
Desde la zona mesopotámica, zona norte (Formosa y Chaco, con extensión a Paraguay y parte de Brasil) y el delta del Paraná llegó la semana pasada la noticia: la quema de pastizales generó una nube de humo tan grande que llegó a la ciudad de Buenos Aires y alrededores.
Existen varios factores que hoy se conjugan al mismo tiempo y que, sumados a la intervención humana, favorecen la propagación de las llamas y, con ella, la del humo:
- Las sequías.
- La presencia de viento norte.
- Las altas temperaturas en pleno invierno.
- La bajante del río Paraná.
- La ausencia de lluvia en la ciudad: este julio fue uno de los menos lluviosos de los últimos años. Mientras el promedio de lluvia de este mes ronda los 60 mm, este año solo llovieron 6 mm.
El humo tiene un impacto muy nocivo en nuestra salud. Más allá de la irritación ocular y la congestión nasal, también puede traer consecuencias en los pulmones (broncoespasmo) y dolor de cabeza intenso. Empeora el estado de las personas alérgicas y asmáticas y también puede afectar el sentido del olfato. Los grupos más vulnerables son los niños pequeños y los adultos mayores.
Hoy en día, debido a la pandemia por el nuevo coronavirus, los barbijos son de uso obligatorio en nuestro país. Esto también se convierte en una ayuda para evitar la inhalación de humo, aunque debemos prestar especial atención al efecto que este puede tener en nuestros ojos.
Los animales también sufren las consecuencias de estas prácticas irresponsables: se han visto quemaduras y muertes en el ganado vacuno. Además, causa estragos en la fauna de las islas del Paraná: es frecuente la triste imagen de nutrias, yacarés y carpinchos acorralados por el fuego.
De esta forma, se ve comprometido todo el ecosistema de la región.
El impacto de la contaminación del aire en la salud humana es un problema mundial. No solo el humo proveniente de la quema causa daño: las emisiones de monóxido por combustión intradomiciliaria y de dióxido de carbono por emanaciones de los motores también repercuten en nuestro organismo.
Todas estas son señales de alarma para hacernos pensar en nuestro presente. No se trata del futuro, sino de lo que vivimos día a día. Proteger a nuestro planeta parece ser una tarea titánica, pero podemos comenzar por cuidar a quienes nos cuidan: los bomberos también sufren accidentes y muchas veces dan su vida cuando trabajan en estos siniestros.
Cuidarnos entre todos parece ser la mejor receta.
* Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga (MN 81701). Experta en olfato y alergista. Expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA)
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