En algunas personas hay más predisposición a padecer otitis externa (Shutterstock)
En algunas personas hay más predisposición a padecer otitis externa (Shutterstock)

El contacto frecuente con el agua, que los niños zambullan y se mantengan mucho tiempo debajo del agua facilita la aparición de otitis externa.

En el ser humano, el sonido ingresa desde el exterior pasando por el pabellón auricular, atraviesa luego el conducto auditivo externo, llega a la membrana timpánica -la cual vibra con el sonido (oído medio)- y luego pasa al oído interno para que posteriormente en el cerebro esas señales bioeléctricas puedan ser percibidas. Ésas son las las regiones del oído.

La otitis externa suele ser un cuadro muy molesto, en el que el afectado dentro de las estructuras auditivas es el conducto auditivo externo. No es una patología grave pero es incómoda y ocupa entre el 15 y el 20% de las consultas médicas.

El síntoma más característico es el malestar e incordio que produce en quien padece. Los signos son: enrojecimiento de la piel que recubre el conducto auditivo externo, que se conoce con el nombre de eritema, picor y el paciente necesita calmar de alguna manera esa molestia y en algunas oportunidades tiende a introducir algún elemento, como llaves, hebillas entre otras para calmar dicha molestia, elementos totalmente desaconsejables, que que podrían empeorar el cuadro y producir edema.

La inflamación en algunas oportunidades puede ser muy intensa, al punto tal que el conducto puede cerrarse y entonces se agregaría otro síntoma que es la sordera, dando sensación de ocupación o sensación de plenitud en ese oído.

La otitis externa es una infección de la piel del conducto auditivo externo como consecuencia de estar mucho tiempo sumergido en el agua (Shutterstock)
La otitis externa es una infección de la piel del conducto auditivo externo como consecuencia de estar mucho tiempo sumergido en el agua (Shutterstock)

Al haber humedad -por estar sumergidos en el agua-, el conducto se puede irritar y muchas veces la piel sufre de maceración, es decir, se abre por reblandecimiento y por la presencia de humedad y se pierde la capa protectora de la misma, o sea la piel se abre y pueden ingresar bacterias, como por ejemplo pseudomona aureginosa o staphilococcus aureus.

Es necesario recordar que en algunas personas hay más predisposición a padecer otitis externa, en especial en personas con antecedentes de eccemas, lupus eritematoso sistémico o de psoriasis.

En algunas oportunidades el malestar se convierte en dolor, que muchas veces el paciente localiza de manera precisa, y en otras produce una neuralgia, o sea un dolor generalizado, que se puede extender hasta el cuello, del lado del oído afectado. Además, puede estar acompañado por fiebre y por secreciones delgadas provenientes del conducto.

Ante este cuadro se solicita la visita al médico y muchas veces el otorrinolaringólogo, luego de mirar con el otomicroscopio debe aspirar alguna secreción, o colocar una gasa con furasina para dilatar el conducto, indicar tratamiento local con gotas, antitérmicos, corticoides orales o antibióticos en caso de necesidad.

Se conoce una maniobra que se llama Maniobra de Bachert, que puede incluso a las madres orientar acerca de la patología, ya que se trata de apretar o presionar el trago del pabellón auricular.

La inflamación en algunas oportunidades puede ser muy intensa, al punto tal que el conducto se cierra y se agrega la sordera como otro síntoma (Shutterstock)
La inflamación en algunas oportunidades puede ser muy intensa, al punto tal que el conducto se cierra y se agrega la sordera como otro síntoma (Shutterstock)

Pero algunas veces hay que tener presente que el niño ni siquiera permite la realización de la misma, por el dolor que le despierta y en algunas oportunidades hasta el mínimo roce con la almohada le genera dolor intenso y rompe en llanto. Es importante que el médico en el examen también revise la cadena ganglionar, ya que los mismos pueden estar aumentados.

Se recomienda cumplir con el tratamiento médico y evitar sumergir la cabeza en el agua durante aproximadamente siete días o hasta que el médico indique el alta correspondiente.

Es importante también que siempre al salir de la piscina se seque bien el conducto auditivo externo y colocar algunas gotas acidificantes para prevenir este cuadro tan molesto en esta época de tanto calor, y poder disfrutar más del verano.

* Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga (MN 81701). Experta en olfato, alergista. Presidenta de la Asociación de ORL Buenos Aires (AOCBA)

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