¿Alguna vez se preguntó cuánto tiempo por día se dedica a quejarse o cuántas quejas escucha por día? Y quejas sobre lo que sea, puede ser el frío o el calor, la economía o el referí y el resultado del partido. Es más, puede quejarse directamente del mundo o, en la calle, de la gente que maneja como a usted no le gusta.
Pero, en esta entrega, quiero que conozca a qué se enfrenta cuando tiene este comportamiento, porque está comprobado que el estar expuesto o cuando uno mismo se queja mucho, se altera el equilibrio emocional y el equilibrio físico. Se alteran los neurotransmisores que regulan su forma de pensar y reflexionar, y de sentir.
Incluso, también se altera el cortisol, que es la hormona del estrés. De dónde surge esta información, se preguntará. Bueno, hace algunos días, científicos de la Universidad de Stanford se centraron en personas en las que las quejas son casi un modo de vida.
Según advirtieron, el hábito de quejarse daña las neuronas en el hipocampo, la parte del cerebro que se utiliza para la resolución de problemas y la función cognitiva, y estos efectos se evidencian tanto cuando la misma persona es quien se queja como si lo hacen individuos de su entorno, ya que el daño es la exposición a la negatividad.

En el estudio de la Universidad de Stanford, los científicos evaluaron la exposición a tan solo 30 minutos de quejas todos los días. Entre algunos de los efectos negativos, los expertos en este campo aseguraron que afecta la química del cerebro, refuerza patrones negativos, interfiere con la resolución de problemas, daña nuestra actividad social.
Pero eso no es todo, según explicaron las personas que se quejan con frecuencia y de manera excesiva pueden experimentar una disminución en la capacidad de los circuitos de recompensa para activarse en respuesta a estímulos gratificantes, ya que este comportamiento está asociado con un enfoque constante en los aspectos negativos de la vida y una falta de atención a los aspectos positivos, lo que puede agotar los recursos emocionales.
Cuál es la recomendación que hacen en la Universidad de Stanford, que son los que hicieron este estudio acerca del tiempo límite que uno puede tener para las quejas, por supuesto, aproximado. Es hacer foco en otros temas, empezar a enfocarse en las cosas buenas.

1. Darse cuenta de que uno está rumiando y de que uno está con una especie de cosa obsesiva que necesita quejarse todo el tiempo. Lo importante, entonces, es tomar conciencia de que hay que modificar estos patrones de pensamiento negativo.
2. Resolver cosas que están al alcance de uno o cosas prácticas, cosas pequeñas. El mejor consejo es ver la forma de centrarse en aquello que puede resolver y encontrar soluciones prácticas para resolver los problemas, dejando de lado la queja.
3. No consumir malas noticias, ya sea tanto en los diarios como en los noticieros. Existen algunas personas que se alimentan de esta información de forma continua como justificación de sus quejas.
4. Pedir ayuda y hacer actividad física. Contar con una red de contención, como pueden ser los amigos o la familia, siempre pueden ser ideales para enfrentar estas situaciones. Sin embargo, en algunas ocasiones, la respuesta está en la ayuda de un profesional de la salud mental. En tanto, realizar actividad física y el estado de ánimo que impulsa permite dejar a un costado algunos pensamientos negativos.

A fin de cuentas, tenemos que reconocer que la vida tiene cosas malas, pero también buenas. Por eso es importante no centrarse solamente en las malas. Por ejemplo, existen 6 aspectos que pueden impulsar la felicidad, como son: ser agradecido con las otras personas; poder perdonarse y perdonar a los demás; reconocer la relación que tienen mis pensamientos con mi calidad de vida; tener una red social (gente alrededor mío en la que pueda confiar y viceversa); el orden, porque una persona ordenada, gana tiempo y eficiencia; y tener pequeños objetivos e ir cumpliéndolos.
Como verá, algunos consejos son coincidentes con los postulados por los expertos de Stanford. Y recuerde: exigir es fácil, señalar es fácil, delegar es fácil, también lo es condenar, ordenar y quejarse. Pero dar el ejemplo y hacer las cosas, eso sí es lo difícil.
*El doctor Alberto Cormillot (MN 24.518) es un reconocido médico argentino especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista. Fundó y dirige la Clínica de Nutrición y Salud que lleva su nombre, Dieta Club, la Fundación ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad) y el Instituto Argentino de Nutrición, desde donde asesora a industrias para la elaboración de productos dietéticos y saludables.
* Realización: Samuel Cejas / Edición: Rosario Benítez Chiarelli / Producción: Dolores Ferrer Novotný
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