
En la Argentina, desde la semana epidemiológica 31 de 2019 hasta la 16 de 2020 se notificaron al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud 52.594 casos con sospecha de dengue u otros arbovirus. Según da cuenta el último boletín integrado de vigilancia que publica el Ministerio de Salud de la Nación, de esa cifra, 22.320 casos resultaron confirmados por laboratorio y no presentaban antecedente de viaje. Otros 1.475 casos confirmados y probables con antecedente de viaje a otras jurisdicciones o localidades que no se hallan en brote y 1.969 casos confirmados y probables en investigación, lo que da un total de 25.764 casos de la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti.
Hasta el momento, se registra en diferentes sitios del territorio nacional la presencia de tres serotipos: 69% correspondió a DEN-1, 29% a DEN-4 y 2% DEN-2.
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Con 5.183 positivos, la Ciudad de Buenos Aires es el distrito con más casos en el país, seguido por la provincia de Buenos aires, con 4.070.
Consultada por Infobae, la médica infectóloga Gabriela Piovano (MN 85555) consideró que “la situación se disparó en los últimos años a raíz de dos situaciones que se dieron casi en simultáneo: por un lado, el cambio climático, que se fue dando con la llegada de altas temperaturas de más de 30 grados por periodos de tiempo más largos que hace 10 años, lo que provocó que las larvas pudieran criarse en nuestro ambiente y esto dio origen a casos autóctonos”.
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Por otro lado, según la especialista, “esto se agravó a partir de que en el gobierno anterior se desactivó el programa de control ambiental y enfermedades transmitidas por mosquitos”. “Había personal designado a trabajar en los lugares de brotes que dejaron de estar y ambas cuestiones llevaron que hoy la situación sea bastante complicada”.
No todas las especies de mosquitos que pueden encontrarse en las casas transmiten dengue, sólo la hembra del Aedes aegypti. “Hay más de 240 especies de mosquitos en la Argentina y muchas veces se confunde al Aedes aegypti con otras especies”, dijo a Chequeado Nicolás Schweigmann, investigador independiente de Conicet, director del Grupo de Estudios de Mosquitos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e integrante del Grupo de Investigadores sobre Mosquitos en Argentina (GIMA).
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Schweigmann explicó que en invierno o cuando hace mucho frío, por una cuestión de metabolismo, los mosquitos no pueden regular su temperatura corporal y se desplazan en forma más lenta. “Hay que tener en cuenta que los mosquitos adultos se alimentan del néctar, y como en el invierno hay menos flores, entonces disminuye su cantidad al no poder alimentarse. En invierno se da una baja de la población de los mosquitos adultos, pero los huevos persisten pegados en las paredes de aquellos recipientes olvidados por las personas y así sobreviven en ese estadio durante varios meses”, señaló.
“El tema climático va a tener influencia en la aparición de nuevos casos; el clima va a hacer que baje la reproducción del mosquito, siempre y cuando bajen las temperaturas de manera sostenida”, sostuvo Piovano, quien adelantó un escenario nada alentador de cara al futuro: “Hay cuatro seroptipos de la enfermedad, de los cuales tres están circulando en el país. Este año tendremos otra cepa circulante y ahí lo que ocurre es que empieza a aumentar el riesgo de nuevas infecciones en personas que ya tuvieron una primo infección, las cuales podrían tener un cuadro más agresivo y tal vez en una tercera oleada se llegue al dengue hemorrágico que es el grave”.
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Sin vacuna ni tratamiento específico disponible, a las medidas de prevención conocidas (campañas de descacharreo, eliminar reservorios de agua en los hogares, etc), Piovano agregó que “la mayor prevención es la concientización de la sociedad y que la población tome participación activa en controlar al mosquito”.
Se debe tener conciencia de la importancia de cambiar ciertos hábitos sobre todo en aquellos que ya estuvieron infectados, quienes para procurar no tener una segunda infección deberán reforzar el uso de repelente, mangas largas, colocar mosquiteros en las ventanas y controlar que no haya mosquitos en sus hogares porque la hembra Aedes vive en la periferia o dentro de las casas”, recomendó.
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El dengue es una enfermedad viral que se transmite sólo a través de la picadura de un mosquito infectado, no de persona a persona, ni a través de objetos o de la leche materna. Los síntomas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), son fiebre elevada (40 ºC), acompañada de dos de los siguientes síntomas: dolor de cabeza muy intenso, dolor detrás de los globos oculares, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos, agrandamiento de ganglios linfáticos o sarpullido.
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