
Un comienzo de semana muy especial para soja, maíz y trigo en Chicago, luego de que se conocieran una serie de informes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) que muy probablemente han moldeado el rumbo de los precios para los próximos meses. Estos reportes llegaron acompañados de las polémicas habituales en este caso, pero con dudas o no el mercado sigue los números del USDA para tomar sus decisiones. En este contexto, el maíz ha sido el gran perdedor y sus cotizaciones vuelven a aparecer en rojo en el nocturno del martes.
El primero de esos informes correspondió al reporte mensual de oferta y demanda. El de enero suele ser especialmente respetado por el mercado; es algo así como la sentencia final del USDA sobre la campaña en curso, de ahí su relevancia. El otro documento dado a conocer el pasado lunes se refiere a los stocks al último 1º de diciembre, y ubica al inversor en la forma en que está saliendo al mercado la actual cosecha. Más importante aún, informa sobre el volumen de un determinado grano que el país ha generado en 2025/26. Es regla básica que cuanto más elevado sea este, más complicados estarán los precios, salvo una demanda fuera de contexto.
Puede decirse que ninguno de los números conocidos en el inicio de semana jugó a favor de las cotizaciones. Las del maíz quedaron muy golpeadas y con pocas esperanzas hacia delante. El inversor sospecha hace rato que la cosecha del cereal en Estados Unidos ha sido enorme, pero los números del USDA fueron más duros de lo que se esperaba (432.33 millones de toneladas versus los 420.42 millones de toneladas que imaginaba el mercado), producto de un rinde promedio ubicado en implacables 11.712 kg/ha. El excelente nivel de exportaciones no pudo evitar que los stocks finales trepen hasta los 56.57 millones de toneladas, algo más de 6 millones de toneladas por encima de la apuesta de los inversores. Mientras se imaginaban existencias finales a nivel mundial en torno de los 280 millones de toneladas, el organismo cerró el tema por encima de los 290 millones de toneladas. Todo mal.

De fondo, queda establecido que la superficie cosechada de maíz en Estados Unidos aumentó significativamente, alrededor de 1.8 millones de hectáreas desde el estudio de superficie de junio, algo sin precedentes. El calvario no termina ahí. Si el informe de oferta y demanda mundial fue un trago amargo para el maíz, el de stocks al 1º de diciembre no resultó mucho más amigable. Las existencias a la fecha indicada también superaron en mucho la opinión del mercado. No hubo consuelo y la reacción de Chicago ante un maíz muy comprometido fue impulsar una baja de casi USD 10. El golpe es duro porque había crecido el optimismo respecto de un posible recorte de rindes, exactamente lo opuesto al camino emprendido por el USDA.
El escenario para la soja fue menos grave, pero negativo de todos modos. No hubo demasiado que lamentar en cuanto a la producción proyectada por el USDA, en línea con lo que esperaba el mercado. Sin embargo, la pelea cuerpo a cuerpo con China, con volúmenes negociados que no zafan ni siquiera con los 12 millones de toneladas prometidas a Trump, determinó un pobre nivel de exportaciones para esta campaña, lo cual impulsa un crecimiento de los stocks en Estados Unidos por sobre lo que esperaba el mercado (9.52 millones de toneladas versus 7.90 millones de toneladas). A esto se suma un ajuste en la producción de Brasil a 178 millones de toneladas, casi 2 millones por encima de lo que imaginaban los operadores y una de las peores noticias para el farmer estadounidense. El informe de stocks al 1º de diciembre pasado estuvo dentro de los guarismos esperados.
Finalmente, unas pocas líneas para un trigo del cual no se esperaba demasiado. Si bien los stocks finales para Estados Unidos indicados por el USDA están apenas arriba de las previsiones del mercado, las existencias mundiales se despegan un poco más de los cálculos del inversor, alrededor de 2 millones de toneladas. El área sembrada con trigo de invierno en el país del norte tampoco se diferenció de la estimación de los operadores. A pesar de eso, el cereal se vio arrastrado a la baja por sus flojos fundamentos y el contagio que le impuso sobre todo el maíz, con el que comparte el mercado de alimentación animal.
De tal modo, los precios del trigo de invierno no mostraron potencial alcista y se vieron presionados a la baja después de que los guarismos trimestrales y de existencias de trigo de invierno del USDA no contribuyeran al soporte de los precios. Un conjunto de datos de inspección de exportaciones de baja calidad, contribuyó a fomentar un sentimiento negativo.
En el mercado local los precios del maíz cerraron con bajas mucho menos significativas que en Chicago, lo cual incrementó la brecha de cotizaciones este mercado y A3. Se negocio un disponible en torno de USD 193 con entrega inmediata, y precios declinando hasta los USD 170 en julio. Para la soja se operó en derredor de USD 340 para el disponible, en tanto mayo cotizó en unos USD 317. Ambos productos se mantienen relativamente blindados respecto de los vaivenes del mercado estadounidense, sobre todo por una cuestión de estacionalidad y demanda interna. De todas maneras nada está escrito en piedra y los escenarios, cambiantes por cierto, ameritan un seguimiento cotidiano.
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