En los campos del norte santafesino, cada capítulo de girasol se desarrolla con un acompañante inevitable: las aves que, año tras año, encuentran allí un alimento tentador.
La escena es conocida, pero la respuesta técnica se volvió más precisa. Con la experiencia acumulada en la región, el INTA Reconquista propone leer el cultivo con anticipación, entender sus tiempos y actuar antes de que el daño avance. Así, el manejo deja de ser reacción para convertirse en estrategia.
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Planificar desde el primer día
Para los especialistas, el punto de partida es claro: no esperar a los primeros picoteos. La presión de palomas y cotorras influye en cada decisión, incluso en etapas tempranas. “Las decisiones deben integrarse desde el inicio de la campaña, porque la presión de aves condiciona todo el manejo posterior”, explica Gonzalo Scarpin, técnico del INTA Reconquista.
Los estudios muestran que el impacto puede cambiar de un lote a otro en distancias mínimas, lo que vuelve imposible predecirlo con exactitud. Esa irregularidad, lejos de complicar, reafirma la necesidad de planificar: elegir híbridos adecuados, ajustar densidad y apuntar a capítulos más compactos.
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Cuando la presión es baja, el margen para priorizar rendimiento se amplía. Sin embargo, a medida que el cultivo entra en etapas reproductivas avanzadas, el foco cambia: ya no se trata solo de potencial, sino de proteger lo logrado.
El valor de adelantar la cosecha
Cuando los daños aparecen, el tiempo se vuelve protagonista. Cada día de exposición suma riesgo. Por eso, el secado anticipado se consolida como una herramienta clave para achicar esa ventana. “Ganar tiempo es fundamental”, destaca Scarpin. Ensayos del INTA muestran adelantos de 17 a 24 días, según la fecha de siembra.
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La investigadora Daniela Vitti detalla los momentos ideales:
- Siembras óptimas: aplicar con 34% de humedad, alrededor de 38 días postfloración, adelanta la cosecha al menos 17 días.
- Siembras tardías: intervenir con 53% de humedad, hacia los 28 días postfloración, permite adelantos de hasta 24 días.
Esa cosecha más temprana no altera el porcentaje de aceite, ya que la síntesis termina antes del fin del llenado. Determinados insumos también ayudan a homogeneizar la madurez, siempre respetando registros del Senasa y los períodos de carencia.
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Una mirada que abarca toda la campaña
El manejo, enfatizan los técnicos, no se limita a una acción puntual. Para Scarpin, el daño por aves forma parte del sistema agrícola y exige una lectura amplia: integrar el problema a la rotación, al cultivar elegido y a cada decisión que atraviesa la campaña.
En ese enfoque integral, el girasol gana herramientas y el productor mejora sus chances frente a un desafío que, aunque recurrente, puede gestionarse con estrategia y anticipación.
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Fuente: Inta
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