
Las lluvias registradas durante febrero reconfiguraron el escenario productivo en Córdoba luego de un inicio de año marcado por fuerte estrés hídrico y térmico. El relevamiento realizado por la Bolsa de Cereales de la provincia muestra que las precipitaciones llegaron en un momento clave para la mayoría de los cultivos estivales, permitiendo ajustar al alza los rindes esperados. Maíz y sorgo fueron los que mostraron la mayor recuperación, mientras que el girasol quedó al margen de la mejora debido a que gran parte del cultivo ya se encontraba en etapas avanzadas de cosecha.
En la nueva estimación de producción se registraron incrementos en los rendimientos proyectados para casi todos los cultivos, con excepción del girasol, cuyo rinde se corrigió levemente a la baja respecto del informe anterior. Este cultivo presentaba un avance de cosecha cercano al 50% y una producción estimada similar a la campaña pasada. Los colaboradores reportaron resultados muy variables, incluso dentro de un mismo departamento. En Río Cuarto, por ejemplo, se observaron lotes afectados por anegamiento, otros con déficit hídrico y también sectores con rindes por encima de los promedios zonales.
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A nivel provincial, las lluvias coincidieron con el período crítico de la mayoría de los cultivos, lo que permitió revertir parcialmente el impacto de la sequía de enero. Maíz y sorgo evidenciaron los mayores ajustes positivos en sus proyecciones, junto con una reducción de 3 y 6 puntos porcentuales en la superficie destinada a forraje. Esta corrección revierte la estrategia de emergencia que se evaluaba semanas atrás, cuando se analizaba destinar a consumo animal lotes originalmente sembrados para grano ante la falta de agua.

En cuanto a la evolución de los cultivos, soja y maní todavía se encontraban en mayor proporción en etapas críticas, por lo que los rindes definitivos dependerán de las condiciones climáticas de las próximas semanas. En cambio, maíz, girasol y sorgo ya superaron la etapa de definición de rendimiento y la producción se irá ajustando con el avance de la cosecha. Aun así, persiste una marcada variabilidad entre zonas, donde el ambiente y la fecha de siembra explican buena parte de las diferencias. En sectores de Marcos Juárez y Unión se reportaron pérdidas de potencial de entre 20 y 30% por viento y granizo.
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El estado general de los cultivos estuvo condicionado por la distribución irregular de las lluvias y las altas temperaturas registradas durante gran parte del ciclo. Durante enero, indica el informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, se observaron síntomas de estrés como detención del crecimiento, menor porte y desuniformidad, especialmente en lomas y cabeceras. Las precipitaciones de febrero permitieron una recuperación significativa y redujeron la proporción de superficie en condición regular o mala. Como excepción, el girasol mostró un leve deterioro debido a su estado fenológico avanzado, que limitó su capacidad de recuperación.
Las pérdidas totales de superficie se estiman en apenas el 2% del área sembrada con cultivos estivales, el menor valor de las últimas cinco campañas pese al contexto seco. En lo sanitario, no se registraron cambios importantes, aunque se detectaron chinche verde en soja, arañuela en maní, pulgón amarillo en sorgo y cogollero en maíz, además de presencia de chicharrita en el centro y norte provincial sin síntomas de enfermedades asociadas. En materia climática, los registros muestran que febrero tuvo lluvias superiores a lo normal en el sur y sudeste, pero el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional para el trimestre febrero-marzo-abril anticipa precipitaciones por debajo de lo habitual en gran parte de la provincia y temperaturas superiores al promedio, un escenario que vuelve a poner en duda si la recuperación alcanzará para consolidar una buena campaña.
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