
Mucho se habla sobre la hepatitis, una inflamación del hígado que causa en la mayoría de los casos un virus. Recibe su nombre de acuerdo con el virus que la produjo, como sucede con la hepatitis A, B, C, D y E. Pero también existe aquella hepatitis que es ocasionada por una reacción del sistema tras ser expuesto a una toxina, al consumo de alcohol, sustancias químicas, medicamentos o suplementos nutricionales.
Según Mayo Clinic la hepatitis tóxica es “una inflamación del hígado debido a una reacción a determinadas sustancias a las que el paciente estuvo expuesto”. También puede ser provocada por el consumo abusivo de alcohol, sustancias químicas, medicamentos o suplementos nutricionales.
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Los síntomas que presenta son: coloración amarilla de la piel y la parte blanca de los ojos (ictericia), picazón, dolor en la parte superior derecha del abdomen, fatiga, pérdida del apetito, náuseas y vómitos, erupción cutánea, pérdida de peso, orina de color oscuro o color té, y heces claras.

La Revista Española de Enfermedades Digestivas menciona en su artículo una particularidad de la hepatitis tóxica: “No hay una prueba específica que nos dé el diagnóstico definitivo de esta afección, por tanto, hay que realizar toda una batería de pruebas para asegurarnos de que no se trata de una hepatitis por virus u otras causas demostrables”.
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De este modo, el diagnóstico de hepatitis tóxica se basa en la demostración de que no hay otra causa específica y en la relación temporal de los síntomas con el consumo de un fármaco, drogas, productos de herboristería o la exposición por parte de un paciente a un tóxico.
Generalmente estos signos desaparecen una vez que el paciente deja de estar expuesto a la toxina que le provocó la inflamación. Sin embargo, los gastroenterólogos y expertos en hepatología advierten que puede provocar un daño permanente en el hígado y la formación irreversible de tejido cicatricial en ese órgano (cirrosis) y, en algunos casos, provocar insuficiencia hepática, la cual podría significar un riesgo de muerte.
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El Centro de Investigación Biomédica en Red de enfermedades hepáticas y digestivas (CIBERehd) de Barcelona sostiene que es desconocida la incidencia real de hepatoxicidad en la práctica clínica. Se estima que la causa tóxica supone entre el 4% y el 10% de los casos de ictericia ingresados en un hospital general en España y hasta un 20% si únicamente se contemplan los pacientes geriátricos.
De acuerdo a lo publicado por Medline Plus, una serie de medicamentos puede causar hepatitis incluso a partir de pequeñas dosis, aun cuando el sistema de descomposición del hígado esté normal. Dosis altas de fármacos pueden dañar un hígado normal. Los analgésicos y los medicamentos para bajar la fiebre que contienen parecetamol (acetaminofeno) son una causa frecuente de daño hepático, sobre todo en casos de sobredosificación.
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Los antinflamatorios no esteroides (AINE), específican, como el ibuprofeno, diclofenaco y el naproxeno, también pueden causar hepatitis inducida por medicamentos.

Otros fármacos asociados generalmente al daño hepático incluyen la amiodarona, los esteroides anabólicos, las píldoras anticonceptivas, el clorpromazina, la eritromicina, el halotano (un tipo de anestesia) la metildopa, la isoniazida, el metotrexato, las estatinas, las sulfamidas, tetraciclinas, la amoxicilina-clavulanato, y ciertos medicamentos antiepilépticos.
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En caso de intoxicación, en la Argentina se puede llamar gratis al 0800-333-0160, al Centro Nacional de Intoxicaciones del Hospital Posadas. El Ministerio de Salud y Desarrollo Social recomienda una serie de pautas a tener en cuenta para prevenir intoxicaciones:
- Guardar los remedios y los productos de limpieza fuera del alcance de los niños y etiquetar bien cada producto.
- No guardar productos químicos en recipientes para alimentos, como botellas de bebidas ya que pueden consumirse por error.
- Evitar la automedicación: el médico o profesional de la salud es la única persona que debe indicar remedios y/o medicamentos.
- Leer las instrucciones de los envases ya sea de remedios, o productos de cualquier tipo, estar atento a los componentes alergénicos.
Consultado por Infobae, el médico especializado en gastroenterología y hepatología con certificación de subespecialidad en hepatología de trasplante, William Sanchez, de Mayo Clinic, explicó: “La hepatitis tóxica es un término general para describir la lesión del hígado por toxinas. Este término general incluye lesión hepática inducida por fármacos, lesión hepática por suplementos herbales y enfermedad hepática relacionada con el alcohol, aunque la mayoría de las personas consideran a la enfermedad hepática relacionada con el alcohol como una entidad única”.
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Sanchez agregó que “el tratamiento y el pronóstico de la enfermedad hepática tóxica depende de la gravedad de la lesión y de la causa subyacente. En general, el agente infractor debe ser eliminado y suspendido. Muchos pacientes se recuperarán una vez que el agente de lesiones haya sido descontinuado”.
“Los pacientes con enfermedad hepática grave pueden no recuperarse si se ha desarrollado insuficiencia hepática, en cuyo caso debe considerarse el trasplante de hígado”, advirtió.
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En general, la lesión hepática tóxica es reversible. “El hígado tiene una tremenda capacidad regenerativa”, resaltó Sanchez. Afortunadamente, la mayoría de las veces no se necesita terapia a largo plazo si se ha producido la recuperación.

Consultado respecto a la incidencia del acetaminofeno o paracetomol en esta enfermedad, el médico especialista en hepatología sostuvo: “Cuando se toma en sobredosis es una causa común de insuficiencia hepática aguda en adultos en el hemisferio occidental. La N-acetilcisteína es el antídoto que usamos para tratar la hepatotoxicidad por acetaminofén”.
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“Afortunadamente, el acetaminofeno es un medicamento muy seguro y cuando se usa en dosis apropiadas tiene un perfil de seguridad favorable en comparación con el ácido acetilsalicílico ibuprofeno y otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos”, agregó.
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