.
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Las radiografías de tórax utilizan una pequeña cantidad de radiación. En general, se considera seguro realizarlas durante el embarazo, sobre todo si se protege el vientre.
Las tomografías por emisión de positrones (PET) y las tomografías computarizadas (TC) suelen realizarse para detectar cáncer o signos de propagación a otras partes del cuerpo. Es probable que estas pruebas expongan al feto a la radiación, por lo que no suelen recomendarse en etapa de gestación.
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En cuanto a los tratamientos, se debe evaluar muy bien cada caso. Según Javier de Santiago, jefe del Servicio de Ginecología Oncológica de MD Anderson Cancer Center Madrid, en España, el cáncer durante el embarazo es una situación delicada “no tiene por qué suponer necesariamente la interrupción del embarazo”.
Pero aclaró que existen “algunos tratamientos para el cáncer que generalmente se consideran contraindicados debido a los posibles riesgos para el feto, como la radioterapia, las terapias dirigidas o la inmunoterapia”. Por eso, el abordaje de este tipo de situaciones se basa en dar el tratamiento adecuado a la madre y garantizar la seguridad del feto.
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Según el doctor De Santiago, el cáncer en el embarazo supone dos grandes interrogantes. Por un lado, qué pruebas diagnósticas se pueden hacer para detectar el cáncer. “Se pueden hacer porque tenemos una serie de armas que no afectan al embarazo como las resonancias. También se pueden realizar pruebas radiológicas con la protección adecuada”, enfatizó.
El segundo de los interrogantes es qué tratamiento aplicar. En el caso del cáncer de mama, el especialista explicó que se pueden valorar diferentes escenarios terapéuticos sin que esto implique un peor pronóstico. “La posibilidad de utilizar un tratamiento quirúrgico dependerá de la localización del tumor y, en el caso del cáncer de mama, se puede llevar a cabo″, afirmó.

En cuanto a los tratamientos complementarios, el especialista expuso que muchos de los fármacos que son parte de las quimioterapias disponibles se pueden administrar en caso de cáncer y embarazo, siempre con seguridad y una vigilancia mucho más frecuente que en una gestación normal para observar el efecto que el tratamiento pueda tener en el crecimiento del feto.
No obstante, el experto español puntualizó que se debe tener en cuenta la semana de gestación y que durante el primer trimestre se descarta la administración de esos medicamentos.
“Tiene que ser un tratamiento absolutamente individual y multidisciplinar, con un seguimiento del perinatólogo en conjunción con el ginecólogo y una vigilancia fetal frecuente. Estas pacientes siguen un proceso de tratamiento complejo que requiere un abordaje conjunto como el de cualquier tipo de cáncer, pero al que hay que añadir además un especialista en obstetricia que controle el estado del feto en todo momento y la presencia de un psicooncólogo”, recomendó De Santiago.
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